
Piececitos de niño, azulosos de frío debe ser la rima más leída y memorizada en los colegios de Chile. Y es quizás lo más conocido de Gabriela Mistral, la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, su poesía es conocida en todo el mundo y estudiada en todos los colegios de Chile.
Pero hoy no queremos hablar de ella como poetisa, sino de su trabajo como profesora, la labor que causó quizás más impacto en el desarrollo del país. En 1904, a los 15 años, Lucila Godoy empezó a trabajar como profesora ayudante en la Escuela de la Compañía Baja en La Serena, al tiempo que manda colaboraciones a distintos diarios de la región.
Gabriela, el nombre con que se haría conocida, no pudo estudiar para ser maestra, porque su familia no tenía el dinero para pagarle una carrera. Sin embargo, su preocupación y sus ganas por educar a las niñas y niños que tenía a su cargo, la hicieron estar permanentemente actualizando sus conocimientos y perfeccionando su trabajo.
En 1910 convalidó sus conocimientos ante la Escuela Normal N° 1 de Santiago y obtuvo el título oficial de Profesora de Estado, con lo que pudo ejercer la docencia en el nivel secundario. Luego de esta convalidación, obtuvo el nombramiento como profesora en el Liceo de Niñas de Traiguén; desde donde pasó al de Antofagasta, primero como inspectora y luego como profesora de Castellano. Su recorrido por el país siguió, ejerciendo cargos en Punta Arenas, Temuco y Santiago.
Su trabajo recibió un enorme respaldo al ser llamada por el Ministro de Educación de México, para hacerse cargo de la reforma de su sistema educativo. Recorrió el país completo, armando una reforma educativa que sigue vigente en esencia, sufriendo sólo reformas actualizadoras.
Mistral trabajó por la ampliación de la educación de primera infancia, porque creía que “El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”, y con ese espíritu trabajó toda su vida, por entregarles las herramientas para sus futuros.
La pedagogía no estuvo nunca de sus letras, su obra poética estuvo siempre teñida por su preocupación por el trabajo docente. A pesar de las dificultades para realizar su trabajo en una sociedad donde las mujeres recién entraban con fuerza, su entusiasmo la cauterizó como dueña de una habilidad que la hizo reconocida en el mundo entero, llegando a hacer clases en Escuelas de Pedagogía en Europa y en casi toda América Central.
“(…) El niño llega con gozo a nuestras manos, pero las lecciones sin espíritu y sin frescura que casi siempre recibe, van empañándole ese gozo y volviéndole el joven o la muchacha fatigados, llenos de desamor hacia el estudio que viene a ser lógico. (…) La juventud, esa agua viva, no puede amar al que tiene en la lengua viva la palabra muerta.”, es una de las tantas frases que nos quedan en el tiempo, frases que refrescan y recuerdan la importancia del rol de profesores y profesoras en el desarrollo de los niños y niñas de nuestro país.
Paulina, quería felicitarte por tu artículo. Creo que escogiste las citas adecuadas, en cuanto a un mensaje motivacional se refieren.
Saludos, ¡espero ver proximamente otra publicación tan interesante como esta!
Idola, estremece el amor que siempre tuvo por el Valle de Elqui: felicitaciones por el ejemplo, 100% ejemplo de maestria y talento.