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Los secretos de educadores de párvulos que todo padre desearía conocer

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Los secretos de educadores de párvulos que todo padre desearía conocer

¿Cómo hago para que me hijo ordene?, ¿cómo logro que me respete?, ¿cómo hago para que siga instrucciones?… Estás son solo algunas de las dudas e inquietudes que día a día reciben los educadores párvulos.

Escrito por: Camila Londoño

diciembre 13, 2017

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Foto:

Jardín Andalué

Los padres tienen muchas preguntas sobre el comportamiento de sus hijos, y en esa materia, los educadores de párvulos son expertos. “¿Por qué te escuchan y no nos escuchan a nosotros en casa?”, ¿por qué siguen tus instrucciones y no las nuestras?”… Con años de estudio y experiencia trabajando en aulas llenas de niños, tienen sin duda las respuestas a ese tipo de interrogantes y muchas otras.



Al no tener un lazo familiar con sus profesoras, los niños no se atreven a pasar ciertos límites; esa es quizás la respuesta más obvia a las preguntas que plantean los padres, sin embargo, existen también algunas estrategias utilizadas en el aula, que pueden servir a los padres para relacionarse con sus hijos en casa. En el sitio Today’s Parent, hablaron con algunos educadores de Canadá para descubrir aquellos secretos que sirven en el aula y podrían funcionar también en casa.

“Mi hijo piensa que es el jefe y no me toma con seriedad”.

Autoridad desde el inicio:

La educadora Candace Sprague, asegura que lo más importante es establecer la autoridad desde el inicio. Es bueno ser amigo de los niños, pero también es clave que ellos entienda quién es el líder. Los grandes educadores y educadoras se ganan el respeto de sus estudiantes, estableciendo el tono correcto desde el inicio y de forma consistente. Esto significa firmeza y claridad al hablar para mostrar seguridad en la comunicación.

Estar al mismo nivel:

Sharon Nielson, otra educadora, tiene conversaciones uno a uno con sus estudiantes y para estas conversaciones se pone al mismo nivel que sus estudiantes. “Duelen las rodillas” dice ella, pero es así como ganas cierto respeto.

“Mi hijo no se responsabiliza o miente cuando comete un error”

Habla de tus errores:

Todos los años, la profesora Nielson le cuenta a sus estudiantes una historia de cuando ella era chica y la atraparon robando algo en una tienda. Con esta y otras historias ella ha logrado una de sus estrategias más efectivas: identificarse con ellos. Frente a historias como esta, a ellos les encanta ser quienes enseñan diciendo “eso estuvo mal”. Además, compartir hechos de tu propia infancia les hace ver que todos, absolutamente todos se pueden equivocar. Ellos no pensarán mal de ti y contrario a esto, contarán sus propias historias y serán más honestos al respecto.

“Mi hija hace un ataque cuando no se sale con la suya, y los conflictos nunca terminan bien”

No obligar:



Jillian Toombs, una educadora de Toronto dice que obligar a un niño para que diga “lo siento”, es un error pues de esta forma no captan el mensaje. En su sala de clase, los niños van a una mesa que está diseñada para hablar de esas cosas. Allí se les motiva a entender la raíz del problema. En ese proceso, ella supervisa, los niños dan sus puntos de vista y luego, juntos, buscan soluciones. Con ejercicios como este, las disculpas llegan de una manera auténtica.

Respirar primero:

Antes de aprender a manejar un conflicto, los niños deben aprender a manejar su cuerpo. Para lograr esto, Candace Sprague utiliza un truco llamado “tortuga”. Con éste, los estudiantes imaginan que tiene sus cabezas metidas en un caparazón donde pueden respirar profundo para calmar el cuerpo antes de reaccionar.

Definir las emociones:

La educadora Katherine McKeown llenó su sala de clase con emociones. Cuando hay problemas, ella le pide a los niños que señales la emoción que están sintiendo. Ellos también señala la emoción que creen que la otra persona está sintiendo. Cuando se han determinado las emociones, los niños trabajan juntos en una solución que les permita estar otra vez felices.

Preguntar:

Cuando un niño se acerca a Jillian Toombs con una queja ella pregunta: “¿me estás diciendo esto porque alguien necesita ayuda o porque quieres que alguien se meta en problemas?” Ella dice que con preguntas como estas, los niños pueden aprender a que no deben llamar la atención por todo. Si no está pasando nada grave, ella siempre motiva a sus estudiantes a que resuelvan el problema.

Un rincón cómodo:

Johanne Hamel dice que muchos niños aprecian el hecho de poder tener un lugar cómodo donde puedan expresar sus emociones. Particularmente en su sala de clase, ella tiene un “rincón cómodo” donde los niños van para resolver conflictos con otros o con ellos mismos. Un rincón como este debería tener elementos como alfombras, cojines, libros, música, entre otros.

Disciplina inmediata:

La educadora Laura Ireland asegura que a esa edad, la disciplina debe ser inmediata y rápida. En ese sentido, no tiene sentido decir cosas como “espera hasta que le diga a tu mamá”. Cuando esperas demasiado para decir que algo no estuvo bien, te arriesgas a perder la conexión entre el acto y el aprendizaje.

“Mi hijo no sigue instrucciones”

Una advertencia justa:



Para Toombs, una de las cosas que le ha resultado en el aula es advertir antes de que cualquier cambio ocurra. Ella sugiere recordar que una actividad terminó y que otra está por comenzar… puede ser señalando el tiempo que queda en un reloj de arena. De esta forma, ellos sabrán claramente cuánto tiempo queda y el final no llegará por sorpresa.

Por su parte, Bettina Tioseco, directora de un jardín en Vancouver, dice que por esta misma razón, es importante modelar una sensación de calma en torno a las transiciones para que éstas no sean motivo de estrés.

Ser predecible:

Lindsay Stuart asegura que a los niños les encanta saber qué viene después. Por eso, ella y muchas otras educadoras usan calendarios u horarios visuales. Cuando saben qué van a hacer en el día, están más dispuestos a cooperar cuando se les pide que dejen de hacer algo para avanzar en otra actividad. Es difícil para los padres planear cada actividad, pero quizás pueden hacer un plan con una estructura más general donde se vea claramente cuál es la rutina.

Captar su atención antes de la instrucción:

Cuando Johanne Hamel quiere captar la atención de sus niños, utiliza un “palo de agua”. Inmediatamente, ellos hacen silencio. Para que los niños entendieran esto, ella explicó la dinámica al inicio del año. Así, ellos saben que cada vez que están subiendo su tono de voz, ella saca el “palo de agua”, y ellos hacen silencio. “Aman el sonido, así que dejan todo por escucharlo”.

Instrucciones simples:

Según Amie Caverhill, la manera más simple de lograr que los niños sigan instrucciones es que éstas sean cortas y amables. Si ellos pueden entender dos instrucciones sencillas, después serán capaces de captar otras que se añadan poco a poco. Un ejemplo que ofrece es: “primero cuelga tu chaqueta, luego ven al rincón”. Repetir los pasos también puede ser útil.

“Mi hijo no tiene hábitos de limpieza en el baño”

Cantar:

Cuando debes hacer una cosa una y otra vez, deja de ser divertido. Por eso, McKeown dice que cantar puede ser la mejor forma de convertir una labor aburrida en algo divertido. Para esto, ella incluso ha creado sus propias canciones relacionadas con la labor del baño que deben realizar, como lavarse las manos.

“Mi hijo no hace nada por su propia cuenta”

Asignar quehaceres:

Nielson dice que los quehaceres otorgan independencia y otras habilidades importantes. Los niños son capaces de mucho y entender eso es fundamental. Por su parte, Sprague sugiere crear una lista de labores en las cuales se pueda indicar qué día debe ser realizada dicha labor.

No lo hagas por ellos:

Toombs y McKeown dicen que hacer las cosas que los niños pueden hacer por su cuenta, no les enseña a intentarlo. En sus aulas, ambas les piden a sus estudiantes que pidan ayuda a tres de sus compañeros antes de pedir ayuda al profesor. En casa, esto se puede adaptar pidiéndoles que intenten tres nuevas estrategias antes de pedir ayuda a papá o mamá. Esto es una forma de desarrollar sus habilidades de resolución de problemas.

Deja que cometan errores:

La educadora Erin Pugh, al igual que muchas otras, saben bien que el error es fundamental en el aprendizaje. Ella en particular, hace una clase de cocina cada dos meses. Dejas las instrucciones, los ingredientes y deja que los niños cocinen. Ellos cometen errores en la recetas, pero los deja seguir adelante y esto les da la confianza necesaria para sentirse independientes. “Ellos son muy capaces si les das la oportunidad”.

Deja que encuentren la solución:

Pugh dice que es bueno dejar que los niños tomen riesgos. Cuando se ponen muchos límites, los niños se vuelven inseguros. Ella recomienda entonces, darles la oportunidad de pensar de forma crítica, hablando de sus desafíos desde una distancia segura. Un ejemplo de esto puede ser decir frases como estas: “Vi que te subiste. Creo que puede bajar de ahí solo. ¿qué necesitas para hacerlo?”

“El desorden de mi hijo está por todas partes”

Clasificar todo:

En su sala de clase, la educadora Jillian Baldassarre utiliza imágenes para clasificar todo. Cuando los objetos están clasificados de una forma organizada, es muy probable que el niño pueda hacerse responsable de guardar las cosas donde corresponde.



Lo pierden, lo encuentran:

La estrategia de Hamel para mantener todo en su sitio es seguir esta regla: si ellos lo pierden, ellos lo tienen que encontrar. Después cuando encuentran algo (puede ser incluso semanas después) se hacen más responsables de cuidar lo que perdieron. Con esta regla, tal vez ellos hagan desorden, pero será su responsabilidad encontrar las cosas que dejan por ahí.

Y tú, ¿qué estrategia propones?

Fuentes:

Today’s Parent

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2017-12-20T07:24:09+00:00 diciembre, 2017|Cómo aprenden los niños, Padres y apoderados|1 Comment

One Comment

  1. ceci enero 13, 2018 at enero, 2018

    me encanto seguiré cada uno de sus consejos

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