La deserción escolar en Chile es un problema que se comenta poco, pero existe

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La deserción escolar en Chile es un problema que se comenta poco, pero existe

Según la nota publicada en El Mercurio, el 10% de los estudiantes de enseñanza media abandona el colegio. La decisión de hacerlo no es algo repentino, está altamente relacionada con la pobreza y depende mucho del contacto entre la familia y el establecimiento.

Escrito por: Fuente Externa

abril 16, 2018

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En su penúltima edición, la revista Science publicó un artículo en el que académicos de las universidades de Harvard y Boston College pedían ser más conscientes respecto de las falencias de los rankings educativos internacionales: el texto advierte que cuando se dan a conocer resultados, pocas veces se menciona cuántos niños en edad escolar optaron por abandonar sus colegios y no fueron evaluados.

“En Latinoamérica este es un problema grave, porque en países como Argentina y Uruguay las cifras de deserción llegan hasta 30% en secundaria. En naciones de Centroamérica hablar de este tema es complicado, porque todavía falta mucho por avanzar en cobertura; la deserción es un fenómeno que se manifiesta cuando recién tienes asegurados 12 años de escolaridad”, explica Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate del Hogar de Cristo.

Aunque en Chile las cifras de deserción son menores y en educación media llegan al 10%, según datos de la Cepal, el tema no deja de ser preocupante: en 8 de cada 10 casos, el abandono del colegio está relacionado con contextos de pobreza.

“En Chile se habla poco, pero existe. Muchas veces tiene que ver con problemas económicos que hacen que el alumno quiera salir a trabajar en vez de estudiar, o con quiebres familiares que hacen que un día el niño viva con la abuela, al otro con la tía y al siguiente, con la mamá. Eso hace que cambien de colegio muchas veces y terminen perdiendo la trayectoria”, indica Cortés.

A nivel nacional, los momentos críticos son 7° básico -donde la materia comienza a requerir una base de conocimientos cada vez más sólida, que si no se tiene produce frustración-, el tránsito de 8° básico a 1° medio -cuando muchos dejan a sus antiguos amigos para cambiarse a un liceo- y 2° medio, cuando a los jóvenes se les produce el conflicto de tener que rendir para entrar a un futuro mundo laboral que es poco conocido y que, por ende, asusta.

Perdidos en el ocio

Tomando en cuenta que el abandono escolar es un proceso que involucra múltiples factores y que por lo mismo no es repentino, detectar los síntomas de riesgo es clave.

Para combatir este problema, académicos de la Universidad de La Frontera desarrollaron un sistema de alerta temprana para predecir la deserción escolar, una plataforma en línea que probaron 4 mil estudiantes de entre 7° básico y 3° medio de las regiones de O’Higgins y La Araucanía. Sus buenos resultados hicieron que actualmente estén trabajando en una segunda etapa de masificación, algo que no debería ser difícil al ser un sistema online: desde el computador, los alumnos completan una serie de preguntas que buscan medir qué tanto es su compromiso escolar. Así, por ejemplo, deben contestar si se sienten parte del colegio, si antes de una prueba planifican estudiar la materia, si se escapan de clases o hacen la cimarra, si salen sin permiso de la sala o si sienten que pueden ser ellos mismos cuando están dentro del establecimiento.

“La plataforma arroja reportes de manera automatizada a nivel individual del estudiante y agregada, por curso y establecimiento escolar. Los informes sobre el estudiante describen sus fortalezas y alertas”, explica Mahia Saracostti, directora del Centro de Investigación de Procesos Socioeducativos, Familias y Comunidades de la UFro, centro donde se aloja la investigación y que fue inaugurado el lunes.

“El compromiso escolar es una variable altamente influenciada por factores contextuales y relacionales -como la familia, los profesores y los pares-, todos factores moldeables sobre los cuales se puede intervenir en la medida que se tenga información”, agrega.

En las escuelas municipales de Melipilla, las intervenciones han venido de la mano de la apertura: desde hace un año, 22 de los 26 colegios abren sus puertas los fines de semana para ofrecer talleres deportivos, artísticos y tecnológicos. La alta participación -60% del alumnado total de la comuna- ha hecho que la iniciativa se mantenga en vacaciones de invierno y verano.

“Tener diferentes alternativas de talleres y actividades hace que los alumnos vayan al colegio más contentos, más motivados y también que se comprometan más las familias como los mismos alumnos”, comenta Alan Wilkins, gerente de la Corporación Municipal de Melipilla y ex seremi de Educación de la Región Metropolitana.

Estas actividades de fin de semana se financian con la subvención prorretención, aporte que entrega el Estado para mejorar la retención de alumnos con mayor riesgo social. “Parte el alma ver poblaciones muy vulnerables sin canchas ni espacios verdes, donde los colegios están cerrados mientras algunos de nuestros jóvenes se pierden en la droga o en el ocio”, dice Wilkins.

“Las personas que desertan del colegio tienen menos ingresos y más dificultades para encontrar un trabajo que aquellos que lograron graduarse. En definitiva, tienen más dificultades para romper el círculo de la pobreza”, advierte Saracostti.

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2018-04-16T10:19:07+00:00 abril, 2018|Actualidad, Comunidad escolar|0 Comments

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