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  • La mejor profesora del mundo y el mejor de Chile se reunieron en Pucón

    Maggie MacDonnell conoció la realidad de su par Eligio Salamanca.

    Un histórico encuentro cultural y pedagógico ocurrió en La Araucanía: la profesora canadiense Maggie MacDonnell, reconocida como la mejor profesora del mundo por el premio Global Teacher Prize concedido a principios de este año por la Fundación Varkey, visitó ayer el “hogar escolar” de Eligio Salamanca, reconocido por el mismo galardón como el mejor profesor de Chile.

    La visitante, de 38 años, trabaja en una escuela Ikusik en el Ártico de Canadá, específicamente en la villa Salluit, donde enseñó a los hijos de las comunidades indígenas de esquimales, denominados Inuit. Allí, MacDonnell conoció una cruda realidad: altos niveles de suicidio juvenil, los cuales buscó sobrellevar con programas educativos que involucraban el deporte.

    Recibimiento

    Con este reconocimiento, la joven docente fue recibida entre bailes, expresiones culturales y diversas actividades en la Escuela Municipal de Quelhue, en la comuna lacustre, lugar de trabajo de Salamanca. “Tuvimos una bienvenida muy acogedora, con generosidad y hospitalidad maravillosa. Llevamos gente indígena del Ártico que conoció gente mapuche, probablemente por primera vez en la historia. Un momento que siempre compartiremos”, relató.

    MacDonnell es consciente de las diferencias que existen entre un estudiante indígena y uno que no lo es, visión que aplicó tras su contacto con niños pertenecientes a comunidades indígenas locales. “Aprendí que cuando el sistema de educación se adapta y se transforma para converger con las necesidades locales y acepta la cultura indígena, es la receta para garantizar el éxito, y eso se puede comprobar aquí en la escuela con Eligio”, dijo.

    Desde el punto de vista de la profesora canadiense, las mayores dificultades que deben enfrentar estudiantes indígenas en zonas rurales son el esfuerzo en el aprendizaje y la supervivencia en lugares remotos.

    “Los profesores que están nivelando la educación son excepcionales. Estoy segura que hay muchos como Eligio en Chile, pero el verdadero profesor que logre nivelar esta diferencia actuará como agente social y, cuando el Gobierno y líderes mundiales se den cuenta de la diversidad de personas indígenas, recién ahí restaurarán su dignidad”, contó.

    Por su parte Eligio Salamanca, el profesor más destacado de Chile, reconoce que uno de los principios que comparte con MacDonnell es la visión de educación, “entendiendo que es un proceso que tiene que recoger y vincular la contextualidad, las necesidades y características de los estudiantes y las familias, y trabajar con ellos incorporándolos al currículum escolar”.

    El seremi de Educación, Marcelo Segura, calificó como un privilegio la visita de “la Nobel de la Enseñanza” y valoró el interés tanto de los estudiantes de Quelhue como también de estudiantes de la carrera de Pedagogía que presenciaron el encuentro. “Como Región de La Araucanía fuimos la única que el año recién pasado tuvimos a dos profesores que lograron estar entre los cinco finalistas a nivel nacional y esperamos que este 2017 más profesores de la Región puedan postular y presentarse al Global Teacher Prize para que podamos tener ojalá de nuevo al mejor profesor de Chile y poder estar entre los 50 finalistas a nivel mundial”, consignó.

    El alcalde de Pucón, Carlos Barra, aprovechó la instancia para aplaudir al reconocido Salamanca. “Estamos orgullosos que esta modesta escuela municipal, que ha crecido a punta de esfuerzo, haya tenido en sus filas al mejor profesor de Chile. Y si a eso le sumamos esta visita de la mejor del mundo, es algo maravilloso, que nuestros niños no olvidarán”, contó.

    Además, el encuentro marcó el inicio del proceso de postulación para el segundo año del Global Teacher Prize en Chile. Para participar, cualquier persona que desee destacar a un profesor puede postularlo a través de la página www.globalteacherprize.cl.

La mejor profesora del mundo y el mejor de Chile se reunieron en Pucón

2017-06-27T12:10:28+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Los profesores importan|

Maggie MacDonnell, la profesora que enseña a comunidades indígenas en el Ártico de Canadá, se reunió con Eligio Salamanca, profesor chileno que enseña en una comunidad mapuche, para compartir sus experiencias en el sistema educativo.

  • Profesores, movilizadores de cambios

    Hace unos días se lanzó la segunda versión del “Global Teacher Prize Chile”, premio conocido como “el Nobel de la enseñanza”. En este contexto conocimos a Maggie MacDonnell, profesora canadiense que fue elegida – entre más de veinte mil postulantes – como “la mejor profesora del mundo”.

    Maggie ha desarrollado su trabajo en un contexto complejo, con altas tasas de pobreza, embarazo adolescente, abuso de drogas, y suicidio. Para enfrentar estos retos Maggie ha generado distintas actividades: desafió los típicos roles de género en sus estudiantes; implementó una guardería donde los alumnos más grandes trabajan con profesionales experimentados y creó un programa de nutrición saludable y un centro deportivo para los jóvenes y adultos de la comunidad.

    Sin duda la experiencia de Maggie impacta, motiva, y también nos invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la docencia. ¿Qué atributos debe tener un profesor y qué condiciones requiere para desarrollar su labor?

    Es difícil responder en pocas palabras una interrogante tan compleja. No existen recetas mágicas pero sí, algunos elementos clave que deben considerarse. Junto al conocimiento pedagógico de lo que deben enseñar, es clave que tengan altas expectativas de sus estudiantes. Cuando los docentes confían en las capacidades de sus alumnos y alumnas, se despliega el potencial transformador de la educación, no solo enseñamos, cambiamos vidas a través del aprendizaje.

    Al respecto, según la última encuesta “Voces Docentes”, a pesar de las condiciones adversas del ambiente en el que se desenvuelven, un 66% de las y los profesores está seguro o totalmente seguro de lograr que sus estudiantes comprendan los contenidos que se ven clases, y un 87% se siente totalmente seguro de obtener el máximo potencial de sus alumnos y alumnas.

    Es importante valorar además los avances que la Reforma Educacional ha conseguido en cuanto a las condiciones en las que debe ejercerse la labor del profesor. El Sistema de Desarrollo Profesional Docente mejora las remuneraciones a través de la implementación de una carrera profesional; entrega más tiempo para la labor no lectiva; eleva los estándares de la formación docente, e incorpora cambios importantes al proceso de evaluación de los profesores.

    Con todo, uno de los principales desafíos de los próximos años será seguir impulsando la valoración social de esta profesión en el país, y por eso celebramos la importancia de iniciativas como el Global Teacher Prize organizado por Elige Educar, que una vez más este año nos permitirá conocer a profesores y profesoras que día a día se la juegan por el desarrollo de los estudiantes del país, y que están llamados a ser reconocidos como grandes docentes, no solo en Chile, también en el mundo entero.

Profesores, movilizadores de cambios

2017-06-27T10:25:44+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Los profesores importan|

En la siguiente carta Carlos Henríquez, Secretario Ejecutivo de la Agencia de la calidad de la Educación (Chile), nos invita a reflexionar sobre la importancia del rol docente:"no solo enseñamos, cambiamos vidas a través del aprendizaje".

  • ¿Por qué decenas de niños decidieron ir a la escuela en falda en Reino Unido?

    Unos 30 niños escolares decidieron asistir a clases en falda en protesta por el reglamento de la institución que no les permitía ir en pantalón corto.

    Los alumnos de la Academia ISCA en Exeter, en el suroeste de Inglaterra, habían pedido permiso para modificar el uniforme debido a las altas temperaturas que se han registrado recientemente en el país.

    “No nos permiten usar shorts pero yo no voy a estar en pantalón largo todo el día, hace bastante calor”, declaró uno de ellos.

    No es la primera vez que esto sucede en Reino Unido.

    En 2011, durante una ola de calor, un alumno de una escuela en Cambridge que prohibía el uso de shorts se dio cuenta de que no había nada en el reglamento que impidiera a los niños usar falda y decidió ponerse una para ir a clase.

    El conflicto no parece tener nada que ver con la insensibilidad de las autoridades escolares hacia los estudiantes, sino con el deseo de no violar los estatutos.

    La directora de la Academia ISCA, Aimee Mitchell, aclaró que los shorts “no forman parte” del uniforme escolar.

    Los estudiantes dijeron que la idea de la protesta vino de la misma directora, que originalmente hizo la sugerencia, aunque alguno de ellos dudó de que estuviera hablando en serio.

    La esperanza de los alumnos es que la escuela reconsidere su política sobre los shorts como resultado de la protesta. La directora no lo ha descartado.

    Camino a la escuela, los alumnos gritaban “¡Permitan a los niños usar shorts!”

    “Reconocemos que los últimos días han sido excepcionalmente calientes y estamos haciendo el máximo esfuerzo para que tanto estudiantes como el plantel se sientan tan cómodos como sea posible”, aseguró Mitchell.

    “En la actualidad, los shorts no forman parte de nuestro uniforme para niños y no quisiera hacer ningún cambio sin consultar tanto a los estudiantes como a sus familias”.

    “Sin embargo, como el tiempo cálido se está volviendo la norma, estaría dispuesta a considerar un cambio para el futuro”.

    Claire Reeves, cuyo hijo estudia en esa escuela, dijo que preguntó si él podría ir en pantalón corto pero que la idea fue “echada por tierra”.

    “Me siento muy orgullosa de que defiendan sus derechos. La gente siempre está hablando de igualdad de derechos para hombres y mujeres y el uniforme escolar no debería ser una excepción”, expresó.

    El código de uniforme de las escuela permite a los niños usar pantalón largo y a las niñas usar tanto pantalón como falda. Los estudiantes pueden quitarse la corbata y sacarse la camisa por fuera del pantalón o la falda mientras están en clase pero deben arreglarse cuando salen del aula.

¿Por qué decenas de niños decidieron ir a la escuela en falda en Reino Unido?

2017-06-22T11:18:10+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Comunidad escolar|

Una historia para reflexionar sobre sobre la pertinencia del uniforme escolar y de las diversas normas que existen al interior de los establecimientos.

  • Los colegios se rebelan

    Centros escolares sin asignaturas, sin libros y con libertad para los alumnos. Cada vez más colegios optan por pedagogía alternativa. Los resultados son tan sorprendentes como los métodos.

    El barrio de la Ventilla, en Madrid, está escondido. El Paseo de la Castellana, la avenida de Asturias y el parque de La Ventilla lo encajonan y aíslan del resto de la ciudad. En ambas calles, en los años 60, levantaron grandes edificios de viviendas para que, cuando uno entrase en Madrid por el norte, no viese desde la ventanilla la pobreza de La Ventilla.

    Hoy sigue siendo un barrio popular y humilde. Y, desde hace unos años, está custodiado por las cuatro torres; cuatro rascacielos que se yerguen sobre las casitas de ropa tendida en la ventana y teja gastada. En el corazón del barrio, con el recreo a los pies de los rascacielos, existe un colegio llamado Centro de Formación Padre Piquer. Parece un cole de barrio más. No lo es.

    De Madrid a Vilanova de Arousa, en Pontevedra, solo hay un salto. El necesario para girar en un cruce improbable desde una carretera comarcal en pleno corazón de las Rías Baixas. Tras dos curvas y un par de baches, se llega al CEIP Viñagrande-Deiro. Otra vez, desde fuera, nada especial.

    Ambos, Padre Piquer y Viñagrande, son dos de los -cada vez más numerosos- centros y colegios que imparten una educación alternativa en España. ¿Aulas fijas, asignaturas y libros de textos? Eso es pasado en estos lugares.

    “Aquí trabajamos con ámbitos, no con asignaturas”. Lo explica en el laboratorio del colegio Ángel Serrano, director general del Padre Piquer, un centro que es concertado y propiedad de la Fundación Montemadrid. A él acuden alumnos a partir de 12 años, un desafío añadido en lo que a pedagogía alternativa se refiere. “Tenemos el ámbito socio-lingüístico y el matemático-científico. No tenemos asignaturas ni libros de texto, trabajamos con material digital, en grandes grupos de unos 60 alumnos y con tres o cuatro profesores. Llevamos a cabo proyectos y trabajos en los que el alumno tiene la iniciativa y el profesor le va guiando. Tienen un margen de libertad muy amplio, ellos deciden por dónde avanzan. Y encima con adolescentes, cuando lo habitual es que este tipo de metodología se implemente en educación infantil”.

    Y así funciona la educación infantil en el Viñagrande, colegio público. Su director es Javier García, un joven que, hace tres años, a punto estuvo de abandonar su carrera docente. “Entré en este colegio y me encontré a profesores desmotivados y alumnos sin energía. Tenía dos opciones: o me iba o cambiábamos esto de arriba a abajo”. Y lo cambiaron.

    Javier y su equipo empezaron a tirar muros y tabiques para proporcionar espacios abiertos. “Y más que tiraríamos su pudiésemos”, dice. Abandonaron los libros de texto y las asignaturas. Y mezclaron a los alumnos por edades. Los de primero y segundo trabajan juntos, igual que los de tercero y cuarto y los de quinto y sexto. En su caso, la materia de enseñanza se clasifica por contextos. Tienen cuatro: el humanístico, el literario, el matemático y el científico. “Los niños van participando en proyectos, no seguimos las lecciones de un libro. En el proyecto, además de aprender la materia, la trabajan en distintos ámbitos, hacen reportajes, la tuitean, intercambian ideas… La diferencia con lo que hacíamos hace años es abismal”.

    En ambos centros la atmósfera está lejos de la que un niño de los años 80 (ni hablar si nos retrotraemos más) sentía al entrar en su colegio. Mientras cruzamos el patio del colegio Padre Piquer, podemos ver a dos niñas pintando sobre sendos caballetes mientras otros chicos juegan al tenis y, de fondo, un tercer grupo completa un mural en una pared. Un ambiente renacentista en pleno barrio popular de Madrid.

    Clase de Educación Física en el Colexio Viñagrande de Vilanova de Arousa. ÓSCAR CORRAL / El País

    En el Viñagrande nada parece un colegio. Las aulas son amplias, luminosas y están llenas de estímulos: libros, ordenadores, murales, pizarras, juguetes, un supermercado de plástico, fotografías, cámaras de vídeo, tablets, trípodes… Los niños se mueven de un espacio a otro, sin aparente orden ni concierto. Una profesora pasa descalza por el pasillo. “Y, sin embargo, están trabajando”, dice Javier. “Están trabajando muchísimo. Cada chaval está en un proyecto y el profesor les va orientando y ayudando. Tienen que completar los proyectos de la misma forma que antes tenían que aprenderse la lección. Solo que la forma es muy distinta”.

    Echando un ojo en los alumnos se perciben niños y niñas llenos de energía, ansiosos por completar proyectos. “Sentar a un niño a las 9 de la mañana y pretender que te esté escuchando cinco horas es absurdo”. Por eso, en Viñagrande, lo primero que hacen los alumnos al llegar es una hora y media de ritmo, movimiento y gimnasia. María Castro, profesora de Educación Física, lo explica. Y en su discurso emplea términos como “sinapsis, corteza cerebral, hemisferios, reflejos primitivos, psicomotricidad…”. Y lo que María cuenta es que “un niño de 6 años es puro movimiento. O los estimulamos o los medicamos en nombre de la hiperactividad para que estén seis horas sentados en silencio”.

    Las nuevas corrientes

    Padre Piquer y Viñagrande aplican metodologías alternativas a las habituales en el sistema educativo español. Cumplen la ley y son sometidos a inspecciones continuas. El resultado es el mismo, los alumnos salen formados. Lo que cambia es la forma.

    Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema, define este genérico y amplio concepto de pedagogía alternativa como “hacer las cosas de manera muy flexible. Encontrar lo que motiva a los alumnos y trabajar con eso”.

    Eulàlia Torras, doctora y profesora de la Universidad Internacional de Valencia, añade que “las propuestas de la educación actual no son contrarias a la educación tradicional, al contrario, las bases se encuentran en modelos de ciencias de la educación que venimos utilizando desde hace muchos años. La innovación pone énfasis en las potencialidades de las tecnologías de la información y la comunicación”.

    Existen distintas escuelas o métodos, la mayoría de ellos creados a principios del siglo pasado. Uno de los que más éxito está teniendo es el de la escuela de Waldorf, en el que la autorrealización el alumno es el objetivo prioritario. No existen asignaturas ni libros y los niños no aprenden a leer ni escribir antes de los 7 años, ya que emplean ese tiempo en jugar y desarrollarse.

    La pedagogía Montessori, de origen italiano, deja libertad al niño y el profesor se convierte en observador. El método Regio Emilia, también italiano, se basa en experiencias reales y el Changemaker busca la transformación social mediante la creatividad. Hay muchos más métodos: Doman, Kumon, Amara Berri… Todos se caracterizan por diferenciarse de los métodos tradicionales y por dar mayor autonomía y libertad al alumno y al sistema de enseñanza.

    Aula de enlace del Padre Piquer, donde los alumnos recién llegados a España aprenden castellano. LUIS SEVILLANO ARRIBAS / El País

    Explica Eulàlia Torras que, básicamente, todos los métodos responden a tres tendencias: “el conductismo, el cognitivismo y el constructivismo. El constructivismo es actualmente el que cuenta con un mayor número de modelos educativos”.

    “No somos hippies”

    “Hay padres que creen que aquí somos hippies. Y de hippy ya me dirás tú que tengo”, dice Javier riendo, a la entrada del Viñagrande. “Una cosa es que el alumno sea más libre aquí y otra que haga lo que quiera. No. Aquí estamos constantemente vigilando, atendiendo y supervisando a los alumnos para que rindan al máximo”.

    De hecho, los métodos de evaluación del Viñagrande son más rigurosos que los de colegios tradicionales. “Les calificamos a diario. Valoramos cómo desarrollan sus proyectos y tienen notas cada día. Lo que pasa es que ponemos el foco en lo positivo, en lo que se les da bien, e intentamos potenciarlo. Realizamos informes para los padres y siempre empezamos por lo bueno, por lo que se le da bien al alumno. Para que los padres se estimulen”.

    En el Padre Piquer también se han encontrado con la desconfianza de algunas familias cuando, en el año 2003, instauraron su nueva metodología de trabajo. Mónica Díaz-Masa es la coordinadora del Aula Cooperativa Multitarea del colegio. “Desde que implementamos este método, solo dos familias han sacado a sus alumnos del centro. Normalmente, las familias que desconfían de este sistema, son familias con niños de muy buenas notas, que temen que si viene a un centro así empeore su rendimiento”. Sin embargo, los datos del Padre Piquer son claros: 85% de éxito escolar (graduados) y un absentismo de solo el 0,7%, uno de los más bajos de España.

    Y eso en un centro con 1.100 alumnos en el que el 77% de ellos están becados. Es decir, la mayoría procede de familias de clase media y baja y con riesgo alto de abandono escolar. Por si fuera poco, en el Padre Piquer hay niños y niñas de 34 nacionalidades distintas y ocho religiones. Todo un mosaico que, para sorpresa de muchos, funciona. “A los tres meses ya notamos un cambio bestial”, dice Ángel. “A los padres que nos muestran dudas, además de explicarles en qué consiste esto, les mostramos los datos. Y son incontestables”.

    Más allá de desconfianzas u opiniones, está la ley. Todas las escuelas del territorio español deben adaptarse al sistema educativo, dependiente tanto de la administración central como de las autonómicas. Este sistema obliga a incorporar competencias básicas, tales como comunicación lingüística, matemáticas, ciencia, iniciativa, civismo, etcétera. Mientras se logren estas competencias, la ley es flexible en el cómo.

    Tanto el Padre Piquer como el Viñagrande, al igual que el resto de colegios de España, reciben inspecciones períodicas y deben responder ante sus respectivas Consejerías. “Ven que nuestros sistemas están funcionando y no tienen motivos para ponernos obstáculos. La administración es favorable a ir evolucionando”, explica Javier García.

    Una evolución que parece inevitable. El sistema de hace solo dos décadas ya no sirve para los niños del siglo XXI. “Muchos padres imaginan la educación de sus hijos tal y como fue la suya, pero al igual que no es lo mismo ir al médico hoy que hace 40 años, tampoco la educación es igual. Los sistemas de nuestros padres no responden a las necesidades de los niños de hoy”, explica Carmen Pellicer. “Los centros con metodologías innovadoras son los que están mostrando menor tasa de absentismo escolar y menor fracaso. Eso significa que están funcionando”.

Los colegios se rebelan

2017-06-22T10:51:07+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Cómo aprenden los niños, Comunidad escolar|

Cada vez más colegios optan por una pedagogía que pone a los estudiantes en el centro del aprendizaje. ¿Cómo lo hacen? ¿Cuáles son sus claves? Descúbrelo en la siguiente nota de El País.

  • Este profesor de Quelhue recibió premio morrocotudo

    Desde la Araucanía viajó a Santiago para lanzar la versión 2017 del concurso Global Teacher Prize, que busca al docente más destacado del país.

    Hace 29 años que Eligio Salamanca da clases en la escuela municipal G776 de Quelhue, en la zona rural de Pucón. Ahí tiene 50 estudiantes de distintos cursos que toman clases todos juntos. “Tengo apoderados que fueron alumnos míos”, dice el profesor Salamanca, quien nunca ha querido dejar la zona donde creció.

    Solamente sale de su colegio para recibir premios. Ya ganó el Global Teacher Prize Chile 2016, que lo acredita como el mejor docente del país y uno de los dos compatriotas nombrados entre los 50 mejores del mundo. Tuvo que ir a Dubai para que le dieran el premio de $10.000.000. Y este frío martes se paseaba por los pasillos de la escuela Salvador Sanfuentes, en Santiago, en el lanzamiento de una nueva versión del concurso. Ahí sus colegas le palmoteaban la espalda, los alumnos lo seguían para tomarse fotos y saludó a Maggie MacDonnell, la ganadora del galardón mundial.

    Ahora que será jurado del certamen 2017, que abrió sus postulaciones, el profesor Salamanca cuenta cómo son sus clases, que comienzan cada día con una lectura escogida por los alumnos, para seguir con las materias habituales. La diferencia está en cómo mide en forma práctica el conocimiento adquirido: a través de un huerto.

    “En él los alumnos pueden hacer mediciones, cálculo de costos, ganancias que pueden obtener con lo que han sembrado”, explica el pedagogo. En el invernadero sus niños plantan hortalizas, flores y algunos frutales. “Más que producir, la idea es que eso sirva para complementar los aprendizajes. Y en ese sentido nos interesa mucho que conozcan tecnologías nuevas, como riego por goteo, que hagan experimentos y descubran lo que no saben”.

    El profesor explica que este método nació para tratar de llevar la escuela a la práctica y que forme parte de la vida de sus alumnos. “La escuela a veces está haciendo cosas que no tienen sintonía con los sentimientos, con los problemas y con las necesidades que tienen los estudiantes en el día a día”, reflexiona Salamanca.

    -Desde su experiencia ¿qué le falta a la escuela chilena?

    -Muchas cosas. Por ejemplo, falta inglés, es una gran deuda que comprobé. Son muy pocos los países donde los profesores no pueden desempeñarse en inglés.

    -¿De qué le sirvió el premio?

    -No es solo lo que viene monetario o los viajes. El gran premio es el aprendizaje y contacto con otros profesores, otras realidades de escuelas. Creo que no es necesario cambiar el mundo, porque esa es una utopía. Sí es necesario cambiar a los pequeños estudiantes en sus aulas, su propio mundo.

    Postulaciones abiertas

    El Global Teacher Prize es una iniciativa internacional de Varkey GEMS Foundation y en Chile lo desarrolla la ONG Elige Educar. Hasta el 14 de agosto están abiertas las inscripciones en todo el país; puede postular el profesor directamente o ser nominado por un tercero. ¿Requisitos? Estar actualmente en ejercicio y hacer clases entre kínder y cuarto medio, en cualquier tipo de colegio. El ganador recibirá $10.000.000 y los cinco finalistas serán postulados a la versión internacional del concurso.

    La nominación y postulaciones se realizan a través de un formulario online en el sitio www.gtpchile.cl

    Los criterios que se miden son reconocimiento en su entorno local, que use metodologías innovadoras, logros más allá del aula y que prepare a los niños para ser ciudadanos globales. “Hay miles de profesores que transforman las vidas de sus alumnos y sus comunidades a través de su compromiso pedagógico. Queremos reconocer su labor”, comenta Hernán Hochschild, director ejecutivo de Elige Educar.

    La maestra más premiada no pasa frío

    “¿En serio, este es su invierno?”, preguntaba Maggie MacDonnell, mirando los gorros y parkas que lucían los alumnos del colegio Salvador Sanfuentes en Santiago. Claro, ella venía llegando después de un viaje de tres días desde Salluit, en Canadá. Es un pueblito de 1.400 habitantes en el Ártico, donde las temperaturas llegan a 25 grados bajo cero. La maestra se ganó el Global Teacher Prize por su labor en esa comunidad inuit (pueblo esquimal) y, al recibir el premio de un millón de dólares, dijo que lo donaría para crear una fundación que recupere la práctica del kayak en su localidad. Su mensaje para los jóvenes chilenos: “Las únicas personas que saben realmente cuál es el mejor profesor del mundo, son los estudiantes”.

Este profesor de Quelhue recibió premio morrocotudo

2017-06-21T22:50:24+00:00 Junio, 2017|Actualidad|

Este martes estudiantes y profesores de la Escuela Básica Salvador Sanfuentes recibieron a Maggie MacDonnell y Eligio Salamanca para lanzar una nueva versión del Global Teacher Prize Chile. Durante esta actividad LUN habló con los protagonistas y esto fue lo que contaron.

  • La clase magistral de la mejor profesora del mundo en Chile

    Maggie MacDonnell es una canadiense de 36 años que en marzo ganó el Global Teacher Prize, considerado el Nobel de la educación. Días antes de visitar Chile por primera vez, habla con “Sábado” sobre su vida, la escuela en el Ártico que revolucionó y qué espera conseguir después de ganar el premio.

    Ahora la profesora Maggie MacDonnell está en movimiento. Va en un auto, saliendo de Toronto, donde fue a un festival de cine a ver en pantalla grande una película sobre una de las cosas que ha conseguido: el club de corredores de la escuela Ikusik en Salluit, un pequeño pueblo de 1.400 habitantes en el extremo norte canadiense. Ese logro, entre muchos otros, le valió en marzo pasado el Global Teacher Prize, el premio que entrega la Fundación Varkey a la mejor profesora del mundo.

    Antes de embarcarse a Chile, invitada por Elige Educar para lanzar la versión local de este galardón y realizar una conferencia con revista “Sábado”, Maggie MacDonnell, de 36 años, cuenta cómo llegó a ser lo que es hoy.

    Creció en Afton: un pueblo canadiense rural de la región de Nova Scotia, Canadá, cercano a una reserva del pueblo originario de los paq’tnkek. Por eso tenía muchos compañeros de cursos indígenas. Eso la marcó.

    -Tuve padres que me enseñaron, desde muy joven, que estábamos viviendo en su tierra. Y que las inequidades que yo veía eran el resultado de una historia colonial que no era justa. Aunque había fronteras obvias y aparentes entre las dos culturas, traté de dar lo mejor de mí para hacer amigos con ellos. Lo logré con algunos, pero veía que muchas veces se sentían más cómodos en su propio grupo social, haciendo cosas entre ellos. No había muchos como yo que trataran de cruzar esas barreras.

    El deseo de ser profesora, más que de enseñarles cosas a otros, vino por el deseo que ella siempre tuvo de hacer con gente más joven. Trabajar en un colegio era una forma de perseguir esa compañía. Como también disfrutaba del deporte estudió cinética, una carrera que estudia el movimiento del cuerpo humano que, según describe, es como la educación física. Lo hizo en la Universidad Saint Francis Xavier.

    Cuando se graduó, postuló a una pasantía en el Instituto Internacional Coady. Ellos la mandaron a Botswana, donde trabajó en un orfanato que cuidaba a niños con VIH, o que eran hijos de padres con VIH. En África estuvo cinco años. También laboró en programas deportivos para refugiados del Congo y Burundi. Durante esa experiencia fue que conoció a su marido: un hombre de Tanzania, entrenador de básquetbol, llamado Abdullah Kafashe.

    Hace siete años su hermana Claire, que trabajaba como asistente social en una región del Quebec, le dijo que en una escuela de allá necesitaban a una profesora. Era en el pueblo de Salluit, un lugar solo accesible por avión, donde el frío durante los inviernos alcanza los -25 °C, en el que mayoritariamente viven miembros del pueblo originario inuit.

    -Sentí que como una canadiense no indígena realmente quería tener el privilegio de trabajar en una comunidad indígena. Principalmente, y puede que suene egoísta, para tener la oportunidad de aprender más sobre nuestra historia. Sabía que allá había algunos problemas muy profundos y enquistados, y que no iba a ser una tarea fácil. Pero si podía ir y aprender más sobre los que mis compatriotas indígenas tenían que vivir, me iba a sentir muy privilegiada. Una canadiense que fue criada de una manera no indígena, con padres que tenían educación universitaria, yo misma siendo una profesional universitaria, teniendo el privilegio de ir a trabajar a sus comunidades como profesora.

    Luego de una entrevista por Skype que hizo mientras estaba en el Congo, MacDonnell se quedó con el puesto. Su próximo destino sería la escuela Ikusik. Un establecimiento donde 200 alumnos estaban acostumbrados a una cosa: que los profesores nuevos se fueran con la misma facilidad con la que llegaban.

    Los icebergs

    Cuando Maggie MacDonnell llegó a Ikusik, en 2010, tenía 10 alumnos. Eran todos hombres, entre 13 y 18 años.

    -Tenía un programa diseñado específicamente para niños que eran vulnerables. O en riesgo de desertar del colegio. O que ya habían desertado, porque en las comunidades del norte de Canadá no muchos niños terminan el colegio. Entonces tratábamos de desarrollar un programa alternativo para crear un curso donde pudiéramos concentrar más atención en ellos y ofrecer lo que llamamos “aprendizaje basado en un proyecto”. Eso quería decir que aprendieran habilidades para la vida.

    En simple, lo que MacDonnell tenía que hacer era entusiasmar a un grupo de estudiantes que, incluso a los 12 años, ya habían desertado, o que podían desertar, con un curso distinto. La meta era que volvieran, se quedaran algunos años y, ojalá, se graduaran. Ya sea con ese programa diferenciado o reinsertándose en el currículo tradicional del colegio. Pero para eso tenían que confiar ella y no era fácil. Sobre todo porque ella no era inuit.

    -No logré integrarme tan rápido como en otros países donde viví. Entendía que el hecho de que fuera una canadiense no indígena allá, era mucho más polémico que ser una canadiense en Botswana. En las comunidades indígenas había un saludable nivel de desconfianza hacia los afuerinos, porque estaban acostumbrados a que no aguantaran el aislamiento y el clima. Además, muchos llegaban sin estar preparados para la realidad social y esa es otra carga para los inuit. Porque tenían que educar a quienes supuestamente tenían que trabajar con ellos.

    La fórmula que MacDonnell aplicó fue simple: tener dos ojos, dos orejas y una boca.

    -Traté de escuchar y ver mucha antes de emitir cualquier juicio sobre algo. Sentía que mis alumnos eran como icebergs. Si solo reaccionaba a que se estaban portando mal, tal vez los iba a castigar. Pero si miraba debajo de la superficie, que es donde está el 80 por ciento del iceberg, veía alumnos que se sentían solos o lidiaban con un trauma muy grande. Entendí que necesitaban compasión y no castigo. Así que tuve que ser muy paciente.

    Con esa mirada, Maggie descubrió qué había detrás de los alumnos problemáticos. Escuchó historias de abandono, adicción y abuso. ¿Cómo logró ese nivel de cercanía? Iba a apoyar cualquier actividad que hubiera en el centro comunal. Si la comunidad necesitaba voluntarios para algo, ahí estaba ella. Pedía ayudar en los asados y fiestas de los padres de sus alumnos. Pero aun así, MacDonnell no podía combatir la gran tragedia de Salluit: los suicidios adolescentes. En todos sus años ahí, dice, perdió a 10 alumnos.

    -Recuerdo presenciar el funeral de un alumno y lo doloroso que era ver a sus compañeros enterrarlo. Yo sabía que esos jóvenes querían tener un lugar seguro donde estar, un espacio donde pudieran soltar sus emociones. Pensé que hacerlo a través del deporte sería bueno para mí y también para ellos. Porque ellos podrían plantearse sueños, alcanzarlos y yo podría ver cómo los conseguían.

    Maggie MacDonnell buscó subsidios y fondos en todo el país, y consiguió los recursos para construir un centro de entrenamiento, fundar un club para corredores e instalar un cocina comunitaria en un pueblo donde además de contar con una muy mala conexión a internet, hay problemas con el agua potable y el alcantarillado, la comida es cara y, añade, viven una crisis habitacional.

    -¿Hay algún estudiante que usted sienta que salvó?

    -Soy muy precavida al usar la palabra salvar porque hay demasiados discursos de salvación. Especialmente cuando tienes a gente blanca trabajando en lugares colonizados. Así que yo no diría que salvé a mis alumnos.

    -Entonces un alumno al que usted influyó positivamente.

    -Hay una niña que recluté para mi curso. Ella es la mayor de sus hermanos y básicamente tomó el rol de criarlos. Estaba en el programa académico normal, pero con muchas dificultades. No porque no fuera inteligente, sino porque yo siempre entendí que ella estaba acostumbrada a estar al mando, porque dirigía todo en su casa. Entonces le costaba tomar órdenes de adultos en un contexto más estricto y autoritario. Por eso siempre tenía problemas de conducta y se la pasaba en la oficina del rector, suspendida o expulsada de la sala. Me alegró mucho cuando sugerí que se uniera a mi programa y ella estuvo de acuerdo, porque yo podía darle más flexibilidad de horarios.

    Maggie le encontró empleo a esa niña. Todas las mañanas hacía un reemplazo en la guardería comunitaria. Así ganaba algo de plata, aprendía a hacer un trabajo con la ayuda del personal y por las tardes iba a clases con MacDonnell. En esa guardería, dice la profesora, esa niña encontró afecto. Hoy, ya graduada, esa exalumna trabaja en el colegio como consejera.

    -Ella pasó de ser una niña que se la pasaba castigada en la oficina del rector a ser un recurso para la escuela. Alguien que es bilingüe, que habla inuktitut e inglés, que puede trabajar uno a uno con niños problemáticos porque tiene un entendimiento de su realidad mucho más acabado que nosotros, que no somos indígenas, y que nunca tendremos. Entonces es bonito verla ahora en la oficina, aconsejando. Porque significa que le dimos un giro en 180 grados a su situación.

    Lo pendiente

    Maggie MacDonnell dice que solo se dio cuenta del impacto que había causado en sus alumnos cuando un equipo de la Fundación Varkey, que entrega el premio a la mejor profesora del mundo, llegó a Salluit a hacer un pequeño video para su candidatura. Ahí, explica, muchos exalumnos contaron que ella no solo los apoyó para graduarse y entrar a la universidad, sino que también los ayudó a superar etapas difíciles en que tuvieron ideas suicidas. Muchas veces esos eran pensamientos de los que ella nunca se había enterado.

    El 19 de marzo, en Dubái, recibió el galardón. Declaró que pensaba destinar el millón de dólares del premio a un programa que recupere la tradición del kayak entre los inuit. Después de eso ha viajado por el mundo, siempre acompañada de alumnos, para hablar en distintas charlas y conferencias. Pero su cabeza sigue puesta en Salluit. En cómo hacer que este premio sea una forma de crear conciencia sobre las penurias que viven los indígenas. La falta de resultados, hasta ahora, la indigna.

    -El gobierno canadiense no ha construido las mil casas que se necesitan en la región. Tampoco ha modernizado el consultorio para convertirlo en un hospital, ni entregado instalaciones de salud mental adecuadas, o un programa concreto antiadicciones en la comunidad. No sé cuándo veremos un gran cambio, pero espero que venga. Por ahora quiero ver si puedo cambiar la imagen estereotipada y negativa que existe sobre los indígenas. Creo que debemos entender que el éxito de los indígenas es un éxito para todos.

La clase magistral de la mejor profesora del mundo en Chile

2017-06-22T11:20:16+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Los profesores importan|

Maggie MacDonnell, la mejor profesora del mundo, comparte detalles de su vida como docente en el Ártico canadiense.

  • “Para enseñar ciencias hay que meter las manos en la masa”

    Fomentar las actividades prácticas desde niños permite que la sociedad en su conjunto se motive a estar mejor alfabetizada científicamente. Esto ayuda a sustituir peleas por debates en torno a temas como el cambio climático.

    Cuando todavía ejercía como profesora, Barbara Crawford pidió a sus alumnos de 12 y 13 años dibujar la primera imagen que se les viniera a la mente al pensar en un científico. El resultado fue el que muchos otros docentes han registrado al hacer la misma actividad: bosquejos de hombres mayores sentados en un laboratorio y sin compañía, usando batas “y con uno que otro frasco de gas burbujeando a su lado”, comenta la estadounidense, quien, asustada por el estereotipo en el que caían sus estudiantes, decidió conversar con ellos respecto de los muchos roles que puede ejercer una persona dedicada a la ciencia.

    “Me dijeron que lo sabían. Muchos comentaron que estaban al tanto de que gran parte del trabajo científico se hace al aire libre y que las mujeres son parte importante de la labor que se realiza”.

    -¿Y cómo se explican los dibujos?

    “Los niños se justificaron diciendo que como se les había pedido dibujar la idea del científico como concepto, habían preferido basarse en eso que retrata la televisión, que es el estereotipo. Asumieron que eso es lo que también quería ver el colegio”.

    Trabajo conjunto

    Indagar en estereotipos y derribar mitos es justamente la labor que tiene la Organización Mundial para la Mejora de la Enseñanza de las Ciencias y el Aprendizaje a través de la Investigación -Narst, por sus siglas en inglés-, la institución que Crawford preside y de la que habló durante su paso por Chile, donde fue invitada por el Ministerio de Educación a participar en el VII Congreso Nacional y Latinoamericano de Ciencias. Frente a más de 450 profesores y educadoras de párvulos que participan en el programa de Indagación Científica para la Educación en Ciencias, la educadora comentó que uno de los modelos que resultan más atractivos para la enseñanza de ciencias es el de llevar a los científicos a la sala de clases.

    -¿Esto, a modo de reemplazo de los profesores?

    “No. Y eso es importante que se sepa, porque se tiende a pensar que para mejorar la enseñanza de ciencias solo se necesita a personas especializadas en el área, cuando la realidad es que un sujeto que no sabe de pedagogía no puede llegar e instalarse en la sala de clases. Se requiere poder generar confianza con los niños, entender sobre currículum y saber hacer planificaciones. Son cosas complicadas. La propuesta aquí es que se trabaje en conjunto, mediante un modelo colaborativo en donde los colegios convocan a equipos científicos para que den ideas respecto de cómo tratar algunos temas”.

    -¿Para que lo que se puede estar viendo en un libro de texto también se lleve a la práctica?

    “Claro, lo que trae a flote otro problema de la educación actual. A los profesores se les pide que enseñen a sus alumnos involucrándolos en investigaciones, fomentando las preguntas, recolectando e interpretando datos. Pero resulta que los docentes pocas veces tienen esa experiencia ellos mismos. Hay una brecha entre lo que se les exige y la forma en que se los capacita. Para enseñar ciencias hay que meter las manos en la masa”.

    -Esta brecha de la que habla, ¿se da en profesores que enseñan desde preescolar a enseñanza media?

    “Me alegra que eso sea un tema a tratar, porque como los profesores de niños de menos edad enseñan más de una materia, se tiende a pasar por alto la necesidad de capacitarlos en ciencias. Eso es un error gravísimo, porque si los alejamos del área, ellos no van a transmitir su importancia a sus alumnos, que pasan por una etapa crucial de descubrimiento”.

    -¿Qué rol debe jugar el Gobierno si se trata de fomentar una mejor enseñanza científica en los escolares?

    “Me parece importante que existan programas que incentiven el estudio de las áreas Stem (siglas en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Pero creo que el problema más importante no es ese, sino el hecho de que existan personas que creen que la ciencia es para unos pocos. La alfabetización científica debe ser para todos, porque entender conceptos científicos es algo que beneficia a la sociedad en su conjunto. Eso el Gobierno debe destacarlo: en una época en que enfrentamos problemas sociales, económicos y medioambientales, necesitamos contar con personas capaces de entender de qué se está hablando cuando se hace mención del cambio climático, por ejemplo. Ese conocimiento no puede quedar a merced de unos pocos”.

    Como ciudadana de un país que se acaba de retirar del Acuerdo de París y donde la discusión sobre cómo enseñar la evolución no ha sido zanjada, Barbara Crawford cree que ante situaciones como esas, lo importante es que los profesores enseñen a sus alumnos a debatir. “Si se quiere mantener una postura, es importante saber justificarla con datos concretos”, dice.

“Para enseñar ciencias hay que meter las manos en la masa”

2017-06-19T11:58:00+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Cómo aprenden los niños|

Una entrevista con la profesora Barbara Crawford quien asegura que, fomentar actividades prácticas de ciencias, permite que la sociedad se motive a estar mejor alfabetizada científicamente.

  • La mejor profesora del mundo viaja a La Araucanía para conocer a la comunidad de su par chileno

    Durante su paso por el país, la educadora también lanzará la versión local del Global Teacher Prize, el concurso que destaca las mejores prácticas pedagógicas alrededor del mundo.

    Hace tres meses, la vida de Maggie MacDonnell dio un vuelco. Pasó de ser la desconocida profesora de una escuela de Salluit -una villa dentro del Ártico canadiense a la que no se accede por tierra-, a una de las educadoras más reconocidas del planeta tras ganar el Global Teacher Prize. El premio lo entrega anualmente la Fundación Varkey, luego de una selección previa que reconoce las mejores prácticas pedagógicas del mundo: en el caso de Maggie, el jurado destacó su compromiso con alumnos que debido al aislamiento sufren de depresión y tienden a autodañarse. Para revertir su falta de motivación, la propuesta de MacDonnell fue crear un programa de habilidades blandas y una academia deportiva que los ayuda a alejarse de los vicios.

    Celebración mapuche

    Maggie MacDonnell llegará a Chile este lunes para promover el lanzamiento de la versión local del Global Teacher Prize. Por segundo año consecutivo, y bajo el auspicio de Elige Educar, a partir del martes, cualquier persona podrá postular al premio a un profesor significativo en su vida. También los docentes que crean estar marcando una diferencia en sus comunidades podrán inscribirse a través de www.globalteacherprizechile.cl. Entre los inscritos se elegirá a cinco finalistas y un ganador, quien, además de un premio monetario, tendrá la oportunidad de representar a Chile en la versión internacional del certamen.

    “Casos como los de Maggie están escondidos en el mundo, y lo que este concurso busca es dar a conocer sus historias, dar cuenta del desafío profesional que significa ser profesor. Ella está muy entusiasmada de hablar de su experiencia y mostrar que son muchos los que pueden estar haciendo cosas similares”, comenta Hernán Hochschild, director ejecutivo de Elige Educar.

    Durante su paso por Chile, MacDonnell realizará clases magistrales con educadores locales, se reunirá con la ministra de Educación y la Presidenta, sostendrá una reunión con el Colegio de Profesores y participará en un desayuno de Icare.

    Entre las actividades que más le entusiasman está la visita que realizará a Quelhue, localidad rural a 10 kilómetros de Pucón y el lugar donde hace 28 años enseña Eligio Salamanca, profesor de niños de entre 6 y 13 años que estudian en un mismo curso. Debido a sus ganas de sacar adelante a los niños a los que enseña, el año pasado Salamanca obtuvo el título de mejor profesor del país.

    Durante su paso por La Araucanía, MacDonnell también dará charlas a futuros profesores en el campus Villarrica de la Universidad Católica y participará con la comunidad en la celebración del Año Nuevo mapuche, We Tripantu.

La mejor profesora del mundo viaja a La Araucanía para conocer a la comunidad de su par chileno

2017-06-19T10:57:20+00:00 Junio, 2017|Actualidad|

Maggie MacDonnell, ganadora del Global Teacher Prize, llega a Chile este lunes para lanzar la versión local de este importante reconocimiento.

  • Reconocimiento de la labor docente

    Señor director:

    Probablemente es primera vez que en la cuenta pública de nuestros gobernantes se hace referencia al rol clave de los y las asistentes de la educación y eso debe valorarse. Más importante es la promesa de la Presidenta en torno a un proyecto de estatuto para este grupo educador tan importante en las aulas y escuelas del país. Los asistentes de la educación cumplen una diversidad de funciones de apoyo, algunas de carácter profesional como el trabajo de kinesiólogos, orientadores, fonoaudiólogos; otras de carácter específico expresadas en las tareas de paramédicos, asistentes de párvulos o contadores, y aquellas que cumplen los auxiliares de servicio y mantención. Los establecimientos los necesitan a todos y no podrían funcionar sin ellos.

    La significancia del rol y tareas que cumplen los y las asistentes de la educación fue relevado durante las discusiones ciudadanas que generaron el Plan Maestro, que a su vez sirvió de insumo a la Ley de Desarrollo Profesional Docente. Se destacaron varias tareas pendientes: el reconocimiento del rol que cumplen como apoyo a los aspectos docentes y administrativos de sus establecimientos, la necesidad de ampliar su dotación en función del tamaño, contexto geográfico y realidad social de esos establecimientos, la necesidad de utilizar criterios de equidad y justicia en los regímenes de contratación que actualmente son disímiles y, por fin, en virtud de ser parte de las comunidades educativas de sus establecimientos, otorgarles participación en las instancias de reflexión, diálogo y deliberación, como también oportunidades de formación y desarrollo profesional continuo.

    Por lo anterior, y reconociendo la importancia que tiene la nueva ley de Desarrollo Profesional Docente, no queda sino apreciar el anuncio de la Presidenta de complementar esa ley mediante un estatuto propio para los y las asistentes de la educación, que establezca claramente sus roles y funciones y condiciones de trabajo adecuadas a la importancia de su labor.

    Beatrice Ávalos
    Premio Nacional de Educación
    Investigadora CIAE U. de Chile

Reconocimiento de la labor docente

2017-06-20T18:23:13+00:00 Junio, 2017|Comunidad escolar, Los profesores importan|

A través de la siguiente carta , Beatrice Ávalos busca visibilizar la importancia de los asistentes de la educación. "Los establecimientos los necesitan a todos y no podrían funcionar sin ellos", señaló.

  • Adolescentes chilenos logran medalla en Olimpiada Mundial de Genios en Nueva York

    Un equipo chileno compuesto por un profesor y dos estudiantes lograron medalla de plata en la Olimpiada Mundial de Genios realizada en Nueva York, Estados Unidos.

    Se trata de los adolescentes de 15 años Felipe Islas y Luciano Imas, quienes cursan Segundo Medio en el Instituto Andrés Bello de Talca, los que con la guía del profesor de Química Fredy Segura alcanzaron el segundo lugar en el importante evento.

    En la ocasión los jóvenes talquinos dieron a conocer su gran descubrimiento: un antibiótico natural. Tal como confirmó Segura a BioBioChile, alcanzaron podio dentro de 750 proyectos que participaron.

    “Es primera vez que chilenos participan de estas olimpiadas, y ahora estamos en Manhattan porque vamos a celebrar”, agregó.

    Chile en la Olimpiada Mundial de Genios

    Estudiantes de Talca obtienen segundo lugar en Olimpiada Mundial de Genios en Nueva York: presentaron un antibiótico natural http://rbb.cl/h4ek

    Posted by Radio Bio Bio on Friday, June 16, 2017

     

Adolescentes chilenos logran medalla en Olimpiada Mundial de Genios en Nueva York

2017-06-16T23:59:33+00:00 Junio, 2017|Actualidad, Comunidad escolar|

Alumnos de segundo medio del Instituto Andrés Bello de Talca y su profesor de Química Fredy Segura, nos demostraron que con perseverancia y compromiso todo es posible.

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