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  • Preescolares en libertad

    Centros de educación infantil en Alemania, Estados Unidos, Corea y Japón proliferan siguiendo la filosofía pedagógica escandinava de una crianza inmersa en la naturaleza. Aquí, una periodista extranjera observa un día en un Waldkita -jardín preescolar en el bosque- en pleno invierno berlinés.

    Una mañana de febrero, veinte preescolares se reúnen en un parque municipal de Pankow, un suburbio al norte de Berlín. El cielo está gris, pero los niños tienen las mejillas y el ánimo relucientes. Corren en círculos y gritan de emoción, dándose tumbos en el piso de tierra congelado. Sus padres sonríen con aire ausente, mientras toman café en tazas metálicas.

    ¡Cucku! ¡Cucku! Al escuchar el sonido de un pájaro, perfectamente imitado en voz alta por un hombre de unos 40 años llamado Picco Peters, los niños se reúnen en un círculo. Se escucha una animada ronda de canciones en inglés y alemán. Luego, los niños mayores, de tres a seis años, se encaminan hacia un paradero de bus cercano a un huerto comunal. Los más pequeños se quedan en el parque. Una mujer llamada Christa Baule dirige al grupo que partió, llevando una mochila donde carga una rama de un metro de largo que asoma peligrosamente. Peters va al final del grupo. Los niños continúan hablando hasta que llega el bus. A los diez minutos, se bajan en la entrada de un parque público y entran corriendo como locos.

    El jardín infantil Robin Hood, que abrió en 2005, es uno de los más de mil 500 waldkitas o jardines en el bosque que hay en Alemania. Solo Berlín tiene unos veinte. La mayoría abrió en los últimos quince años y usualmente se encuentran en parques urbanos, donde hay estructuras simples que sirven para acogerlos. Otros, como Robin Hood, se sirven del transporte local para llevar a los niños hasta el bosque, donde pasan el día, independiente de cómo esté el clima. Los juguetes: son reemplazados por ramas, rocas y hojas.

    Varios expertos avalan este tipo de enseñanza. En 2003, Peter Häfner, doctor de la Universidad de Heidelberg, dio una disertación en la que aseguró que los graduados de estos jardines infantiles insertos en los bosques crecen con una clara ventaja sobre sus pares que van a jardines corrientes en Alemania. Como adultos, dijo, muestran mejores cualidades cognitivas y habilidades físicas, así como una mayor creatividad y desarrollo social. Libros como ‘Último niño en los bosques’, donde en 2005 el periodista estadounidense Richard Louv acuñó el término del ‘mal del déficit de naturaleza’, o ‘La Guía Coyote para conectar con la naturaleza’ de Jon Young, Ellen Haas y Evan McGown, son citados frecuentemente por los organizadores de Robin Hood. Otro libro, ‘Parque Salvaje’ de Amy Fusselman, fue inspirado en una visita a un parque de aventuras en Tokio.

    La filosofía pedagógica detrás de los waldkitas, que privilegia el juego al aire libre y el aprendizaje medio ambiental, proviene de Escandinavia. Pero los orígenes no germanos de esta tendencia sorprenden un poco: no hay nada más alemán que un jardín infantil estatal que funciona en un bosque. Alemania tiene el triple de áreas protegidas que Estados Unidos, en proporción a sus respectivos tamaños. Esto ilustra la importancia que le otorga a la naturaleza y su rol en la salud física y mental de sus ciudadanos.

    Menos peleas, más inclusión

    Después de llegar, los niños se ponen a correr en una gran extensión de terreno. Algunos saltan, otros arrastran leños cerca de un pantano. La mayoría chupa vegetales y hojas. En Robin Hood, los chicos juegan en libertad y tienen permiso para desaparecer de la vista de sus cuidadores, pero tienen que hacerse oír. Claro que si escuchan “Cucku”, la orden es aparecerse de inmediato y formar una ordenada fila.

    -La falta de juguetes significa que hay menos peleas y más inclusión- explicó Peters. -Se dan cuenta de que necesitan a sus amigos si quieren jugar.

    Cuando llega la hora del desayuno, los niños tienen sus uñas negras con tierra y, aunque hace mucho frío, no se quejan. Ordenan sus mochilas y van al baño calladamente, sin ayuda de nadie. Después, cada uno contribuye con un pequeño contenedor plástico con fruta y alimentos frescos. Todo se ordena en círculos, como en un mandala. Baule les había dado la idea de “arreglar el desayuno bonito” y así lo hicieron. El resultado fue tan hermoso como se vería en un restaurante.

    Como cada mañana, desayunan en silencio. Uno de sus profesores les dijo hace meses que así era muy probable que el grupo atrajera a uno o varios ciervos. Si no, por lo menos podrían escuchar el canto de los pájaros. Al terminar, se van a internarse en el bosque.

    Los walkitas son un fenómeno extendido. Hay algunos en Estados Unidos y también en Inglaterra, Japón y Corea del Sur, países donde la educación es por lo general muy estricta. Su fama ha crecido a través del boca a boca de los padres. Y en Alemania, no es una opción que interese solo a las familias ricas o excéntricas: como todos los jardines infantiles en Berlín, Robin Hood tiene apoyo estatal para niños de 2 a 6 años. Los de Nueva York cuestan, como mínimo, 40 mil dólares anuales.

    Al final del día, a pesar del frío y de haber estado al aire libre durante cinco horas y media, nadie parece apurado por entrar a un recinto cerrado. Solo yo. Al volver al edificio modesto de Robin Hood, los pequeños patean sus botas y arrojan lejos sus parkas de nieve. Su volumen de voz baja un sesenta por ciento. Se sientan a comer ensalada y polenta en una mesa larga. ¿El postre? Un vaso de jugo de sauco, que ellos mismos habían cosechado en el verano.

    Después de almuerzo, Baule saca un álbum con fotos de los niños en años pasados. Algunos se acercan, curiosos, a ver cómo se veían cuando eran guaguas.

    La habitación, llena de cojines y libros, está tranquila. Todos se ven tranquilos y felices. Los infantes serán recogidos en una hora más. *

    Los niños de los jardines en el bosque no tienen juguetes. Juegan con ramas, rocas y hojas y ruedan, felices, por colinas de tierra.

Preescolares en libertad

2017-08-09T11:29:40+00:00 Agosto, 2017|Actualidad, Cómo aprenden los niños|

"Jardines infantiles en bosques", una nueva tendencia que nos invita a repensar el sistema educativo y el uso de la naturaleza como recurso pedagógico.

  • Guaguatecas abren espacio para estimular y acercar a la lectura a niños de 0 a 5 años

    Libros, instrumentos musicales y cuentacuentos son parte de los atractivos de estos lugares dedicados al fomento lector desde la primera infancia.

    “Esta es la historia de un conejo de orejas largas, que iba por el bosque buscando fruta y cantando…”, narra la cuentacuentos rodeada de niños que se acercan a tomar un conejo de peluche, la escuchan desde la falda de su mamá o gatean sobre el suelo acolchado de la guaguateca ubicada en el Centro Lector de la Municipalidad de Lo Barnechea.

    Virginia Briano tiene en brazos a su hijo José Pedro, de 6 meses. A su lado están Octavia de 2 y Jaime de 5 escuchando atentamente un cuento. “Aguacero es una lluvia fuerte”, le susurra a su hijo mayor cuando la cuentacuentos menciona la palabra.

    Escenas como esta se repiten en bibliotecas de todo el país que en los últimos años han ido incorporando espacios de fomento de la lectura y estimulación temprana dedicados a niños de 0 a 4 o 5 años y sus cuidadores.

    Libros con figuras grandes y coloridas o con páginas desplegables, otros de plástico que se pueden morder o de tela con texturas y sonidos, instrumentos musicales, juguetes para encajar y apilar, estanterías abiertas, muebles con bordes redondeados y suelos acolchados son la tónica de las guaguatecas.

    Estas funcionan en forma permanente en centros lectores y bibliotecas públicas de las comunas de Santiago, Vitacura y Puente Alto, en la Región Metropolitana, y en Osorno y Coyhaique. También algunos días del mes en las Biblioteca Viva que la Fundación La Fuente tiene en Antofagasta, Concepción, Los Ángeles, Talcahuano y cinco sectores de Santiago.

    “El fomento lector en la primera infancia tiene que ver con leer el mundo sensorial de las guaguas, exponerlas a colores, figuras, sonidos, texturas, la voz de la mamá”, explica Pilar Correa, directora del Área Educacional de la Corporación Municipal de Lo Barnechea.

    Mackarena López, subdirectora de Biblioteca Viva Egaña, cuya guaguateca funciona todos los sábados a las 12, agrega que “a muchos niños los traen porque no van al jardín infantil, así que esta es una oportunidad para estimularlos fuera del hogar, que compartan con otros niños y tengan nuevas experiencias”.

    “La ciudad tiene pocos lugares amigables para la primera infancia, por eso las familias valoran estos espacios acogedores e inclusivos, donde los niños pueden convivir y compartir con otros niños y los adultos hacerlo con otros en situación de crianza”, resume Marcela Valdés, directora de la Biblioteca de Santiago y quien acuñó el nombre “guaguateca”, adaptando así al uso nacional el de “bebeteca”, que se usa en otros países.

    La Biblioteca de Santiago fue la primera en abrir una guaguateca, hace 12 años. “Hoy la Dibam está considerando estos espacios para los más pequeños en todas las bibliotecas regionales que se construirán y, en ese sentido, al ser cabecera nacional somos una suerte de laboratorio para su implementación”, indica Valdés.

    Tanto esta como las demás guaguatecas han preparado actividades especiales para estas vacaciones de invierno, como cuentacuentos y obras de teatro para los más chicos.

Guaguatecas abren espacio para estimular y acercar a la lectura a niños de 0 a 5 años

2017-07-21T10:40:34+00:00 Julio, 2017|Actualidad|

Aprender a leer va mucho más allá de la decodificación y comienza durante los primeros años de vida. Por ello, todos los día surgen nuevos espacios dirigido a la primera infancia.

  • Jardín Infantil Alto Belén: educación de calidad en la población más estigmatizada de Chile

    El patio del jardín Alto Belén es florido. Lo adornan árboles, plantas, maceteros. Sumado al resbalín rojo y un par de juegos, da la sensación de que fuera una mini plaza. De pronto, Jeferson, un niño de cuatro años, sale solo de su sala con un delantal bien puesto y una regadera en sus manos. Ninguna profesora lo está vigilando.

    Camina serio. Pasa por al lado de los juegos, de unos autos, de una mini carretilla, de otras aulas con más niños, pero no se desconcentra. Con delicadeza riega todas las plantas que considera faltas de agua.

    Foto: Jardín Infantil Alto Belén

    Cuando termina, se devuelve rápidamente a su sala donde los compañeros están en otras actividades: unos pintan, otros cocinan, algunos aprenden matemáticas. Estrella Alba, la directora del establecimiento, ve pasar a Jeferson, sonríe y dice: “él, aunque no lo creas, es de los más inquietos que tenemos acá”.

    Construyendo en comunidad

    Bajos de Mena es un famoso sector de Puente Alto, comuna que se ubica en la periferia de Santiago en Chile. Nació en la década del 90, cuando el gobierno de turno construyó 23 mil viviendas sociales que con el tiempo se transformaron en el gueto más grande de Chile, con 120 mil personas viviendo ahí, pero sin servicios básicos cercanos: carabineros, bomberos, farmacias, cajeros automáticos y centros educativos.

    Foto: Bajos de mena, Avanza Chile

    Hace 10 años, existía una necesidad imperiosa, los vecinos del sector requerían urgente un jardín infantil cerca de sus casas. Fue así cómo la junta de vecinos le pidió ayuda a la municipalidad, quien recurrió al Hogar de Cristo para fundar un nuevo jardín infantil.

    “En ese momento me propusieron hacerme cargo del proyecto. Nos reunimos con la junta de vecinos e iniciamos un proceso de conversaciones”, recuerda Estrella Alba, de 44 años. El equipo del Hogar de Cristo recorrió puerta por puerta el sector para conocer sus necesidades. Cuando ya estaba el financiamiento, le ofrecieron a los vecinos tomar las decisiones en conjunto: cómo se llamaría, qué color tendrían sus murallas, qué enseñanza querían para sus hijos.

    El 7 de abril del 2008 se inauguró el Jardín Alto Belén. El objetivo trazado por los profesionales y la comunidad, fue diferente al de cientos de instituciones similares en Chile: no querían que todos los niños aprendieran lo mismo (palabras, números y colores), sino que cada uno decidiera, de forma autónoma, qué habilidad quería potenciar, sin que los profesores y profesoras impusieran sus preferencias.

    Foto: Jardín Infantil Alto Belén

    Del centro de Santiago al jardín Alto Belén, en locomoción colectiva, cualquier persona se demora más de una hora y media. El establecimiento queda justo al lado de una multicancha, que en la única pared que tiene hay un dibujo gigante dedicado a Colo Colo. Al frente tres block mirándose entre sí, con cortas calles sin pavimentar.

    Tras cruzar la puerta principal del jardín, hay cinco grandes salones, para cinco grupos de niños: de 0 a 1 años, de 1 a 2, de 2 a 3, de 3 a 4 y un tercero que recibe a todos los que quedaron en lista de espera. La demanda es alta y la mayoría de los años postulan más personas que los cupos habilitados. La prioridad la tienen los hijos de las madres adolescentes o adultas que trabajen.

    En la primera sala están los más pequeños. Es el medio día de un viernes de junio. Los niños despiertan de una siesta, mientras suena una suave música de relajación. Un par de educadoras van uno por uno diciéndoles que deben elegir alguna actividad para realizar. Se nota que recién aprendieron a caminar- tienen entre 1 a 2 años-, porque los pasos que dan hacia los estantes son lentos y confusos. Cada cual elige lo que quiere. Las profesoras sólo los ayudan en el caso que no puedan sacar con facilidad un material.

    Algunos se van por elementos musicales, otros por juegos que mejoran su motricidad. Sea lo que sea que escojan está pensado técnicamente para que desarrollen alguna habilidad.

    Foto: Jardín Infantil Alto Belén

    Mientras eso pasa, afuera en el patio hay un grupo en hora de recreo. Se suben al resbalín, juegan con autos, caminan por el lugar. Uno de los niños se agacha para tomar unas piedras. La educadora que lo observa a lo lejos, le dice que mejor que las bote porque con eso puede dañar a alguien. El niño la mira y las deja donde las encontró.
    En uno de los juegos, dos niños discuten La educadora los llama aparte, se agacha y habla con ellos. Les pide que solucionen el conflicto para que sigan jugando. Al minuto, ya están recorriendo el patio nuevamente.

    Aquí los adultos son fundamentales para que funcione el método. Las educadoras saben que no pueden gritarle a los niños, ni tampoco negarle cosas. No se les dice ‘deja de hacer eso’, sino que le explicamos por qué le conviene hacerlo diferente”, afirma Estrella Alba.

    De 3 a 4 años

    Al entrar a la sala de los más grandes– de 3 a 4 años-, no se sabe muy bien hacia dónde mirar. Cada uno está en actividades diferentes. Cuando Jeferson regresa de regar las plantas, pasa por al lado de Achly, que nunca pierde la concentración: está con un pincel en la mano dibujando algo sin forma. Cambia de color tres veces. Una parte la pinta amarilla, otra roja, otra mezcla ambos colores, y arriba colorea azul. Cuando lo termina, sin pedir ayuda va hacia un estante para buscar el molde con su nombre: sólo falta la firma de autor.

    Foto: Jardín Infantil Alto Belén

    Todos pueden cambiar de actividad cuando lo deseen. De pintar a matemáticas, o a cocina, o a juegos de letras, o a libros, o a dibujos, o a regar. En la sala hay un educadora y dos técnico: la primera está pendiente de lo que pasa en toda la sala, las otras se dedican a las necesidades individuales de cada niño cuando lo requiera. Jeferson va al baño, se saca el delantal, lo guarda en el mismo lugar de donde lo sacó y se lava las manos. Ya cumplió su labor. Va por otra.

    Educar en vulnerabilidad

    Estrella Alba no conocía Bajos de Mena. Dice que eligió trabajar en sectores vulnerables porque es donde más puede aportar. “Cuando llegué acá descubrí la gran capacidad de organización que tiene la gente, el cariño entre los vecinos, el sacrificio para salir adelante, levantándose muy temprano y llegando a las 9 de la noche a seguir trabajando en la casa”, cuenta. Añade que nunca han sufrido un robo- a pesar de estar en un sector con altos índices de delincuencia-, porque la comunidad ha cuidado el lugar.

    Se sorprende que una vecina, que no tiene a ningún pariente en el jardín, todas las mañana barra el entorno para mantener el establecimiento totalmente limpio. Dice que la gente cree en el trabajo que están haciendo.

    Aclara que el presupuesto que manejan es bajo, pero no es impedimento para entregar una educación de calidad. A los 26 trabajadores del jardín- entre educadoras, técnicos, auxiliares y cocineras-, no se les ofrecen los mejores sueldos, ni tampoco buscan las mejores educadoras de prestigiosas universidades. “En estos contextos, la clave de nuestro trabajo es que las educadoras se apasionen con los objetivos que tenemos como institución. Cuando entran acá, las capacitamos y las empapamos con nuestra visión”, aclara.

    El jardín busca que todos los niños tengan las mismas oportunidades que cualquier otro en Chile. Pretenden crear personas autónomas, que tengan metas claras y que sepan hacia dónde van. Que sean independientes, pero sabiendo que en algún momento necesitarán la ayuda del otro. Y para eso, es fundamental entender que los adultos deben respetarlos en todo sentido. Desde las decisiones que parecen mínimas, como elegir qué actividad realizar, hasta tomarlos en cuenta cuando necesiten afecto.

    “Todos tenemos que saber por qué hacemos las cosas. El problema es cuando las personas hacemos algo porque sí, sin saber el sentido”, asegura Alba.

    ¿Cuál es la diferencia en el día a día en comparación a cualquier otro jardín de la comuna? Estrella dice que aquí nadie es un número más. Ella conoce el nombre de los 136 niños que llegan todos los días. Para la educadora es muy importante conocer también la realidad familiar, para orientar a los alumnos según sus necesidades particulares. “Conocemos las fortalezas y debilidades de todos. Cada niño debe sentirse especial. No importa de dónde venga, todos son igual de importantes”, recalca.

    Foto: Jardín Infantil Alto Belén

    Los apoderados dicen que los niños desean ir a clases, que es el lugar donde les gusta estar. La fórmula para lograrlo, según la directora, es que los niños la pasen bien y a eso sumarle algún aprendizaje. Que se sientan como en su casa. “Si hay que abrazarlos o escucharlos lo hacemos. La parte afectiva es muy importante para que un niño logre aprender. Se debe sentir grato en todo momento”, cuenta

    Tras el término de la jornada, niños y educadores vuelven a sus hogares con la convicción que han recibido una educación de calidad.

Jardín Infantil Alto Belén: educación de calidad en la población más estigmatizada de Chile

2017-07-17T12:48:49+00:00 Julio, 2017|Actualidad, Comunidad escolar|

En medio de la zona más postergada de Santiago, 136 niños de 0 a 4 años se educan de una forma diferente: nadie les dice qué hacer, sino que cada uno escoge día a día lo que quiere trabajar o potenciar. Liderado por una educadora de párvulos, este jardín lleva nueve años luchando por una mejor educación.

  • La edad en que deberían estar los mejores profes

    Unas guías y estímulos correctos son cruciales en los primeros años de vida.

    La ciencia ya lo demostró, la mitad de las conexiones en el cerebro –y a una velocidad que jamás volverá a repetirse– se realizan durante los primeros años de vida. Un cableado que garantiza el desarrollo de la persona al preparar el terreno donde se cultivará todo tipo de aprendizaje.

    La neurociencia lo llama plasticidad cerebral, un concepto que ha mostrado la imperiosa necesidad de dar a los niños de cero a 5 años estímulos, educación y cuidados para que puedan sacar todo su potencial el resto de su vida. Algo rentable para ellos y para las naciones, como lo han señalado James Heckman, premio nobel de economía, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) e innumerables investigaciones.
    Esa es la razón por la cual cada vez más se ha vuelto la atención a los maestros y cuidadores de los infantes, pues en ellos recae gran parte de la responsabilidad de que esa oportunidad de oro no se pierda. “En algún momento pensamos que la atención a la primera infancia era un oficio menor, que los niños más pequeños necesitaban menos (…). Hoy sabemos que es mejor entregar un avión a un piloto chifloreto que dar un grupo de niños pequeños a maestros que no tengan capacidades para cuidarlos y educarlos”, dijo hace un tiempo sobre el tema Jorge Eslava, director del Instituto Colombiano de Neurociencias.

    “Los maestros en esta etapa son los que deben tener la mayor disposición afectiva para poder relacionarse con los niños. Su pedagogía debe ser de escucha y sensibilidad para poder comunicarse. Por eso, necesitamos que haya una reflexión en la pedagogía de la educación inicial”, explica Alexandra Mancera, de la Escuela de Pedagogía de la Fundación Universitaria Cafam (Unicafam).

    Un estudio revelador

    Precisamente, esta institución, junto con la Secretaría de Educación Distrital y el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (Idep), realizó una investigación sobre las capacidades que requieren desarrollar los maestros de primera infancia para atender los retos que les imponen sus estudiantes.

    Un docente para la primera infancia debe comenzar por tener en cuenta que cada niño y niña es diferente, lo que le implica adaptar sus aproximaciones pedagógicas a estas particularidades

    Para ello, los investigadores visitaron colegios, enviaron formularios y hablaron con profesores y directivas. Así fue como encontraron que la práctica pedagógica debe dar un giro, pues el tema claramente exige superar la vieja idea de que esta etapa es para enseñar el alfabeto, los números, las vocales y un poco más.

    “Un docente para la primera infancia debe comenzar por tener en cuenta que cada niño y niña es diferente, lo que le implica adaptar sus aproximaciones pedagógicas a estas particularidades”, subraya Adriana Espinosa, secretaria ejecutiva de la Alianza por la Niñez Colombiana. A lo que Mancera añade: “La reflexión sobre la pedagogía en esta etapa debe llevar a que los maestros reconozcan en los niños capacidades y lenguajes, que se les enseñe lo que les interesa, teniendo claro cómo aprenden mejor”. Y uno de esos lenguajes, el rector a esa edad, es el juego. “Es la forma de estar de los niños y las niñas en el mundo. Pisan rayas, saltan, miran la hormiga, conversan con el otro… Porque jugar es la manera de estar, y si no lo comprendemos y no lo comprenden los maestros, estamos desperdiciando un momento valiosísimo”, explica Irma Salazar, de la Corporación Juego y Niñez, organización que lleva 18 años promoviendo el juego como el lenguaje de la educación.

    Además de tener la capacidad de interactuar con los niños a través del juego, los docentes de los más pequeños también deben contar con la habilidad para responder a las necesidades de sus niños en sus respectivos contextos y territorios. Néstor Sánchez, gerente del Proyecto Innovación de la Corporación Juego y Niñez, explica que esas necesidades van desde el cuidado físico (comer solos, ir al baño, etc.) hasta las propias de su cultura o su condición, pues cada vez es más común que en un mismo lugar haya niños de diferentes etnias, regiones e incluso países, y también limitaciones (físicas, sensoriales o de habilidades para socializar).

    La escritora y pedagoga Yolanda Reyes resume las situaciones de hoy con una frase contundente: “Debemos responder a los padres que salen del clóset, a la tía que se hace cargo del niño porque los padres están en un programa de drogadicción y, en general, a los muy distintos tipos de familias. Los maestros deben estar preparados para eso”.

    En su concepto, los desafíos que impone la educación de la primera infancia obligan a contar con maestros a los que de verdad les gusten los niños, conozcan de desarrollo infantil y sean sensibles. “Suena a lugar común –asegura Reyes–, pero no lo es, eso significa que vean a los niños como personas que los pueden interpelar, que les pueden hacer preguntas. Que tengan una formación sólida, que les interesen los padres y tengan una actitud abierta y creativa. Porque en primera infancia es mucho lo que está en juego”.

    Una etapa que no se puede desperdiciar

    Janellen Huttenlocher, psiquiatra de la Universidad de Chicago, demostró que las conexiones sinápticas (conexiones neuronales) entre las diferentes áreas del cerebro se desarrollan intensamente en los primeros seis años de vida y su densidad aumenta proporcionalmente con los estímulos externos (visuales, auditivos, táctiles, olfativos o gustativos), siempre y cuando estos sean ordenados, regulares y bien estructurados.

    Para el neurólogo Gustavo Castro, se trata de un periodo absolutamente crítico en la formación del cerebro, pues se establecen conexiones que permiten habilidades para todo, las cuales luego son más difíciles de desarrollar o de cambiar.

    Pero lo más importante, coinciden todos los expertos, es entender que esta etapa o se aprovecha con los estímulos adecuados, o se pierde para siempre.

La edad en que deberían estar los mejores profes

2017-07-11T11:47:16+00:00 Julio, 2017|Actualidad, Los profesores importan|

El periódico El Tiempo nos invita a reflexionar sobre la importancia de la educación inicial y el impacto que los educadores pueden tener en este proceso.

  • Estos niños de 4 años se convirtieron en inventores. Ahora son ganadores del “Premio Nobel”

    Un día, los niños de pre-transición (Pre-Kinder /Transición menor) del Jardín Andalué en Santiago de Chile, encontraron una cámara en el patio. No sabían muy bien por qué estaba ahí, qué era, quién la había traído y para qué debían utilizarla… Entonces, intrigados, decidieron que la llevarían a la sala de clase para intentar resolver todas las inquietudes que tenían. De repente, sin avisar, llegó un personaje llamado Helmuth, un hombre con apariencia de científico, pelo gris, gafas y acento extraño, quien preocupado, había llegado al jardín para encontrar un preciado objeto que se le había extraviado: una cámara.

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    Para sorpresa de Helmuth, los niños tenían ese objeto invaluable, y agradecido, decidió contarles todo acerca de éste.

    La aparición de ese personaje excéntrico fue perfecta: gracias a él, los niños al fin podrían resolver todas las preguntas que tenían sobre esa cámara que apareció de forma inesperada. Los niños estaban fascinados con él, con su historia, con la cámara y sobre todo, con la idea de poder convertirse en grandes inventores; Helmuth, además de resolver muchas preguntas, les había dicho que ellos, si se esforzaban, también podrían inventar grandes cosas. Entonces, inspirados por su trabajo, decidieron que así sería: se convertirían en inventores.

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    Así comenzó una aventura científica que inició con el hallazgo de la cámara y el estudio de otros grandes personajes como Graham Bell, Thomas Edison, Einstein, Galileo, Marie Curie y da Vinci.

    Luego de la visita de Helmuth, quien en realidad era Carolina, una de las profesoras del jardín, ellos iniciaron un proyecto semestral que se realiza en todas las salas de jardín (según la etapa cognitiva en la que se encuentra cada grupo) y finaliza con una exposición interactiva donde los padres son partícipes de los fascinantes resultados.

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    Al final de este proyecto, los niños de este nivel, por ejemplo, no sólo eran capaces de hablar de personajes históricos como Edison, sino que además postularon al “Premio Nobel” y crearon impresionantes inventos tanto individuales como colaborativos, basados en distintas necesidades. El que más vale la pena destacar se llama la Caja Cohete, una especie de planetario que construyeron a partir de un plano que les envió un importante colaborador de la sala llamado el Pájaro Pepe. La caja es inmensa, en el exterior tiene agujeros a través de los cuales los niños observan un interior lleno de estrellas y planetas.

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    Mientras en la sala de los más grandes (4 años) aprendían siendo inventores, en otras se estaba dando otros procesos interesantes.

    Los más chicos se disfrazaban de animales y con tan sólo dos años de edad hacían disertaciones sobre dichos animales. Otros, inspirados por la música, decidieron aprender las notas musicales haciendo asociaciones con el color. Así, en lugar de vestirse con el color azul, verde o amarillo, se vestían de “do”, “re” y “mi”. En otra sala, un grupo de pequeños apasionados del arte convirtieron la sala en un proyecto artístico inigualable: a su corta edad ya han aprendido sobre la vida y el estilo de grandes artistas como Monet y Kandinski. Además tuvieron la oportunidad de hablar y entrevista a una artista chilena cuyas obras de arte son juegos. Inspirados en ella, convirtieron un resbalín o rodadero, en una obra de arte.

    Elige Educar/Todo en esta sala está relacionado con las notas musicales y los colores

    Elige Educar/Niña exponiendo sobre las mariposas

    Elige Educar/Los niños junto al resbalín que convertirían en obra de arte

    Un museo

    Después de más de dos meses de trabajo, el Jardín Andalué se convierte en un museo para padres, que sorprendidos, recorren las salas y descubren todo lo que sus hijos aprendieron en el proceso. El jardín se adapta 100% para este gran evento y cada sala presenta una explicación del proyecto y los logros alcanzados después de un proceso que está lleno de sorpresas. Bajo un enfoque que contextualiza los aprendizajes básicos en proyectos que nacen de forma espontánea, los niños se vuelven expertos y líderes de su propio aprendizaje, un aprendizaje basado en la contingencia y no en temas estandarizados, un aprendizaje muy inspirado en el Pensamiento Visible, proyecto de Harvard que argumenta que las personas pueden dirigir y mejorar sus pensamientos cuando se exteriorizan a través de la conversación, la escritura, el dibujo u otros métodos, que como dice Marcela Valdivia, directora del jardín, permiten a los niños acceder al conocimiento de una forma más natural. ¿Qué surge de una experiencia pedagógica como estas? Niños de menos de 5 años discutiendo de Premios Nobel, entrevistando a artistas reales, explotando al máximo la creatividad y sorprendiendo a sus familiares, quienes desde casa, se involucran en proyectos que preparan a sus hijos para lo que vendrá más adelante.

    Elige Educar

    Jardín Andalué

    Experiencias como estas, en las cuales las educadores evidentemente piensan en los detalles más pequeños para despertar la curiosidad de sus pequeños estudiantes, ejemplifican a la perfección lo que significa promover el aprendizaje y cautivar a los niños fortaleciendo sus facultades. Además, resalta la importancia de un trabajo que es colaborativo e involucra a estudiantes, educadoras y familias como parte de un plan que busca transformar a los niños y las niñas en sujetos activos de un aprendizaje inspirado en la creatividad y en sus propios intereses.

Estos niños de 4 años se convirtieron en inventores. Ahora son ganadores del “Premio Nobel”

2017-07-06T15:37:35+00:00 Julio, 2017|Cómo aprenden los niños|

En un proyecto único, los niños de este jardín se convirtieron en inventores, expertos artistas y genios de las notas musicales.

  • La Ocde pide redoblar esfuerzos en educación preescolar

    Según un nuevo informe del organismo internacional, son inversiones para el futuro.

    Ya lo dijo el premio nobel de economía James J. Heckman: “Invertir en la educación durante la primera infancia es una estrategia rentable para el impulso del crecimiento económico”. Incluso, según el mismo experto, por un peso invertido en un niño se ahorran entre 7 y 21 pesos a la sociedad en el futuro. Un nuevo estudio, que lleva por título ‘Starting Strong 2017’ (‘Empezando con fuerza’), reafirma las palabras de Heckman y pide a los países que redoblen esfuerzos.

    Según la investigación, realizada por la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), los países deberían incrementar sus esfuerzos para ofrecer educación y atención a la primera infancia (Eapi). “Debe ser asequible y de alta calidad para así brindar a todos los niños la oportunidad de alcanzar su potencial y mejorar la movilidad social”, asegura el documento.

    Gabriela Ramos, directora de gabinete de la Ocde, afirmó que “permitir que todos los niños tengan acceso a educación y atención de la primera infancia de primera calidad sentará las bases para el desarrollo futuro de habilidades y destrezas e impulsará la movilidad social y el crecimiento incluyente”.

    En el informe se demuestra que en años recientes la mayoría de los gobiernos han aumentado sus inversiones para ampliar la matrícula y abrir más guarderías y escuelas. Sin embargo, se destaca que los países deben centrarse en mejorar las condiciones laborales de los profesores, alentar la participación de los padres de familia e implementar nuevos métodos docentes.

    Una educación y atención de la primera infancia (Eapi) de alta calidad son beneficiosas para todos los niños, concluye el informe, y expone que los resultados de la evaluación Pisa 2015 revelan que en prácticamente todos los países de la Ocde, los niños de 15 años de edad que tuvieron acceso a la Eapi mostraron un mejor desempeño que sus pares sin Eapi. Según el informe, los niños desfavorecidos son los que más se benefician, y focalizarse en ellos aportaría los mejores rendimientos.

    Por su parte, Andreas Schleicher, director de la Dirección de Educación y Habilidades de la Ocde, aseguró: “Los primeros años de vida constituyen las bases para el desarrollo y aprendizaje de las competencias del futuro, y las inversiones en educación y atención de la primera infancia de alta calidad pagan grandes dividendos en términos de aprendizaje y desarrollo a largo plazo de los niños, en particular para los más marginados”.

    Según el estudio, el gasto en Eapi representa un promedio de 0,8 por ciento del PIB en los países de la Ocde, y 80 por ciento o más provienen de fondos públicos.

    También evidencia que, en promedio, en los países de la Ocde, alrededor de un tercio de los niños menores de 3 años están matriculados en servicios formales de atención de la primera infancia. Las tasas varían mucho, de menos de 10 por ciento de los niños en México, la República Checa y la República Eslovaca, a más de 50 por ciento en todos los países nórdicos –excepto Suecia–, así como Bélgica, Francia, Luxemburgo y los Países Bajos.

    “El acceso universal o casi universal a por lo menos un año de Eapi es ahora una realidad en la mayoría de los países de la Ocde, lo cual representa un avance significativo hacia las metas en materia de educación incluidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, sostiene el informe. Y es que de los niños de 4 años de edad, 90 por ciento o más, están ya inscritos en educación preescolar o primaria en dos tercios de los países con información disponible.

    ¿Cómo está Colombia?

    En el informe ‘Starting Strong’ no hay capítulos específicos sobre la educación y atención a la primera infancia en Colombia; sin embargo, en abril de 2016, Andreas Schleicher, director de Educación y Habilidades de la Ocde, estuvo en Cartagena y presentó el informe ‘La Educación en Colombia’, el cual tiene un capítulo específico sobre ese tema.

    “La ampliación de la prestación de Educación y Atención Integral a la Primera Infancia de alta calidad es uno de los pasos más importantes que Colombia puede dar para mejorar el desempeño general de la educación y mejorar la equidad social”, expone el documento.

    Además, afirma que Colombia ha progresado de manera importante y positiva en la atención de esta área y, gracias a estos esfuerzos, los porcentajes de participación han aumentado. Entre 2007 y 2013, la cantidad de estudiantes de 0 a 5 años matriculados en educación preescolar aumentó más del doble, del 16 al 41 por ciento.

    Sin embargo, aún se requieren medidas considerables para garantizar el acceso equitativo a una Educación Inicial y Atención Integral a la Primera Infancia de alta calidad en Colombia.

    El informe revela que los porcentajes de participación son bajos respecto a los estándares de la Ocde: solo el 48 por ciento de los niños de 3 años y el 75 por ciento de los niños de 4 años están matriculados en educación para la primera infancia, frente a los promedios respectivos del 70 y el 82 por ciento de la Ocde. Además, solo dos tercios de los niños de 5 años son matriculados en el grado de transición antes de iniciar la escuela primaria, si bien es obligatorio.

La Ocde pide redoblar esfuerzos en educación preescolar

2017-07-06T11:15:57+00:00 Julio, 2017|Actualidad|

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), a través del informe Starting Strong 2017, hace un llamado a redoblar los esfuerzos en educación inicial, ¿cuál son sus argumentos? ¿qué sugerencias entregan?

  • El paso a la educación básica

    Señor Director:

    Recientemente, la OCDE publicó su reporte Starting Strong V, donde entrega una panorámica de políticas y buenas prácticas relacionadas con las transiciones educativas de la enseñanza parvularia a la básica en 30 países, incluyendo Chile.

    Los primeros años de educación son fundamentales para el desarrollo de habilidades, tanto sociales como cognitivas; pero este progreso puede verse afectado si los procesos de transición no están bien articulados.

    El reporte muestra que Chile avanza en varios de los desafíos propuestos en esta materia, como lo es la importancia de generar un trabajo conjunto y sistemático entre los equipos pedagógicos. Asimismo, destaca buenas prácticas que se están realizando en nuestro país, como equiparación de salarios, alineación de los currículos y homologación de exigencias de formación académica.

    En cifras, la magnitud de este proceso en nuestro país es significativa: cada año, alrededor de 240 mil niños y niñas transitan desde la educación parvularia a primero básico.

    Con el propósito de promover la articulación entre estos niveles educativos, resulta valioso destacar que, en abril de este año, el Ministerio de Educación generó una normativa que establece principios y orientaciones técnicas para una estrategia de transición educativa en los establecimientos, resguardando las características propias de la primera infancia y reconociendo sus aprendizajes previos e intereses.

    Este trabajo colaborativo contempla sistemas de acompañamiento, reuniones evaluativas, talleres con familias, definiciones específicas de normas de convivencia, selección de material didáctico, incorporación de metodologías lúdicas e implementación de espacios con zonas de juego.

    Estas acciones forman parte de una política pública integral para la educación parvularia que se han estado impulsando en el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet y que contempla medidas clave para el aseguramiento de la calidad, tales como fortalecimiento de la institucionalidad, nuevos estándares y certificación para jardines infantiles, carrera docente para las educadoras de párvulos y dispositivos curriculares para el trabajo en aula.

    María Isabel Díaz Pérez
    Subsecretaria de Educación Parvularia

El paso a la educación básica

2017-07-04T12:37:29+00:00 Julio, 2017|Actualidad, Comunidad escolar|

La siguiente carta publicada en El Mercurio es una invitación a reflexionar sobre la importancia de la articulación en los procesos de transición. Y tú, ¿estás de acuerdo con esta postura?

  • “Con juegos y arte se puede enseñar sobre convivencia ciudadana a los niños”

    Aprender sobre tolerancia y trato democrático no es tarea exclusiva de adolescentes y adultos, plantea la especialista. Mientras antes se toquen temas como discriminación o machismo, más claro se vuelve el mensaje.

    A los cuatro años, los niños que participan en las actividades del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud (Colombia) aprenden sobre tolerancia y aceptación a través de un juego de recortes. Durante esta actividad cada uno recibe una serie de imágenes con personas de distinto género y etnia, además de otras con objetos para recortar. Estetoscopios, celulares, ollas, traperos y un auto son algunos.

    Este tipo de juego sirve para mostrar que si no se les corrige desde el inicio, los niños tienden a replicar estereotipos sociales que aprenden de los adultos.

    “Se les pide asociar cada elemento con las imágenes de las personas. En estos casos, no es raro que el estetoscopio pase a ser del hombre blanco, mientras que la mujer de piel morena se hace acreedora del trapero”, indica Sara Victoria Alvarado, especialista en educación y directora del centro de estudios, institución que nació de una alianza entre la Universidad de Manizales y el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano.

    “Ante este panorama, el trabajo de los educadores es hablar con los niños sobre las justificaciones que ellos tienen para asociar los distintos objetos. Se realizan juegos de roles y se hacen preguntas como qué pasaría si le quitamos la olla a la mujer y se la pasamos al hombre. Con juegos y arte se puede enseñar sobre convivencia ciudadana a los menores”, explica Alvarado.

    La profesional participó en el seminario Comparte Educación, organizado por la Fundación Integra, donde expuso sobre el fortalecimiento de la educación cívica en niños de preescolar y enseñanza básica.

    Diferentes y valiosos

    La mayoría de los países latinoamericanos mira a la educación ciudadana como “algo que se posterga en educación, algo que se tiende a asociar a los grados superiores”, indica Alvarado. La organización democrática, la erradicación del machismo o el fin de las relaciones jerárquicas -en las que un adulto siente que tiene el poder para someter al niño a hacer cosas que este no desea- “son temáticas que para que sean más efectivas deben sembrarse desde los primeros años. Si de pequeño un niño no aprende a quererse, a querer a otros y a reconocer a terceros como personas diferentes y valiosas, es difícil que después pueda vivir procesos reales de justicia y equidad”, advierte Alvarado.

    La especialista plantea que para fomentar el conocimiento de sus derechos y deberes, los niños de jardines infantiles y primeros años de escolaridad deben tener la oportunidad de tomar ciertas decisiones, lo que en la práctica pasa porque sus profesores los inviten a participar en votaciones grupales para decidir qué actividades realizar, o hasta de qué forma quieren instalar el mobiliario de la sala de clases, por ejemplo.

    “Parte importante de formarlos como ciudadanos también pasa por darles la libertad de expresar cuáles son sus sueños a través de la narrativa, del dibujo y del juego, sin que nadie los condicione”.

“Con juegos y arte se puede enseñar sobre convivencia ciudadana a los niños”

2017-07-03T11:42:33+00:00 Julio, 2017|Actualidad|

¿Cuál es la edad más apropiada para aprender tolerancia y democracia? ¿Se puede aprender durante los primeros años de vida? Sara Alvarado del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud de Colombia nos cuenta.

  • Currículum de educación parvularia: ¿enseñar a hacer el sonido de las letras o formar lectores plenos?

    El Consejo Nacional de Educación, reprobó las Bases curriculares de Educación Parvularia y en las observaciones que realiza respecto de los aprendizajes ausentes recomienda: “Incorporar en el área de Lenguaje verbal objetivos de aprendizaje vinculados con el desarrollo de habilidades metalingüísticas y profundizar en aquellos referidos a la conciencia fonológica”. En relación a esta última recomendación es que quisiera manifestar mi preocupación.

    La conciencia fonológica es definida como la capacidad de identificar los componentes fonéticos del lenguaje oral. Pensar que para leer es necesario aislar los fonemas que componen la palabras es desvalorizar el lenguaje y circunscribir la lectura a la reproducción de sonidos. ¿Queremos niños que hagan ruido con la boca frente a signos que ven? O por el contrario, ¿queremos sujetos que piensan y actúan como lectores y escritores, participantes activos del mundo en que vivimos?. Las mamás suelen decir sobre sus niños: “se sabe todas las letras y sonidos…sólo le falta unirlas”. Pero, poder aislar los sonidos que componen la palabra no garantiza que los sujetos accedan a la lengua escrita.

    ¿Puede un niño leer y escribir si no aprende el sonido de las letras?. Saber las letras es necesario, pero no suficiente. No alcanza con saberlas o con reconocerlas, porque lo que el niño tiene que descubrir son las relaciones entre las partes y el todo. Cuando los establecimientos de educación parvularia piden a los niños reproducir letras y emitir sonidos de las letras, estamos, como dice la pedagoga Emilia Ferreiro, “Reduciéndolos a aprendices de una técnica, menospreciamos su intelecto. Impidiéndoles tomar contacto con los objetos en los que la escritura se realiza, despreciamos (mal-preciamos o hacemos inútiles) sus esfuerzos cognitivos”.

    Siendo así, la preocupación radica en que las bases curriculares tendrían que profundizar en esta línea, basada en una didáctica que tiene a gran parte de los niños y niñas decodificando la palabra escrita y alejándolos de la comprensión. Más aún, me preocupa que se recomiende este tipo de aprendizaje, el cual es propio de prácticas de enseñanza de lectura y escritura para un nivel educativo que no tiene por objetivo la enseñanza de estas habilidades o destrezas, es cuestión de revisar el Articulo 28 de la Ley General de Educación. Sin duda es necesario repensar los aprendizajes de lectura y escritura para niños y niñas menores de 6 años y para ello ofrezco humildemente a la Subsecretaria de Educación Parvularia una propuesta en este ámbito.

    Los invito a reconocer al niño como sujeto de aprendizaje, pues tal como señala Ferreiro:

    “No podemos reducir el niño a un par de ojos que ven, un par de oídos que escuchan, un aparato fonatorio que emite sonidos y una mano que aprieta con torpeza un lápiz sobre una hoja de papel. Detrás (o más allá) de los ojos, los oídos, el aparato fonatorio y la mano hay un sujeto que piensa y trata de incorporar a sus propios saberes este maravilloso medio de representar y recrear la lengua que es la escritura, todas las escrituras”.

Currículum de educación parvularia: ¿enseñar a hacer el sonido de las letras o formar lectores plenos?

2017-06-29T15:48:45+00:00 Junio, 2017|Padres y apoderados|

"¿Puede un niño leer y escribir si no aprende el sonido de las letras?. Saber las letras es necesario, pero no suficiente. No alcanza con saberlas o con reconocerlas, porque lo que el niño tiene que descubrir son las relaciones entre las partes y el todo".

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