La historia de la escuela que puso el foco en la felicidad y subió 40 puntos en el Simce

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La historia de la escuela que puso el foco en la felicidad y subió 40 puntos en el Simce

Cristián González, director de la Escuela de la Felicidad Manuel Rodríguez, explica a Emol que esta “se genera cuando existen relaciones humanas de calidad” y un colegio “no es solo para adquirir conocimiento, sino que para aprender sobre la vida”.

Escrito por: Fuente Externa

marzo 21, 2018

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En el pequeño país asiático de Bután existe un ministerio de la Felicidad y un índice que mide la Felicidad Interna Bruta (FIB). Pero no solo eso. También se realizó un estudio donde se entrenó a los escolares para que fueran más felices.

Así lo cuenta Wenceslao Unanue, director del Instituto del Bienestar y docente de la Universidad Adolfo Ibáñez, quien agrega que “lo que descubrieron es que cuando se hacen entrenamientos, aparte de ser significativamente más felices, a los niños les empezó a ir mejor en las pruebas estandarizadas”.

Este modelo educacional no es un experimento exitoso alejado de nuestra realidad ya que la Escuela de la Felicidad existe y está en la quinta región de Chile.

Cristián González, director de la Escuela de la Felicidad Manuel Rodríguez, decidió implementar en el año 2014 un proyecto educativo bajo los ejes de bienestar de Bután que, según cuenta, se basan en la transparencia interna y externa, el rescate de la cultura y la interculturalidad, el foco en el medioambiente y la preocupación por los asuntos personales de los niños.

Es así como a través de la felicidad como foco principal dentro del curriculum académico, este establecimiento logró resultados sorprendentes en el Simce al aumentar de 170 a 210 puntos en matemáticas y de 195 a 210 puntos en solo un año.

Para Unanue, académico y experto en felicidad, el bienestar y rendimiento académico sí van unidos. “Estamos acostumbrados a pensar que les enseñamos temas de bienestar o les enseñamos matemáticas, y no nos hemos dado cuenta que esas cosas van de la mano”, explica.

¿Cómo se logró este resultado?

Cuando Cristián González llegó al mando del establecimiento, luego de trabajar en el sector rural, se encontró con un contexto de alta vulnerabilidad, violencia y “con niños que venían de un ambiente muy hostil”. Según cifras de la Agencia de Calidad de la Educación, el Índice de Vulnerabilidad Escolar de la escuela es de un 90,3%.

Ante este contexto, el foco de las autoridades se centró en las relaciones humanas de mejor calidad ya que para el niño “la escuela no debería convertirse en un ambiente hostil por parte de sus adultos. (…) Tiene que ser un lugar que otorgue seguridad, donde se asegure que no hayan riñas y que va a ser escuchado con afectividad”. Concretamente, González afirma que “cada adulto que está acá tiene a cargo personas afectivas humanas con los que va trabajando diariamente y así el niño recibe apoyo, entra seguro a la escuela y por lo tanto se mueve en un ambiente tranquilo”.

El director cuenta que este ambiente impregnado de cariño aumentó la felicidad en los niños y mostró excelentes resultados en la sala de clases ya que disminuyeron los índices de violencia escolar lo que facilitó las herramientas pedagógicas de los profesores, quienes adicionalmente se vieron beneficiados.

En esa línea, la felicidad en la Escuela Manuel Rodríguez también la mide y evalúan mediante agente externos y según un estudio de la Pontificia Universidad Católica de 2015 a 2016 el índice de contención de necesidades de los alumnos por los adultos del establecimiento se duplicó llegando al 75%, asegura González.

Establecimiento abierto a la comunidad

Gónzalez explica que si bien desde el establecimiento no descuidaron los resultados en pruebas estandarizadas, el propósito de una escuela “no es solo para adquirir conocimiento, sino que para aprender sobre la vida”.

En eso concuerda Wenceslao Unanue quien asegura que “el sistema educacional chileno no educa niños felices, lo que hace es educar para la competencia, para saber más conocimientos técnicos, pero no educa emocionalmente. La felicidad es algo que se puede enseñar en la clase”.

Así, en la Escuela Manuel Rodríguez se trabaja en conjunto a la Conaf por el cuidado de la naturaleza, existe un vivero dentro de la infraestructura, se transparentan las inversiones a sus apoderados, los alumnos pueden asistir con ropa de calle, no existen normas sobre cortes de pelo y se incentivan las relaciones horizontales.

Además, el proyecto educativo pone el énfasis en abrir la escuela a la comunidad, opuesto a lo que González opina del sistema educacional actual que “tiende a relacionarse más con sistemas carcelarios que libertarios”.

“Las escuelas que son autoritarias se van por el camino más rápido y fácil, o sea lo que se dice desde la cúpula debería cumplirse abajo. Pero deberíamos empezar desde abajo hacia arriba porque hay un sentir en las personas, en los niños y docentes que es válido escuchar”, puntualiza.

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2018-03-21T11:52:47+00:00 marzo, 2018|Comunidad escolar|0 Comments

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