Cuando el cansancio te apremie, recuerda que ser profesor sí vale la pena

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Cuando el cansancio te apremie, recuerda que ser profesor sí vale la pena

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En su cuento “La maestra es un capitán”, el autor italiano Antonio Ferrara nos sumerge en la vida personal y profesional de una profesora que hace una reflexión íntima y conmovedora sobre sus desafíos y los triunfos.

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Escrito por: Camila Londoño

Noviembre 10, 2017

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La maestra es un capitán

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“Y entonces se me hace un nudo muy grande en la garganta y mil agujas me pinchan los ojos, y pienso en la valentía de las maestras. En sus corazones intrépidos. En su determinación implacable”… Esta frase es el desenlace del relato en primera persona de una maestra que siente que le faltan fuerzas para continuar, de una maestra que piensa que se equivocó de profesión, de una maestra que también es madre y que después de un largo día de trabajo en una escuela sin recursos, debe llegar a casa para seguir trabajando. La gripe, la falta de materiales en la escuela, el alboroto de los niños, las reuniones con padres y las necesidades de su hija en casa, son sólo algunas de las obligaciones con las que tiene que lidiar esta docente que se mueve a diario entre lo profesional y la vida privada.

El panorama de la protagonista de esta historia escrita por el italiano Antonio Ferrara, poco a poco va transformándose en un discurso que posiblemente muchos profesores comparten.

En un diálogo interno y solitario, esta profesora empieza a recordar momentos como la lectura de cuentos, a compartir anécdotas como el desahogo de un niño que necesita ayuda, a pensar en las situaciones cotidianas de la sala de clase, en las preguntas planteadas, en las canciones cantadas, en los materiales utilizados y sobre todo, en el poder de creer en los niños porque “si crees en los niños, pueden llegar a ser grandes, pueden llegar a ser CUALQUIER COSA”, dice ella.

De repente, todo el cansancio tiene sentido y la frustración se convierte en un esfuerzo constante que es recompensado con abrazos, talento, risas, comentarios de admiración y aprendizajes. Entonces ella finalmente lo entiende… entiende que sí vale la pena esa lucha, que sí vale la pena enseñar porque no hay nada que la haga más feliz.

“Y entonces recuerdo que está Alicia que baila ligera, y que está Carlos que pinta como si fuera Caravaggio, y cuando se pone delante de la hoja con pasteles en la mano se transforma, se pone serio, se muerde la lengua y hace una obra de arte. Y después me la regala. Y Rafaela, que canta como una sirena. Y Federico, que tiene a papá en el paro. Y Ana, que tiene a mamá entrando y saliendo del hospital. Y Lucas, que escribe poesía y dice que su maestra es ‘el capitán de la nave’. Y entonces se me hace un nudo muy grande en la garganta y mil agujas me pinchan los ojos, y pienso en la valentía de las maestras. En sus corazones intrépidos. En su determinación implacable. Y entonces sonrío.

–¿Por qué sonríes?–me pregunta Mateo.
–Porque soy feliz”.

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