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¿Hay que exigirles a los niños buenas notas en el colegio?

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¿Hay que exigirles a los niños buenas notas en el colegio?

Debate a propósito de carta de profesor de Valparaíso que se volvió viral en internet, donde el docente invita a bajar la ansiedad por los resultados de fin de año. Expertos analizan sus planteamientos.

Escrito por: Fuente Externa

diciembre 19, 2017

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“Si su hijo no consigue las mejores notas, no le quite la confianza en sí mismo ni su dignidad. Dígale que está bien, que sólo son notas, que aún así está hecho para cosas grandes en la vida, no le quite los sueños y talentos”. Con esas palabras Jorge Moreira, profesor jefe del 3°D del liceo Eduardo de la Barra, de Valparaíso, se dirigió a través de una carta a los apoderados de su curso, en el contexto de la entrega de resultados de fin de año.



La misiva del docente, que se viralizó en las redes sociales, también menciona que “entre todos nuestros estudiantes hay algunos artistas que no necesitan entender mucho matemáticas, científicos que no se preocuparán mucho por historia o filosofía, músicos cuyas calificaciones de química no serán las mejores”. Al cierre pone énfasis en que “obtener buenas o malas calificaciones no define nuestra inteligencia”.

¿Tienen los padres que bajar la ansiedad por el rendimiento escolar, como se desprende de la carta del profesor Moreira?

María Paz Gómez, académica del Centro de Investigación en Educación y Aprendizaje de la Universidad de los Andes, explica que, insertos en una sociedad competitiva y exitista, nos hemos acostumbrado a asociar las notas con refuerzos externos, premios y reconocimientos. “Este profesor apela al refuerzo más de tipo emocional, llamando a la comprensión y empatía, y a no supeditar el cariño de los padres al rendimiento obtenido por el niño”, opina.

Para ella es una buena señal que el maestro no entregue tanta importancia a las calificaciones. “Si bien las notas son una luz de alerta -para bien o mal-, un profesor preocupado del proceso y de la vida interior de cada niño es sumamente valioso e impactará positivamente en ellos”, destaca.

Sí importan

Nicole Cisternas, directora de Política Educativa de Educación 2020, reconoce que los resultados académicos no pueden ser el norte principal del aprendizaje, aunque muchas veces eso se distorsiona por la presión de la familia y del sistema escolar.



“Sin embargo, tampoco el mensaje puede ser que las notas no importan, porque son el resultado de un proceso”, aclara. “Las notas no son malas, las preocupaciones deben estar en cómo logramos que la evaluación sea un proceso continuo, o sea que si un niño no está aprendiendo, no nos enteremos a final de año, que antes se tomen las medidas correspondientes”.

Para ella, la discusión no debería estar en las notas, sino en el tipo de pruebas que se están utilizando hoy en los colegios. “Cómo logramos que las evaluaciones sean más de procesos y estén más cercanas a las actividades cotidianas, que no sean sólo pruebas con alternativas, sino por ejemplo, que haya más trabajos en grupo”.

No son malas

Carola Quinteros, directora de la Escuela de Educación Diferencial de la Universidad San Sebastián, concuerda con que las calificaciones son un radar para saber si el escolar está avanzando. “Si yo como papá tomo la nota como un medio que me entrega información, sé dónde está fallando el niño y dónde lo tengo que apoyar. La evaluación es buena, el tema es cuando la definen como un fin y no dentro de un proceso”, recalca.



La experta tiene reparos con la idea que expone la carta de que cada niño debe concentrarse en sus habilidades. “Son estudiantes, hay que exigirle en todos los ámbitos. Queremos músicos, pero ellos también tienen que saber matemáticas para entender los pentagramas. Ningún conocimientos es una isla”, señala.

Seguridad y confianza

Carolina Salamé, directora de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Mayor, comenta que los factores emocional y social cumplen un rol preponderante en cómo el estudiante se enfrenta al ámbito académico y después en la vida. “En eso, tanto padres como docentes deben centrar sus procesos de enseñanza en la capacidad de brindar a los niños espacios de autoestima, seguridad en sí mismos, autonomía y confianza”, propone.

“¿Cómo logramos no asignarle importancia a las calificaciones en el colegio, cuando de ello depende el ingreso a la universidad? ¿Cómo hacemos con un sistema educativo que ha centrado su mirada a las calificaciones y que de cierta manera el éxito está ligado a ello? Una postura compleja de revertir, pero que se requiere hacer con urgencia”, concluye.

Profecía autocumplida

“Valoramos el espíritu de la carta, que busca luchar contra la percepción de las notas como un fin en sí mismo”, dice Ignacio Silva, profesor de matemática y director de proyectos de Elige Educar. Sin embargo, no le gustaría que las palabras del profesor Moreira se puedan entender como que los intereses y talentos particulares de los estudiantes limitan su capacidad de aprender otras materias.



“Existe evidencia contundente respecto a que, más allá de los gustos o aptitudes particulares de cada niño, todos son capaces de aprender y no es sano encasillarlos”, señala Silva.

“Esto muchas veces genera lo que conocemos como profecía autocumplida, en que un profesor cree -y con ello el mismo estudiante- que sólo es bueno para cierta asignatura, instalando la creencia de que sólo puede aprender esa materia en desmedro de las demás. Esto, a la larga, merma sus posibilidades de desarrollarse integralmente”, asegura.

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2017-12-20T09:02:27+00:00 diciembre, 2017|Actualidad|0 Comments

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