La historia del soldado de la Armada de EE.UU. que se convirtió en profesor

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La historia del soldado de la Armada de EE.UU. que se convirtió en profesor

A sus 25 años, Víctor Moreno se enlistó en la Marina estadounidense. 10 años después, decidió perseguir su gran pasión: ser profesor.

Escrito por: Camila Londoño

enero 5, 2018

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Luciano Thieberger/El Clarín

Víctor Moreno fue suboficial de la Armada de Estado Unidos de 2002 a 2012, tiempo en el cual también se desempeñó como técnico aeronáutico en vuelo. Tenía 25 años cuando se enlistó después de que su padre, quien se radicó en Estados Unidos en la década de los 60, le planteara dos alternativas: una era trabajar en un supermercado, la otra era entrar a la Armada y firmar un contrato por cuatro años. Con la incertidumbre de no saber si le gustaría, tomó la decisión, ingresó y allí estuvo durante 10 años en los cuales le pagaban los estudios y la comida. Una vez adentro, fue capacitado en varias cosas y así, aprendió a volar como tripulante de aviones de guerra S-3 Vikingos, anti submarinos y anti tanqueros, entre otras cosas. Según cuenta al medio Clarín, en la Marina estadounidense aprendió a hacer todo y estaba preparado para cualquier cosa, reparar naves, reactivar bombas hidráulicas, entre muchas otras cosas.

Como soldado, Víctor recorrió el mundo.

Estuvo en Irak, la costa de Afganistán, Qatar, Singapur, la Isla de Guam, Okinawa, Hawaii y Australia, entre muchos otros lugares que ni siquiera puede mencionar por los acuerdos a los que llegó cuando decidió hacer parte de eso. Estar ahí era duro, no sólo por todo lo que tenía que aceptar intrínsecamente, sino por la exigencia del entrenamiento y por supuesto, por la la distancia con su familia. A veces llegó a estar lejos de su casa por periodos superiores a un año. Sin embargo, en 2012, para estar más tiempo con su esposa Luz y sus tres hijos (Salvador, Esmeralda y Violeta), decidió pedir la baja y volver a Argentina, lugar donde vivió gran parte de su infancia y adolescencia –a pesar de no haber nacido allí–. Allí, su vida daría un giro radical…

Extraída de el Clarín

Su gran pasión

Víctor dejó los aviones, dejó los barcos y cuando llegó a Argentina decidió relajarse un rato haciendo una carrera de Tecnicatura en Gastronomía. Luego comenzó a estudiar en el Instituto Santa Catalina para hacer lo que siempre había querido: ser profesor. Esa era su gran pasión. Ahora, Víctor es profesor de primaria en la escuela parroquial Santa Clara, del Bajo Flores. “Estoy en tercer año, llevo rendidas cerca de 15 materias. Y entré a trabajar en la escuela parroquial Santa Clara del Bajo Flores, donde hago suplencias como maestro de grado. Estoy muy bien allí, me tratan bárbaro desde la directora y los docentes, hasta los alumnos. También trabajé en el María Auxiliadora, dando clases desde segundo grado hasta séptimo”, afirma al medio el Clarín.

El trabajo en la aeronáutica, el trabajo en el aula

Si bien ambos ámbitos donde Víctor se ha desempeñado parecen opuestos, él asegura que encuentra similitudes. En la Marina, dice el docente al Clarín, “te enseñan a tener atención en el detalle, porque el menor detalle puede causar muertes, como un tornillo mal puesto o una herramienta que dejaste en el motor. Si bien en el aula no es trágico, lo que uno haga adelante de un chico le puede cambiar la percepción de la vida… Si a un pibe le pegaste un grito en un momento inoportuno, tal vez por el resto de su vida se calla y no te hace más preguntas”, remarca.

Extraída de el Clarín

Su paso por la marina también le ha permitido tener un vínculo especial con sus estudiantes, a quienes les interesa profundamente su pasado y le preguntan constantemente cosas al respecto. Víctor intenta compartir su historia con ellos, pero además intenta llevar lo mejor de esa experiencia al aula, por ejemplo, el trabajo en equipo.

“Siempre trato de llevar al aula la idea del trabajo en equipo. Puede que en la Marina odiaras a uno, pero si lo veías prendiéndose fuego, lo ibas a salvar. Si hay un jefe y decide, por algo está ahí, había que seguirlo. Eramos una familia. Y eso trato de transmitir en la escuela, la idea de que las cosas se hacen en equipo. Cada chico y cada aula tiene un potencial y hay que incentivarlo”, asegura al medio el Clarín.

Su historia es inspiradora y entrega un claro mensaje: nunca es tarde para cumplir tus sueños profesionales, especialmente cuando estos están enfocados en cambiar la vida de otras personas.

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2018-01-09T11:37:53+00:00 enero, 2018|Los profesores importan|0 Comments

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