
Lo más corriente de quienes nos formamos como profesores es pensar que nuestro público serán niños o adolescentes, y que por lo tanto para que nuestras clases tengan éxito tendremos que adentrarnos y reconocer un mundo que, por edad, ya no nos es propio, y que las tareas y contenidos tendrán que ganarle a las tardes de Yingo o cosas parecidas.
Yo también pensaba eso hasta que comencé a enseñarle a adultos. Se trataba de personas grandes, trabajadores, que estaban ávidos de nivelar sus estudios básicos y medios.
Al comienzo pensar en este grupo como receptor me causó nerviosismo, pero esa sensación desapareció por completo cuando al llegar a la sala de clases me enfrenté a un grupo de alumnos dispuestos, contentos, entusiastas y tremendamente esforzados.
La educación de adultos tiene enorme sentido para quienes asisten a clases como alumnos, pero también para quien toma el rol de profesor dentro de la sala. En mi caso, recuerdo varias veces que fui una alumna más cuando uno de los estudiantes se extendía a explicarme o contarme algo que yo, por ejemplo, por mi edad no había vivido. O las grandes lecciones que saqué de los esfuerzos y motivaciones de estos alumnos que están fuera de las estadísticas de ministerios y gobiernos.
Pensar en las razones que tuvo cada uno de los adultos que abandonó en su momento la escuela nos adentra también en un espacio que muchas veces tiene como culpable al propio sistema educativo, a los profesores y a las desigualdades sociales. Y eso es también una gran enseñanza para quienes tenemos vocación por la educación.
Pilar Lagos es profesora de Lenguaje y Comunicación, PUC.
Quisieramos felicitarla por la valentía de dar testimonio, ya que cuesta un poco que los profesores escriban un paper. Queda cordialmente invitada a revisar nuestra página de la Red de Educación de Adultos, nuestor blog. También puede ubicarnos por twitter o Facebook. Saludos cordiales.
Pilar: Me topé con este blog por casualidad, es muy interesante lo que comentas acerca de la educación y el gusto por este público objetivo. Te felicito por el desafío y ojalá mas gente se llene de esta energía por traspasar conocimientos y hacer de este país un lugar con mas y mejores oportunidades.
Un abrazo.
Pilar, me encantó tu historia y me quedé con ganas de saber más. ¿Puedes contarnos qué motivos hicieron que tus alumnos dejaran de estudiar siendo jóvenes?, y especialmente, ¿qué los motivó a volver a la sala de clases?. ¿Qué crees que piensan ellos de ti?
Un abrazo y gracias por compartir con nosotros. Chile necesita profesores jugados como tú, y para eso tenemos que recuperar el respeto y la admiración por los profesores y convocar a la Educación a los mejores estudiantes.
Gracias Consuelo!
Rodrigo, las razones para abandonar el colegio en muchos casos tiene que ver con la necesidad imperiosa por trabajar. En caso de muchas mujeres, ellas dejaron la escuela cuando se embarazaron por primera vez y existen otros que luego de tanta repitencia y expulsión del sistema tradicional, decidieron no volver.
Yo creo que si la educación no logra entregar una visión de futuro, una persepectiva hacia algo, seguirá sucediendo que algunos alumnos deserten.
La motivación que tienen para volver es algo que para mí es muy emocionante. El terminar la básica o la media para algunos de ellos no producirá ningún cambio visible, sino sólo algo a nivel simbólico y personal, pero aún así hacen el esfuerzo.
Qué pensarán de mí? Nunca he indagado en eso… me encantaría que pensaran que tienen una profesora que está muy dispuesta a aprender.