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Simce: Una oportunidad para mejorar

Por Percy Bedwell Rodríguez* El debate que se genera a partir de los resultados SIMCE es de corta duración y una vez que ha pasado el “impacto” inicial, se deja el tema hasta el año siguiente. Estos resultados debieran ser un elemento más en la discusión permanente sobre el tema, para lo cual consideramos relevante tener en consideración algunos elementos. En primer lugar, debemos plantearnos ¿qué mide el SIMCE? A pesar que la sigla indica: Sistema de ...

Por Percy Bedwell Rodríguez*

El debate que se genera a partir de los resultados SIMCE es de corta duración y una vez que ha pasado el “impacto” inicial, se deja el tema hasta el año siguiente. Estos resultados debieran ser un elemento más en la discusión permanente sobre el tema, para lo cual consideramos relevante tener en consideración algunos elementos.

En primer lugar, debemos plantearnos ¿qué mide el SIMCE? A pesar que la sigla indica: Sistema de Medición de la Calidad Educativa -lo que en sí mismo genera debate-, el MINEDUC precisa que los resultados dan cuenta de la evaluación de aprendizaje de los alumnos en relación a objetivos fundamentales y contenidos mínimos obligatorios asociados al marco curricular, en distintos subsectores, y en algunos niveles educativos.

El concepto calidad educativa es más amplio que lo que puede inferirse del SIMCE, ya que éste no considera aspectos como oportunidades de aprendizaje, indicadores de equidad educativa y gestión institucional, entre otros.

En segundo lugar, es importante considerar lo que se comunica. A nivel de medios masivos, lo que más se destaca son los rankings de los “mejores” establecimientos.

Si bien el SIMCE permite identificar qué establecimientos tienen alumnos con mayores niveles de logro, hablar de mejores establecimientos es más complejo. En nuestro sistema educativo hay una concentración de estudiantes con “mayores aprendizajes” en algunos establecimientos, ya sea por selectividad a través de pruebas o por nivel socioeconómico, y por lo tanto, no es posible diferenciar si los mejores resultados se deben a las condiciones previas de los estudiantes o a la buena gestión de estos establecimientos.

Para hablar de buenos o malos establecimientos habría que considerar otros análisis, como el de valor agregado, que indicaría cuál es el aporte que hacen las escuelas en el aprendizaje de los alumnos, información que no es posible obtener del SIMCE (no obstante, entrega elementos que sirven de referente, como los resultados por grupo socioeconómico), además de otros aspectos formativos, distintos a los evaluados.

Por otra parte, la lógica de competencia que se genera a partir de este ranking no aporta a un clima de trabajo y colaboración centrado en el mejoramiento educativo y el aprendizaje de las buenas experiencias.

En tercer lugar, el foco debería estar puesto en la situación de las escuelas y no solo en el nivel evaluado, pues los resultados obtenidos en un determinado curso no tienen que ver únicamente con lo que hizo el profesor de ese nivel, sino que también con los docentes de años anteriores y de otras asignaturas; los resultados dan cuenta del nivel de logro al término de un ciclo educativo. La responsabilidad de los resultados debe ser compartida dentro el establecimiento y con la comunidad educativa.

En cuarto lugar, inicialmente los resultados se entregaban en porcentaje de logro en distintos aspectos y, posteriormente, se optó por entregar un puntaje global. Se ha enriquecido esta información al relacionarla con la descripción de contenidos y mapas de progreso, que indican lo que se espera que aprendan los alumnos en cada nivel. A partir del año 2006, los resultados se asocian a niveles de logro, lo que permite establecer los alumnos que se encuentra en nivel inicial, intermedio o avanzado de los aprendizajes, -si bien la conceptualización o exigencia de cada nivel puede ser otro aspecto a revisar-.

A pesar de los esfuerzos, el uso de la información en la práctica aún es limitada, en parte, por la insuficiente preparación de los equipos docentes en temas de evaluación y análisis de resultados, lo que se ha detectado a través de evaluaciones como la docente.

Los resultados SIMCE debieran ser un aporte para que los establecimientos tomen mejores decisiones en sus procesos educativos, un complemento de sus evaluaciones -como diagnóstico externo de los aprendizajes-, y no un instrumento que los obliga a restringir su currículum a los aspectos evaluados en el SIMCE.

La invitación es a hacer una nueva mirada, pues se trata de una herramienta con la que se cuenta cada año, y debe ser aprovechada como una oportunidad de mejora para los establecimientos, los docentes y los niños.

*Coordinador Equipo de Evaluación – Área de Desarrollo
Fundación Educacional Arauco

 

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