Comunidad Educativa

Inicio » Comunidad Educativa
  • Los colegios deben generar espacios para que los docentes conversen entre ellos

    En el año 2007, cerca de 800 colegios de Ontario (Canadá) tenían a la mitad de sus alumnos de 3° y 6° básico promediando uno o dos puntos -de un total de cinco- en las evaluaciones estandarizadas en lectura, escritura y matemáticas. El año pasado, solo 63 establecimientos mantenían ese promedio.

    La enorme diferencia tiene un detonante particular: tras ver los pocos avances que presentaban sus estudiantes, los profesores optaron por trabajar de forma mucho más colaborativa. Así fueron compartiendo las experiencias que los ayudaban a enseñar de forma efectiva, aprendiendo de los aciertos y fracasos de unos y otros.

    “El trabajo conjunto incluye la coplanificación y coevaluación. Dentro del aula, la coenseñanza, la mentoría y la observación de pares”, explica Lyn Sharratt, académica del Instituto Ontario de Estudios sobre Educación de la Universidad de Toronto, además de coordinadora del programa de doctorados en Liderazgo y Políticas de esa casa de estudios. La especialista también es la invitada internacional del seminario anual de la Fundación Educacional Arauco, que se desarrollará este miércoles en Concepción (detalles en el sitio www.fundacionarauco.cl).

    Inversión

    En Chile, Sharratt centrará su charla en esta idea de colaborar para mejorar el contexto escolar.

    Y aunque en el papel puede parecer como una idea simple de aplicar, la especialista sabe que en el día a día la premisa no siempre es fácil de llevar a cabo. “Encontrar el tiempo (para reunirse) suele ser un desafío, porque los colegios son lugares que siempre están muy ocupados”, dice sobre las excusas que recibe cuando plantea la alternativa.

    Pero Sharratt insiste: el tiempo que se usa en compartir entre profesores no es uno que se pierda. Más bien se trata de una inversión importante. “Encontrar espacios para una colaboración determinada exige que los líderes y profesores aprendan cómo facilitar las conversaciones. Conversaciones que permitan escuchar cada voz y que más tarde lleven a replicar este modelo dentro del aula, para y hacia los estudiantes”.

    Estos períodos dedicados a compartir no solo pueden desarrollarse dentro de un mismo establecimiento, cree la canadiense. En ocasiones, es útil crear redes con colegios con los que se compartan características similares, como puede ser estar ubicado en un área rural o enseñar a cierto número de niños.

    “La tecnología, en especial las videoconferencias, ayudan en este tipo de alianzas. Si las personas a cargo proporcionan claridad y un enfoque definido para el trabajo conjunto, las mejoras ocurren a la velocidad de un rayo”.

    Estos comportamientos colaborativos se pueden evaluar, recuerda Sharratt. “En Ontario, planteamos lo que esperamos de la colaboración cuando esta recién comienza, a medida que progresa, cuando se integra y luego cuando finalmente se sostiene”.

Los colegios deben generar espacios para que los docentes conversen entre ellos

2017-11-20T09:35:17+00:00 Noviembre, 2017|Comunidad escolar|

¡Compartir experiencias es clave para la mejora pedagógica! Así lo plantea Lyn Sharratt, especialista en Educación de Canadá, al ser entrevistada por El Mercurio.

  • “Los nuevos espacios generan nuevas formas de participación en las escuelas”

    Cuando nos preguntan sobre la educación escolar automáticamente pensamos en el maestro, las asignaturas, los libros de texto o en la mera acción de estudiar. Pero la educación es mucho más, en todo proceso de aprendizaje también influyen otros elementos algo más abstractos que juegan un papel muy importante. Hablamos de los espacios arquitectónicos, de la relación con los compañeros y en general de la implicación y motivación de toda la comunidad. La arquitecta Sílvia Sasot y la pedagoga Esther Belvis nos cuentan porque es tan necesario repensar la escuela en este sentido.

    PREGUNTA. ¿Por qué os interesa mezclar arquitectura y pedagogía?

    RESPUESTA. Las dos compartimos el objetivo de querer mejorar el bienestar de las personas en el marco de la educación. La colaboración entre el binomio arquitectura (Sílvia) y pedagogía-arte (Esther) nos da la posibilidad de explorar y tener una aproximación más contemporánea a la educación, basada tanto en la interdisciplinariedad como en el cuidado por el entorno y las personas.

    P. ¿Qué es Hack the School y cómo surgió?

    R. Hack the School es una iniciativa de la Fundació Bofill para promover pequeñas transformaciones en los espacios de las escuelas participantes con la ayuda de un arquitecto. El proyecto tiene formato de reto, ya que lo se pretende es que las escuelas pasen a la acción. Nosotras diseñamos la guía creativa para acompañar el proceso de las comunidades educativas y ayudar a dinamizar distintos procesos de cambio.

    P. Vuestro proyecto propone repensar los espacios en las escuelas ¿Por qué es tan necesario?

    R. Proponemos repensar la escuela como un espacio de convivencia y aprendizaje pensado desde distintos ámbitos. Tradicionalmente la mirada ha sido principalmente técnica y muy homogénea. Los espacios de la escuela vienen regulados por unas leyes desactualizadas que determinan como son, y en consecuencia también, como no pueden ser. Nos interesa aprender a pensar fuera de este marco y crear otros espacios que acompañen a los procesos de cambio educativo y cultural de los centros actuales.

    P. No es solo una cuestión de mover las mesas de sitio. ¿Qué elementos tenemos que tener en cuenta para hacerlo?

    R. Consideramos que mover las mesas debe entenderse como el resultado de un proceso de reflexión, experimentación y empoderamiento de la comunidad educativa. Insistimos en que para hacer cambios útiles, es necesario que se establezcan procesos de cambio que impliquen a todos, y donde haya un diálogo entre arquitectura y educación. Cada escuela debe generar aquellos espacios que respondan a su identidad y a las necesidades de su comunidad.

    Parece que el tema “espacios educativos” nos lleve siempre a hablar de “cosas”. Nuestra mirada siempre es partir de las personas como individuos únicos y como miembros de la comunidad. Por eso, proponemos una aproximación más humanista que nos permita tomar decisiones sobre como los espacios determinan el bienestar, las relaciones entre las personas, las posibilidades de autonomía y autoregulación, la creatividad, etc.

    P. ¿Pueden llegar a decidir juntos los alumnos, las familias y el profesorado?

    R. Los resultados obtenidos en Hack the School, así lo demuestran. Para nosotras el mayor logro, no han sido los cambios en los espacios sino como a través de estos se han generado nuevas formas de comunicación y participación en las escuelas. A menudo, hablar de espacios permite abrir un espacio de conversación sobre otros aspectos más profundos y humanísticos relacionados con la educación y la convivencia en el centro.

    P. ¿Qué impresiones habéis obtenido?

    R. En primer lugar nos sorprendió la respuesta del proyecto ya que quisieron participar más de 170 escuelas de Cataluña y finalmente se seleccionaron a 30 para poder gestionar la transformación. Esto nos parece un indicador claro de la necesidad de repensar el espacio y cómo esta necesidad no coincide con el sistema que tenemos, la demanda es real. También nos sorprendió la capacidad creativa de todos los centros para hacerse suyo el reto y adaptarlo a su concepto pedagógico, y la movilización de toda la comunidad educativa de cada centro con una ilusión compartida.

    P. ¿Cómo tiene que ser el entorno de un niño para que este aprenda? ¿Tanto influye?

    R. Cada niño es diferente y tiene una forma distinta de aprender y percibir el entorno que le rodea. Lo importante es ofrecer entornos versátiles que permitan generar distintas metodologías, donde el docente y el alumnado puedan dialogar y generar aquellas dinámicas y formas de estar en el espacio que favorezcan tanto la convivencia como el aprendizaje. De alguna manera, abogamos por una escuela sensible que responda a las necesidades y retos de la realidad educativa del día a día. Pero está claro que hay temas muy básicos relacionados con el bienestar del cuerpo humano que hay que tener en cuenta. Como no pasar ni frío ni calor, acceso a luz natural, respirar un aire de calidad, no exponerse a condiciones acústicas desagradables, posibilidad de movimiento, gestión de los estímulos visuales, etc.

    P. ¿El espacio aula entre cuatro paredes caducará? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo creéis que será la escuela del futuro?

    R. Nos gustaría que hubiera muchas escuelas del futuro, o esto es lo que vemos en algunos países del extranjero. Cada comunidad educativa construye o transforma una escuela adecuada a su contexto concreto a través del diálogo creativo y atreviéndose a experimentar. Evidentemente en estas escuelas podrá haber aulas entre cuatro paredes pero también habrá otros espacios. Quizás es posible que el concepto de aula evolucione y se haga más complejo siempre de la mano de la propuesta pedagógica. Transformar los espacios donde convivan varios grupos, donde los profesores puedan trabajar en equipos, donde los niños se sientan seguros y a la vez libres. Nos parece un buen reto.

    P. ¿Este cambio de visión sobre los espacios, también se podría trasladar a espacios públicos enfocados a los niños? Me refiero a parques, bibliotecas, ludotecas, etc.

    R. Todos los espacios son educadores. Nosotras apostamos por una mirada más atenta y centrada en el niño, que transgreda una arquitectura centrada en el objeto. Nuestra propuesta siempre es crear espacios desde una mirada más humana, y eso también puede incluir el concepto del espacio en sí mismo. Ahora pensamos en bibliotecas para libros, ludotecas para juguetes, parques para columpios. ¿Qué pasaría si creamos los espacios para la infancia donde puedan convivir libros, juguetes, columpios junto con experiencias artísticas, experiencias científicas, experiencias familiares y aquellas que aún no sabemos imaginar? Nos parece importante centrar el discurso en la experiencia de lo que la persona siente y experimenta y no en el objeto de la experiencia (libro, juguete, columpio, etc.).

    P. Recientemente habéis presentado el proyecto de Hack School en Londres. ¿En qué países la arquitectura y pedagogía ya es una realidad?

    R. Hay varios países que se están planteando el reto y cada uno a su manera como Australia, Dinamarca, Finlandia, Austria, Holanda y muchos otros más. Normalmente son países donde la legislación no es limitante. Cada contexto cultural ofrece miradas distintas, y oportunidades, pero todos construyen desde un concepto del aprendizaje más contemporáneo y desde una cultura concreta. La raíz de la diferencia que percibimos se encuentra en el concepto de infancia y niño-a de cada país y el tipo de relación cultural entre adultos y niños.

    P. Habláis siempre de un cambio de cultura para poder cambiar los espacios. Pero, ¿este cambio de cultura es posible en nuestro país?

    R. ¡Claro que es posible! Desafiamos los modelos y los estándares que indican una única manera de hacer las cosas. Es cierto que podemos aprender de las experiencias e ideas que vienen de otros países, pero cada escuela debe ser coherente con su filosofía educativa y entorno. Es una cuestión de confianza, formación y autonomía en lo que se refiere al centro, pero también es necesaria voluntad política para revisar las leyes que determinan la arquitectura en lo que se refiere a los espacios educativos. Estamos viviendo un momento muy interesante, muchas familias jóvenes ya son el cambio de cultura que altera el status quo.

    P. ¿Qué tenemos que hacer para llevarlo a cabo?

    R. Nosotras aconsejamos a las comunidades educativas a empezar por acciones pequeñas en espacios comunes. Las acciones pequeñas permiten explorar y facilitar el disfrute y logro compartido. Por otro lado, los espacios comunes permiten implicar a más personas de la comunidad y abren el debate para pensar qué tipo de comunidad y educación se quiere crear y compartir. Un truco sería seleccionar un espacio olvidado de la escuela e iniciar un diálogo para devolverle la vida, es en este punto donde la guía que hemos diseñado puede ayudar mucho a poner un poco de orden durante el proceso.

“Los nuevos espacios generan nuevas formas de participación en las escuelas”

2017-11-07T08:56:02+00:00 Noviembre, 2017|Cómo aprenden los niños, Comunidad escolar|

EL PAÍS entrevistó a Silvia Sasot y Esther Belvis creadoras de la guía creativa del proyecto Hack the School.

  • “Zona Verde”: un proyecto creado por los niños y para los niños

    Pinolivo es una escuela pública de la ciudad de Marbella que se estructura bajo tres pilares fundamentales: el respeto por el alumno, la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como estrategia para fomentar el trabajo colaborativo, y el espacio como recurso de aprendizaje ¿qué significa esto? Que Pinolivo se estructura bajo una lógica de compartir, por eso, aunque existen “cursos” con referencias de edades, los alumnos después de cierta hora, puede moverse de curso en curso para aprender desde sus intereses (sin importar la edad que tengan).

    CEI ‘Pinolivo’

    El proyecto Zona Verde, realizado entre 2016 y 2107, ilustra perfectamente la combinación de estos tres pilares. Todo empezó así…

    Un día, dos aulas prefabricadas que ocupaban un espacio de 240 metros cuadrados en el patio del colegio, fueron removidas. Entonces, ¿qué pasaría con ese espacio recuperado?, ¿en que se transformaría? La distribución debía responder a las necesidades de los estudiantes y por eso, según cuenta la directora al diario El País, lo primero que hicieron fue hablar con los niños y las niñas, quienes a pesar de su corta edad, entendían muy bien que eso les pertenecía. Decidieron entonces hacer una propuesta sobre el uso que querían darle y durante varios días, niños y niñas trabajaron para estructurar ideas que se iban a puntando en una lista.

    Cada curso se decidió por tres propuestas que se entregaron posteriormente al equipo directivo.

    Y finalmente, en la celebración del Día de los Derechos del Niño, un Consejo Infantil constituído por niños y niñas presentó en un acto las propuestas a los representantes del Ayuntamiento, a la Dirección del Centro y a la Asociación de Madres y Padres (AMPA). Ese día, todos ejercieron su derecho al voto y se tomó la decisión final, una decisión que gracias al trabajo colaborativo y el diálogo entre toda la comunidad, fue positiva para todos. ¿Qué se logró? Convertir un espacio árido en un entorno natural donde los alumnos pudieran cuidar plantas, tocar la tierra y disfrutar del recreo de la forma más “verde” posible, tal como lo indica el nombre del proyecto.

    Así nació la Zona Verde, un proyecto educativo que poco a poco se fue convirtiendo en algo de toda la comunidad.

    Cada actor de la comunidad se hizo cargo de una o varias zonas y tareas para finalmente lograr dar vida a un rincón de naturaleza que hacía mucha falta en la escuela. El día de la Tierra, inauguraron con presencia de autoridades municipales y de la administración educativa la anhelada Zona Verde.

    “Nuestra Zona Verde es un espacio natural en el que niños y niñas pueden contactar con la naturaleza de forma real y libre. Esta zona de juego es la más reciente de la escuela. Disponemos de huerto, una barca grande, un arenero, un escenario de madera, un merendero, dos balanzas…”, afirma una profesora de la Escuela al medio El País.

    CEI ‘Pinolivo’

    Zona Verde es la mejor manera de definir el alma de una escuela que involucra a todos y cada uno de los miembros de la comunidad.

    Es un proyecto que evidencia cómo un nuevo espacio, construido entre todos, posibilita nuevos aprendizajes, fomenta la expresión de las emociones, el trabajo colaborativo, la conformación de nuevos proyectos y experiencias que enriquecen el aprendizaje de alumnos y profesores. Porque en Pinolivo, enseñar significa convertir a los niños en protagonistas y aprender significa compartir, crecer desde los propios intereses, crecer con los demás.

    Pinolivo

    “Cualquier visitante podrá observar cómo niños y niñas disfrutan, desde la admiración y el respeto, con este espacio donde se abrazan los árboles, se quedan entusiasmados observando los insectos, juegan a los náufragos o dibujan al aire libre”, aseguran el equipo de Pinolivo en El País.

“Zona Verde”: un proyecto creado por los niños y para los niños

2017-10-31T14:43:45+00:00 Octubre, 2017|Cómo aprenden los niños, Comunidad escolar|

Todo empezó con la transformación de un espacio dentro de la escuela. El desarrollo de la iniciativa estuvo en manos de todos los niños y las niñas.

  • Mineduc entrega 10.000 becas de inglés online para escolares chilenos

    Con el objetivo de reforzar el trabajo de los y las docentes en la asignatura, el Programa Inglés Abre Puertas (PIAP)del Ministerio de Educación, está entregando licencias gratuitas para el English Online Course, un curso online desarrollado por la Universidad de Antofagasta que contempla tres niveles de ese idioma, desde elemental hasta el intermedio.

    Corresponden a los niveles A1 (elemental, a partir de séptimo básico), A2 (pre-intermedio, a partir de octavo) y B1 (intermedio, para enseñanza media) del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (CEFR por su sigla en inglés) y está alineado al currículum escolar. Una vez completado cada nivel, las y los estudiantes reciben un certificado de estudios por los contenidos aprobados, el cual se descarga de forma digital a través de la misma plataforma.

    Fernanda Gutiérrez (16), estudiante del Colegio Carlomagno de Quilpué en la Región de Valparaíso, aprobó el curso A1 y en estos momentos está avanzando en el nivel A2. Cuenta que ha tenido una muy buena experiencia gracias a su profesor quien le dio la oportunidad de reforzar y aprender el idioma de una forma distinta. “Este curso me ayudó bastante, reforcé mi gramática y vocabulario, pero también aprendí cosas nuevas”, señala la alumna.

    Los estudiantes que deseen ser parte de este proyecto sólo deben inscribirse en www.piapcursosonline.cl.

    Docentes Tutores

    Por su parte, los profesores de inglés pueden inscribirse como “docentes-tutores”. Esto les permite ocupar la cantidad de licencias requeridas con sus estudiantes y monitorear sus avances.

    Se recomienda a los docentes y sus estudiantes comenzar por el nivel A1 de inglés (dirigido a estudiantes de entre 7mo y 4to medio) y luego continuar con el A2 (estudiantes de 8vo), para finalizar con el B1 (nivel que un estudiante debería manejar en cuarto medio). Al completar el curso, sus estudiantes recibirán un certificado de estudios por completar los contenidos del nivel A1. (Importante, esto no es equivalente a una certificación internacional de nivel).

    ¿Cómo utilizar esta herramienta? Cada profesor puede decir la forma en que desea aplicarlo. Puede utilizarlo en su clase de inglés, realizar un taller extraprogramático, utilizarlo como material de apoyo fuera de la sala de clases o hacer un mix de todas las modalidades.

    Los cursos que entrega el PIAP están abiertos desde marzo de este año, y ya se han beneficiado más de 1.000 docentes y 40.000 estudiantes, en más de 3.000 establecimientos.

    Más información

    Para más información estudiantes y profesores pueden visitar el siguiente link o enviar sus consultas a [email protected]

Mineduc entrega 10.000 becas de inglés online para escolares chilenos

2017-10-31T10:23:40+00:00 Octubre, 2017|Actualidad|

Los cursos son de carácter gratuitos y están dirigidos a estudiantes de entre 7º básico y 4º medio que asisten a establecimientos con financiamiento estatal.

  • “Pinta Puertas”: un proyecto que refleja la importancia de involucrar a toda una comunidad escolar

    En toda la esquina de la Segunda Transversal de Maipú, una estrecha pero colorida escalera nos indica que vamos por el camino indicado. A lo largo de los peldaños se lee el nombre del colegio, el cual está escrito con teselas (piedra, cerámica, vidrios de diversas formas y colores), piezas utilizadas en una técnica artística conocida como mosaico. Llegas arriba y una estructura de color amarillo se impone a lo largo de una cuadra que desemboca en la entrada del Centro de Educación Técnico Profesional de Maipú (CTP). Entonces, el mosaico de la escalera empieza a cobrar sentido, al ingresar al colegio se percibe que prácticamente todas las paredes y puertas del establecimiento educativo están intervenidas con diversas técnicas artísticas y frases que inspiran a la comunidad educativa. “Cree en tí” y “vamos CTP con responsabilidad y transparencia” son solo algunas de ellas.

    Elige Educar

    Elige Educar

    Al final de un largo corredor lleno murales está la puerta de El Principito.

    Allí se encuentra Mariela Muñoz, la directora del CTP, institución que cuenta con 1.050 estudiantes y tres especialidades: Electricidad, Conectividad y Redes, y Gastronomía. Dos veces, Mariale ha sido seleccionada como directora de este colegio por Alta Dirección Pública, sistema que tiene como objetivo elegir a través de concursos públicos a directivos con probada capacidad de gestión y liderazgo. Hoy lleva más de 10 años y ha dejado un colorido sello que es difícil de ignorar. Todo comenzó el año 2012 con una pasantía que se ganó a través del Plan de Formación de Directores, gracias a ella pudo viajar a Canadá donde se sumergió en una realidad educativa inspiradora desde varios puntos de vista. Una de tantas cosas que la directora rescató de su viaje fue el arte como reflejo de una comunidad interculturalidad. Todo esto ha quedado plasmado en las puertas y muros de la escuela.

    Elige Educar

    Elige Educar

    Tras esta experiencia, Mariela vuelve y decide replicar esta idea estructurando un proyecto que involucró a toda la comunidad educativa: Pinta Puertas

    Guiados por los profesores jefes y la profesora de arte, cada curso hizo un boceto con lo que deseaban representar en cada una de sus salas. Después de definir el diseño, se eligió a un grupo de estudiantes que destacaban por sus capacidades artísticas para liderar este importante proyecto. Los demás estudiantes fueron preparados por una “Brigada de arte” para ejecutar la iniciativa. Todos debían ser parte de este proyecto colaborativo y así fue… Profesores y estudiantes movilizaron la escuela con sus pinceles. “Algo empezó a pasar con los colores, algo empezó a pasar con el respeto por lo que estaban haciendo, también hacia esa identidad que ellos querían darle a ese espacio que iba a ser su sala de clase”, dice Mariela sobre este proyecto que fue mucho más que una simple decoración.

    Elige Educar

    Elige Educar

    En dos meses, 50 puertas fueron pintadas y efectivamente, empezaron a suceder cosas positivas.

    “Lo primero que nosotros teníamos que tratar de normalizar era, lo cual es una tarea de todos los días, la sana convivencia escolar”, dice la directora, quien también cree que para eso, es indispensable transformar la escuela en un espacio seguro, en un espacio donde ellos se sientan importantes y dueños de su propio espacios. Con Pinta Puertas, esto fue posible… al ser un proyecto hecho por todos, los estudiantes entendieron la importancia de cuidar el espacio y cuidar las relaciones dentro del espacio. De hecho, según cuenta Mariela, en los dos últimos años, las situaciones de conflicto han disminuido y este cambio se empezó a dar justo después de que las paredes y las puertas fueran intervenidas con el corazón del proyecto educativo. “Desde las propias competencias y desde las ganas de aprender fueron logrando subir su autoestima y el respeto por el colegio como un espacio seguro y diferente a los demás”.

    Elige Educar

    Elige Educar

    Actualmente, el colegio tiene cientos de puertas que plasman la importancia de la electricidad, la gastronomía, la matemática, la ecología, el teatro, el arte…

    Pero sobre todo, que plasman el resultado y la importancia de un proyecto construído por todos y para todos, hecho que también se evidencia en los lemas y símbolos de la escuela, frases que se encuentran plasmadas en los muros y que son seleccionadas cada año por la directora en colaboración con estudiantes y docentes. A través de esto la comunidad educativa busca impulsar la gestión de objetivos, el trabajo en equipo, la innovación, la confianza, la unión, el aprendizaje colaborativo y la unión.

    Elige Educar

    Elige Educar

    “La participación y la colaboración son aspectos fundamentales que nosotros como directores de escuela deberíamos promover, no sólo en el decir, sino también en el hacer”, dice la directora quien en la realización del proyecto, pidió que su puerta (la de El Principito), fuera pintada al final, convirtiendo así, a todos los miembros de la comunidad, en protagonistas de esta iniciativa, una de tantas que han transformado la escalera de la entrada, la fachada, los muros, las puertas y los procesos de aprendizaje de este colegio Técnico Profesional.

“Pinta Puertas”: un proyecto que refleja la importancia de involucrar a toda una comunidad escolar

2017-11-02T17:00:33+00:00 Octubre, 2017|Comunidad escolar|

La directora Mariela Muñoz ha dejado una colorida huella imposible de ignorar a través de este proyecto.

  • Julio Pereyra, el profesor uruguayo que cambió las clases de historia por la enseñanza en escuelas ambulantes

    Como buen docente, cuando Julio Pereyra habla, lo hace dando todos los detalles. Por ejemplo, cuando cuenta de dónde dice: “soy de un pueblito llamado La Paloma, una ciudad balnearia. Un pueblo bastante costero, de tradiciones navales y marítimas. En el departamento de Rocha en Uruguay, cerca de la frontera con Brasil, pero hacia el otro lado, sobre la costa Oceánica”. Otra veces, cuando explica su profesión como docente, escribe que “el maestro es el (r)evolucionario social y la educación la revolución. Una tiza tiene más poder que una bala, y cada tiza que gasto estoy convencido de que es una bala que no se dispara”.

    Toda la entrevista con este profesor de 32 años se realiza vía Whatsapp, mediante notas de voz y mensajes, porque en el lugar que se encuentra no hay casi señal telefónica. Al momento de la conversación, está con algunos de sus alumnos en un parque en Paso de los Libres, una ciudad recóndita de Argentina, país que ha recorrido durante los últimos cuatro años con el proyecto “Escuelitas ambulantes Caminos de Tiza”, con la que ha realizado talleres y actividades de complementación educativa en distintas localidades del nordeste argentino con niños con dificultades económicas, de aprendizaje o motoras.

    “Mi trabajo es diversificado, en lo formal soy docente de apoyo a la inclusión en primaria, ya que ayudo a los maestros con técnicas y recursos. También soy docente de talleres de jóvenes en secundaria, dándoles técnicas de estudio y estrategias de aprendizaje y talleres sobre bullying , violencia, abuso, etc. Y comunitariamente formo a voluntarios y a los padres les enseño cómo ayudar en el proceso de enseñanza de sus hijos. Les explico cómo trabajar, armamos materiales juntos, estrategias, los alfabetizo para que ayuden a los hijos, les enseño lengua de señas, entre otras cosas”, explica.

    En todos los lugares en los que ha trabajado, su labor no se ha centrado únicamente en un nivel o en ciertas edades, debido a las necesidades de cada localidad. Durante su trayectoria profesional en Argentina, Pereyra ha enfrentado la muerte de varios niños, ya que ha trabajado en zonas con alto índice de leishmaniasis y dengue, entre otras enfermedades infecto-contagiosas y sin acceso a medicinas o a un servicio de salud.

    “Uno de los principales problemas es que mis niños casi no van a las escuelas porque tienen deserción o gran ausentismo. Por eso a los que van asiduamente a las escuelas, les doy apoyo escolar, hacemos la tarea, les enseño ortografía y trabajamos. Aquí todas las planificaciones son multigrado, como si fuera una escuela rural y me voy repartiendo las tareas con ellos. Mi otro trabajo, es con apoyo psicopedagógico, donde ayudo a niños que tienen problemas de motricidad profunda, es decir, que voy a los hospitales y a las casas, pondero a los padres indicándoles cómo trabajar, les enseño técnicas. Yo voy visitando niños toda la semana”, cuenta.

    Pereyra, quien es el primero de su familia con un título profesional y cuyos padres apenas cursaron la educación primaria, estudió en el Centro Regional de Profesores del Este (Uruguay) para ser docente de historia de secundaria, desde que inició sus prácticas laborales ha trabajado por la integración de niños con algún tipo de discapacidad social o física. Eso lo llevó a la Universidad de la República de Uruguay a estudiar un técnico en interpretación de lengua de señas uruguayas y después, como facilitador docente formó parte durante un año del Proyecto Flor de Ceibo, una iniciativa de la misma universidad que buscó desde 2008 hasta 2016 implementar un enfoque interdisciplinario en la formación de los estudiantes universitarios y crear más conciencia social.

    “Recuerdo que mis primeras experiencias docentes fueron en el Liceo Evha Maldonado, con un modalidad de trabajo inclusiva. Tanto con adolescentes con discapacidad como con adultos y ahí me empecé a interesar en desarrollar estrategias didácticas. Después pasé al programa Uruguay Estudia, para el complemento del trabajo secundario y me tocan personas sordas y con otras problemáticas del aprendizaje y ahí me empiezo a enamorar de esa faceta y a través del programa Flor del Ceibo, empiezo a vincularme mucho con la discapacidad a nivel de educación inicial”, explica.

    El resto de su historia se desarrolla en Argentina, por un amor. “Tomé la decisión de jugármela para construir una familia y aunque no funcionó, aquí sigo, pero jugandomela por los niños”.

    El sentido común como centro de la estrategia

    Las actividades lúdicas son parte de la estrategia de enseñanza de Pereyra. Por eso, en muchas de las imágenes que comparte en su página de Facebook se ven a los niños corriendo, pintando y haciendo morisquetas. Por ejemplo, en la escuela Vicente E Verón (Paso de los Libres) enseñó cómo funciona el aparato respiratorio mediante actividades manuales, que llevaron a los niños a realizar un pulmón con cartulina y un globo desinflado. En otra oportunidad, realizó un juego lúdico-didáctico con un niño autista, a quien le puso un espejo al frente y le enseñó las formas de expresarse (ver imagen). El juego consistía en darle consignas al chico y al representarla, el profesor le ponía una voz a estas. “Así se ayuda a dotar lo paraverbal”, cuenta este docente.

    “En la educación las técnicas para mi se basan en un precepto básico que supera todas la cuestiones de pedagogía y didáctica, se llama sentido común. Al conocer un niño uno sabe sus gustos y cómo puede aprender a partir de ese gusto o construir un recurso didáctico. Son cosas simples, a mi me gusta lo simple”, cuenta.

    Por el trabajo en las escuelas ambulantes que lo llevan a viajar constantemente en la profundidad del nordeste argentino, no cobra. Sobrevive con el sueldo que cobra con el trabajo que realiza como Docente Auxiliar Integrador (DAI) con un niño. Por esa labor filantrópica se ha ganado varios reconocimientos como el Premio Misionero de la Paz del Movimiento Mundial Acción de Paz y el Premio Internacional llamado “The Best” del Programa Internacional Escuelas Hermanas, por los logros de su labor docente, entre otros.

    Al trabajar por fuera de los marcos formales de la educación puedo reinventar muchas estrategias. Al no tener obligaciones curriculares o calendario escolar puedo innovar, descubrir y probar. Hago muchos talleres y conferencias a los maestros y lo que más trabajo es la forma lúdica, porque capté que en los procesos del lenguaje todo lo que tiene que ver con temas corporales y presentaciones, ayudan mucho a la incorporación y reconocimiento. No es jugar por jugar, sino que me propongo líneas de acción y planifico en base al juego (…) Y toca siempre tener en cuenta las condiciones y que los alumnos asistan”, reitera.

    Por eso, durante la conversación, entre mensajes y notas de voz, Pereyra repite: “Yo soy solo un paso en el camino”

Julio Pereyra, el profesor uruguayo que cambió las clases de historia por la enseñanza en escuelas ambulantes

2017-09-29T12:09:53+00:00 Septiembre, 2017|Los profesores importan|

Desde hace cuatro años este docente se ha adentrado en varias localidades del nordeste argentino para enseñar a niños de diversas edades y dificultades. Aquí parte de su experiencia.

  • Al rescate de la educación comunitaria

    Héctor tiene más de 40 años y trabaja en una feria de verduras todos los días. Excepto los lunes. Ese día le corresponde descansar, pero ahora decidió hacer otra cosa: volver al colegio.

    De pocas palabras, ojos pequeños, pero de mirada profunda, Héctor habla con timidez. Se sienta en el mismo grupo que su hijo Bastián, junto a otros cuatro compañeros de 2° básico. Están en clases de lenguaje en la escuela Valle de la Luna, de Quilicura. La clase está dispuesta en cuatro grupos de cinco niños. En todos ellos, como Héctor, se sienta un adulto, pero aquí no vienen a enseñar, sino a aprender de los niños.

    —Me motivé porque quise volver al colegio —dice con una sonrisa, mientras se detiene para atender a un niño que está estancado en un ejercicio de la guía “frutas y verduras”. La última vez que pisó una sala de clases fue en sexto básico, pero su interés por aprender lo mantiene.

    En la sala hay al menos cinco inmigrantes latinoamericanos, que son parte del tercio de extranjeros que tiene la escuela. Uno de ellos es una niña haitiana, y está en un grupo distinto al de Héctor. Se llama France y le cuesta el idioma, por lo que está atrasada con la materia. Pero no importa, María Angélica, una de las apoderadas del curso, puede explicarle de forma personalizada el ejercicio, mientras que el resto del grupo trabaja en lo suyo. Así pasan veinte minutos y la profesora les pide que dejen la actividad como está y que se cambien de grupo, y comienzan una dinámica distinta.

    La escuela Valle de la Luna es uno de los 28 colegios públicos y particulares subvencionados que se han capacitado en Comunidades de Aprendizaje en Chile desde 2014, un modelo de innovación educativo que nació en España y que está transformando las aulas. Importado y financiado por la Fundación Natura, hoy está en siete países de América Latina.

    Basado en la filosofía de Paulo Freire, uno de los pedagogos más influyentes de Brasil en el siglo XX, rescata el Principio Dialógico del Aprendizaje: a mayores interacciones e instancias de diálogo, mayor es el aprendizaje. “Todos sabemos algo. Todos ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”, era su máxima. Para Freire, el conocimiento no se transmite, sino que se construye. Propone un modelo de transformación mutua, a través de la solidaridad, y se abre a los padres, a los familiares, a los vecinos, y el barrio completo, que termina autoeducándose a través de este “aprendizaje compartido”.

    —En la sociedad de la información la educación para el futuro más que entregar contenidos tiene que fortalecer la capacidad de reflexión y argumentación, y eso se hace interactuando colectivamente —explica Teresa Izquierdo, directora de Focus, consultora que gestiona programas educacionales. Focus lidera el proyecto en Chile y tiene a su cargo 20 colegios, a los que les da seguimiento. Las otras instituciones de la red que forman, sensibilizan y acompañan en el proceso son Plural, Educación 2020, Ágape y la Universidad Adolfo Ibáñez.

    María Angélica, madre de Jairon Fernández, va sagradamente todos los lunes como voluntaria. Incluso no reconoce las asignaturas, porque, según cuenta, fue criada en el campo y en ese colegio —que tampoco terminó— “pasaban otras materias”.

    —Vengo para que la tía no esté sola. Aunque tenga un solo hijo aquí, hay que darle una mano. Todos son como si fueran mis hijos —dice María Angélica.

    El no ser un erudito, e incluso ser analfabeto en este modelo no importa porque el voluntario no está ahí para enseñar materias, sino para facilitar las interacciones entre los niños y asegurar que todo el grupo contribuya a la resolución de la tarea.

    —Asumir la exclusividad de la tarea educativa y aceptar que cualquier persona formalmente iletrada, o con otra cultura que no es la oficial, puede contribuir de manera determinante al aprendizaje de los niños, podía generar cierta resistencia, pero la verdad es que no la generó —dice el director del colegio, Jorge Robles.

    Sus comienzos en el cargo fueron difíciles: malos resultados en todos los índices y una compleja convivencia escolar, en que muchos de los alumnos provienen de contexto de drogadicción y donde se juntan niños con una diferencia de edad de hasta cinco años en una misma sala.

    Hoy pareciera ser que la escuela tiene otra cara: los índices de eficiencia interna, como repitencia, asistencia, matrícula y deserción, han mejorado, asegura el director, aunque plantea que es muy pronto para ver resultados.

    ***

    La primera comunidad de aprendizaje surgió en 1978 en un centro de educación de personas adultas en Barcelona. Durante varios años, la Universidad de Barcelona —a través del Centro de Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades (CREA)— investigó cómo desarrollar esa perspectiva de éxito educativo. Así llegó a elaborar el modelo de comunidades de aprendizaje y a mediados de los años 90 comenzó a implementarlo en escuelas.

    Luego el modelo se expandió a Latinoamérica y finalmente al resto de Europa.

    Entre 2006 y 2011 CREA coordinó un proyecto de investigación para superar el fracaso escolar al 2020, a través de la inclusión social, que se llamó Includ-ed. Este era parte del Programa Marco, que contó con la mayor inversión en recursos y equipo científico de parte de la Comisión Europea: más de cien investigadores de 14 países europeos miembros que trabajaban en escuelas en contextos multiculturales desfavorecidos lograron un aumento del 15% al 85% en el número de niños que alcanzaron niveles básicos de lectura. La clave de este éxito fue la participación de las familias de la comunidad local y la aplicación de este nuevo enfoque de vincular la educación con las circunstancias familiares.

    La investigación —que duró cinco años— le preguntó a los países más desarrollados en Educación qué hacían sus mejores escuelas para alcanzar altos estándares, y llegaron a la conclusión de siete actuaciones o prácticas educativas de éxito: tertulias literarias dialógicas, extender horario biblioteca, grupos interactivos, participación educativa en la comunidad, entre otras.

    —Con la investigación se extiende como evidencia que las actuaciones son transferibles y universales. Las Comunidades de Aprendizaje pueden aplicarse en Corea como en Chile, en Temuco como en Alto Hospicio, sostiene por Skype Rosa Valls, subdirectora de CREA.

    Además de ser avalado por la Comisión Europea, las revistas de la Universidad de Cambridge y Harvard han publicado y aceptado sus postulados.

    Incluso, en Barcelona, el colegio público Joaquim Ruyra —ubicado en un barrio conflictivo— superó con este método el nivel académico de algunos de los colegios privados más prestigiosos de Cataluña. La prensa española la denominó la escuela “milagro”.

    ***

    La transformación comienza con los sueños de las escuelas. En una jornada que dura todo el día los estamentos educativos exponen sus aspiraciones. El colegio Valle de la Luna la realizó el 2 de junio, y su director cuenta que la mayoría de los sueños de los niños tenían que ver con mejorar la infraestructura y los patios. Y ya empezaron a rediseñarlos.

    Luego viene un periodo de sensibilización: dar a conocer las prácticas en la comunidad y formar a los profesores y voluntarios.

    Ese mismo proceso vivió uno de los colegios públicos más antiguos de la comuna de Padre Hurtado. En 2014 la escuela República Argentina estaba en crisis no sólo económica, sino de falta de espíritu de innovación, y a pesar de los 130 años de historia, los resultados eran bajos.

    El director, Andrés Hernández, cuenta que los primeros días en el cargo, hace tres años, fueron duros: a pesar de que quería hacer cosas nuevas, no sentía el apoyo de la comunidad interna. Hasta que conocieron Comunidades de Aprendizaje por Focus y Educación 2020 y se atrevieron a dar el paso. Fue la primera escuela pública de la Región Metropolitana en llevar este modelo a sus etapas avanzadas.

    Al principio costó convencer a la comunidad educativa, e incluso fueron cuestionados por la Agencia de Calidad de la Educación. Pero las cosas fueron cambiando desde que en 2015 la comunidad entró a las aulas. Los índices de eficiencia interna mejoraron: por ejemplo, la repitencia cayó del 20% en 2015, al 2% este año.

    —En un comienzo el gran temor de los profesores era que se iban a sentir observados por los apoderados, pero al final están tan concentrados en la actividad que se les olvida. Incluso no observan a sus hijos, perdieron ese temor —dice el director.

    Gladys, una de las formadoras de CA en esa escuela y profesora jefe de séptimo básico, vivía una especie de crisis vocacional cuando llegó el nuevo director.

    —Estaba que me iba del sistema. Nadie le daba sentido al acto de educar. La escuela recibía lo que botaba la ola y a los profesores los embargaba una decepción pedagógica —recuerda. Para ella, Comunidades de Aprendizaje fue como una pequeña luz. Motivó al director, un tanto escéptico al principio, de conocer en profundidad ese nuevo enfoque.

    —Ahí pensamos cómo incorporar el modelo al colegio. Empezamos con esto y reviví, dice. De hecho, se ofreció como una de las primeras voluntarias en los grupos interactivos.

    —Lo que más me costó fue quedarme callada, porque uno tiene la autoridad. Ahí te das cuenta de que el otro es importante para aprender —dice riéndose.

    Dos años después, eso lo agradecen.

Al rescate de la educación comunitaria

2017-09-26T08:39:19+00:00 Septiembre, 2017|Actualidad|

Desde hace dos años que en las aulas de casi 30 colegios públicos en Chile se está desarrollando una nueva forma de aprender basada en la interacción de la comunidad con los estudiantes. Apoderados, familiares, vecinos o voluntarios entran a la sala y entre todos construyen el aprendizaje.

  • La frase de Michael Jordan que explica a la perfección la importancia del trabajo en equipo

    “El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos”. Esta frase, pronunciada por el icónico ex-jugador de baloncesto estadounidense, Michael Jordan, es muy relevante, no sólo porque fue dicha por alguien que alcanzó inmensos logros en el deporte, sino porque es aplicable a múltiples contextos, entre esos, la escuela. Las palabras del deportista son claras: la mejor forma de llegar muy lejos y alcanzar objetivos comunes, es trabajando de manera colaborativa, pues en equipo, todos los roles se potencian al máximo. Y esto aplica no sólo entre estudiantes sino en todos los grupos que hacen parte de una comunidad educativa.

    Entre alumnos

    En muchos colegios se están implementando proyectos o metodologías innovadoras basadas en el trabajo colaborativo y eso se debe a que cada vez es más clave centrar los procesos de formación en estrategias que a futuro puedan ser aplicadas por los estudiantes en el mundo real. Construir ideas, desarrollar el liderazgo, definir roles y buscar soluciones, son algunos de los elementos que un estudiante puede aprender a través del trabajo en equipo, lo que efectivamente le permitirá desarrollar habilidades sociales necesarias como la empatía, la tolerancia y la capacidad de resolver problemas. La suma de estas habilidades son el camino para alcanzar objetivos, y como dice Jordan, “ganar campeonatos”.

    Entre profesores

    Realizar algunas tareas con éxito sólo es posible si todos colaboran en pro de las necesidades de los estudiantes. La importancia del trabajo colaborativo fuera del aula es tan importante como dentro de ésta, pues es el camino para crear espacios, actividades y estrategias que permitan el desarrollo profesional y personal. Trabajar en equipo no es sólo compartir un espacio, es también compartir ideales, formas de trabajo, intereses y aportar a un interés común, a una meta. Esto también significa poder identificar fortalezas, debilidades y mecanismos de mejora que se puedan proyectar en el trabajo con los estudiantes.

    Un trabajo de todos

    El trabajo en equipo en un establecimiento educativo tiene como propósito alcanzar un mismo fin que involucra a todo quienes hacen parte de un equipo: directivos, profesores, alumnos e incluso padres de familia. Sólo así, el fundamento de la frase de Michael Jordan cobra sentido y adquiere un valor que va más allá del contexto en el que lo dijo. “El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos”, aquellos campeonatos en los cuales profesores y estudiantes participan para el alcanzar el premio más importante de todos: el aprendizaje.

La frase de Michael Jordan que explica a la perfección la importancia del trabajo en equipo

2017-09-22T17:18:37+00:00 Septiembre, 2017|Comunidad escolar, Mejora docente|

Hace unos años, el icónico jugador de baloncesto resumió en una corta frase, el valor de trabajar de manera colaborativa para cumplir objetivos.

  • Escolares de Los Andes son premiados en Brasil con exposición sobre petroglifos espaciales

    Delegación chilena, compuesta por establecimientos educacionales de todo el país, fue elegida como la mejor del encuentro científico.

    Cada solsticio y cada equinoccio, durante seis años, los alumnos de la Escuela El Sauce de Los Andes subieron al Cerro Mercachas, que está prácticamente en el patio del establecimiento.

    En la cumbre, a 1.600 metros de altura, justo en las fechas de cambio de estación, los muchachos copiaron en sus cuadernos los petroglifos que los antecesores de los incas hicieron en muros y en hileras de rocas. Al anochecer, con un telescopio, observaban el cielo.

    “Muchos dibujos de las piedras están orientados hacia la salida de distintos cuerpos celestes”, cuenta el profesor Carlos Montenegro, director de la Academia de Astronomía Willka Wara, de esa escuela. “En el invierno, como a las cinco de la mañana, salen las Pléyades, Venus y otros cuerpos celestes sobre el Aconcagua y al costado. Ahí nos tenemos que amanecer, porque tenemos que esperar la salida del sol”, explica. El Mercachas, también conocido como La Tabla, era un mirador astronómico.

    Con este proyecto de arqueoastronomía, la escuela integró la delegación chilena de establecimientos que participaron en el Expo Science International (ESI) 2017, un encuentro científico en el que participaron jóvenes de 80 países y que se desarrolló entre el 7 y el 12 de agosto en Fortaleza, Brasil.

    La delegación chilena fue premiada como la mejor del encuentro que, más allá de la ciencia, sirve como un punto de intercambio cultural.
    El trabajo de la Escuela El Sauce causó sensación en el encuentro, dice el profesor Montenegro. “Llama la atención porque no se trabaja mucho la arqueoastronomía a nivel educacional. Es bien poco lo que se ve en los congresos”, explica.

    El stand de la escuela en el centro de eventos Fábrica de Negocios de Fortaleza fue el 33 y en él abundó la música. “Le pusimos La Ramada Los 33. Colocamos cueca y se llenó de gente. Los niños estaban súper contentos”, cuenta.

    Dos alumnos de la academia tuvieron la suerte de viajar: Jorge Navarro, de octavo básico, y Martín Barraza, de sexto.

    “Fue una experiencia interesante, nueva para mí y muy motivadora para seguir en la ciencia”, dice Jorge. Su mamá trabaja en una tienda de artículos para el hogar y su papá es enfierrador. “Ella estaba muy emocionada cuando me fui, porque ninguno de mis hermanos ha tenido la oportunidad de viajar internacionalmente”, recuerda.

    Vive muy cerca del Mercachas y está acostumbrado a subir toda clase de cerros, pero nunca había hecho observaciones científicas. Cuando salga de cuarto medio quiere estudiar medicina veterinaria, pero asegura que la astronomía le interesa. “Más que nada para saber y para enseñarles a mis hijos y a mis nietos”.

    Antes de viajar a Brasil, Jorge y Martín tuvieron que reforzar el inglés, porque en estos encuentros es la única forma de comunicarse con muchachos de Estados Unidos o de Europa.

    “Somos una escuela municipal rural y entregamos educación de calidad. Sólo es necesario una cuota de vocación y compromiso social con los alumnos que atendemos. Nuestros logros sólo han sido el resultado de creer en nuestros niños y no ponerles techo”, explica Lilian Uribe, directora de la Escuela El Sauce.

    “Fue una experiencia interesante, nueva para mí y muy motivadora para seguir en la ciencia” Jorge Navarroalumno de octavo básico

    Queule, leguminosas e imanes, algunos de los trabajos que se ganaron el derecho a viajar

    19 proyectos se ganaron el derecho a participar en el Expo Science International (ESI) 2017, que organiza el Movimiento de Actividades Recreacionales en Ciencia y Tecnología, conocido por su sigla en inglés Milset. El Club de Ciencias Chile, en la Expo Ciencias Nacional, escoge a los mejores trabajos, que deben pasar una serie de etapas, a lo largo de prácticamente un año.

    Uno de ellos fue “Contaminar menos es… papita”, realizado por alumnas del Colegio Pablo de Rokha, en Orilla de Maule, a tres kilómetros de San Javier, en la Séptima Región.

    El Instituto Linares, de esa ciudad, clasificó con el proyecto “Propiedades antioxidantes y antimicrobianas de extractos de Gomortega keule”. El queule o Gomortega keule es un árbol endémico de Chile. El Colegio San José de Parral, en la Séptima Región, tuvo dos proyectos seleccionados: “Propiedades fungicidas de aceites esenciales” e “Influencia de los campos magnéticos en el crecimiento de las leguminosas”.

    Generalmente los establecimientos seleccionados tienen un club de ciencias y una trayectoria de triunfos en ferias escolares.

Escolares de Los Andes son premiados en Brasil con exposición sobre petroglifos espaciales

2017-08-24T09:10:13+00:00 Agosto, 2017|Actualidad|

Delegación chilena, compuesta por establecimientos educacionales de todo el país, fue elegida como la mejor del encuentro científico.

  • Aprender fuera de cuatro paredes es la clave detrás del éxito de este liceo en Quilicura

    Como una forma de premiar a los alumnos que destacan por cumplir con la asistencia y fomentar el compañerismo, el establecimiento los invita a pasear por cuatro días por el sur del país. Desde que se instauraron los viajes, el comportamiento de los estudiantes ha mejorado en forma importante.

    Stephanie Capristán supo que su visita a la Región de La Araucanía sería una experiencia distinta cuando en vez de sacar su celular para alumbrar, decidió dejarse guiar por la luz de la luna.

    “Teníamos que caminar por un sendero oscuro cerca de un río. Y mi instinto fue usar la tecnología como ayuda, pero después me di cuenta de que el reflejo de la pantalla molestaba y que era mejor aprovechar la naturaleza. Todo el viaje terminó siendo un poco de eso; de volver a conectarnos con la naturaleza”, cuenta la estudiante de 4° medio del colegio Padre Pedro Arrupe de Quilicura, institución de dependencia particular subvencionada.

    La joven de 18 años se remite a un viaje que hizo hace dos años en compañía de nueve compañeros, además de algunos profesores y el rector de su colegio. En ese entonces visitaron Pucón, conocieron las termas de la zona, alojaron en el Parque Nacional Conguillío e hicieron caminatas en las que conocieron sobre la flora y fauna del sector.

    “Los paseos son una forma de aprender fuera del aula. Porque puedes tocar temas de geografía, de historia… ¡de física incluso! Es distinto hablar sobre conceptos que se relacionan a un volcán cuando ves que tienes uno al lado. Mirar un lago puede ser una forma de partir una conversación sobre cómo cuidar los recursos hídricos del país”, plantea Manuel Arredondo, director del colegio y quien en 2014 sugirió dar un vuelco en la forma en la que se premiaba a los alumnos más destacados del colegio.

    Desde ese año, todos los estudiantes de 2° medio que llegan puntuales al colegio, que obtienen un promedio de notas sobre cuatro, que presentan una asistencia de más de 90% y que no tienen problemas de convivencia, pueden participar en el viaje. Este se financia con recursos de la Subvención Escolar Preferencial y con aportes de la Fundación Arturo Irarrázaval Correa.

    Alumnos motivados

    El interés por ser parte de la experiencia ha hecho que el número de inscritos pasara de siete alumnos durante el primer año de la experiencia, a más de 40 en 2017.

    Los cambios de conducta y la mayor responsabilidad que muestran los escolares, luego de que se instauraran las bases para participar en el Proyecto Conguillío, hicieron que este año el colegio Padre Pedro Arrupe fuera seleccionado para formar parte de la Red de Escuelas Líderes de Educación en Pobreza, iniciativa que impulsan Fundación Chile, Fundación Educacional Arauco, Fundación Minera Escondida y “El Mercurio”. Su objetivo es destacar la labor de colegios que entregan educación de calidad en contextos vulnerables. En el caso de este establecimiento, el índice de vulnerabilidad de los alumnos de educación básica llega al 78%, mientras que en media alcanza el 73%.

    “Aunque para nosotros, el término vulnerable no es parte del lenguaje. Nuestros estudiantes no tienen límites para soñar y se están movilizando para alcanzar sus propósitos sin miedo”, indica el director, quien entrega un dato a modo de ejemplo: ocho de cada 10 alumnos que se graduaron del colegio en 2016 hoy cursan una carrera en el sistema de educación superior.

    Obtener un título profesional es justamente el sueño de Maximiliano González, alumno de 4° medio que aspira a convertirse en Ingeniero Informático y que en 2015 conoció la Región de La Araucanía con sus compañeros. “Es un premio que uno se gana, entonces uno se motiva por seguir haciendo las cosas bien”, dice de la experiencia.

    “Hubo un día en que caminamos como una hora para ir a conversar con una señora de origen mapuche. Y fue eso, pasar el rato con personas con realidades distintas a las nuestras: nos mostró sus gallinas y nos presentó frutas de la zona”.

    Durante los cuatro días que duró la visita a esa región, los jóvenes también tuvieron la oportunidad de conversar con apicultores, quienes les comentaron sobre la importancia de cuidar mejor a las abejas. “Uno toma conciencia de su labor y empieza a entender todo lo que significan para el planeta. Lo mismo nos pasó con los árboles; ahora entendemos que no es llegar y cortarlos”, dice Stephanie Capristán.

    Con orgullo, la estudiante cuenta que este no es solo un discurso aprendido, sino algo que el colegio se toma muy en serio. “Para no talar el árbol que cruzaba el casino donde comemos, se decidió abrir el techo. El árbol tiene una protección que le permite seguir creciendo sin problemas”, comenta.

Aprender fuera de cuatro paredes es la clave detrás del éxito de este liceo en Quilicura

2017-08-22T08:57:44+00:00 Agosto, 2017|Actualidad|

En Chile, el Colegio Padre Pedro Arrupe de la Región Metropolitana reconoce el esfuerzo de sus estudiantes con salidas pedagógicas.

Cargar más posts