Así es el colegio Reggio Emilia donde los estudiantes VIVEN el aprendizaje

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Así es el colegio Reggio Emilia donde los estudiantes VIVEN el aprendizaje

En el Colegio Arrayán San Miguel no hay puertas en las salas de clase, tampoco hay puestos frente a una pizarra y los materiales están al alcance de todos, incluso de los más chicos. Todo esto sucede por algo y se explica a través de una filosofía que permite que los niños sientan, aprendan y vivan la vida de una manera diferente.

Escrito por: Camila Londoño

junio 19, 2018

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Los niños llegaron a las 8:30 de la mañana a esta casa que parece un trozo del sur de Chile en medio de la capital. El sonido de una canción folclórica sonaba a la entrada del Colegio Arrayán San Miguel, mientras uno a uno, entraban para dar inicio al día. Ubicados en sus salas de clase sin puertas, como todas las mañanas, se sentaron en un círculo sobre cojines junto a sus atelieristas (profesoras). Algunos niños utilizaban una especie de cuenco tibetano para compartir las emociones positivas que marcarían el rumbo de la jornada escolar; otros, hablaban, compartían experiencias y cerraban el círculo con una sesión de mindfulness cerrando los ojos, respirando profundo y viviendo el momento presente.

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En toda la jornada de la mañana se oía música en diferentes espacios.

En una sala, hacían una actividad en círculo donde los estudiantes creaban movimientos corporales y repetían las acciones que sus compañeros hacían. Era una atelier (taller artístico) de expresión corporal a través del cual los niños se estaban conectando con su cuerpo. “Todo el aprendizaje y todas las emociones están muy ligadas a eso y el atelier de expresión busca que ellos sean conscientes de ello; de que el cuerpo es parte de todo lo que ellos hacen, viven, sienten y aprenden”, explica Susan, la profesora (atelierista) que estaba liderando la actividad. En otra sala, un niño hacía una exposición sobre un libro utilizando un teatro de sombras; uno de sus compañeros lo ayudaba en su representación teatral. En el patio, algunos hacían malabares y telas y en otro espacio, dibujaban encima de una mesa donde todos caben, donde todos comparten y donde todos se comunican.

Elige Educar/Susan y sus alumnos

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En el Arrayán siempre hay movimiento, siempre está pasando algo.

Todo el tiempo hay sonidos, conversaciones, no hay estructuras que dividen, tampoco hay pupitres ubicados hacia una misma dirección; los materiales están al alcance de todos y a pesar de todas estas particularidades, las cosas funcionan de una forma armónica. No se siente caos, no se siente desorden, sólo dinamismo y sobre todo, mucha libertad, una libertad que se expresa a través de los múltiples e infinitos lenguajes que son la base de lo que sucede en colegios como este, donde el aprendizaje, se vive a través de la filosofía Reggio Emilia.

“Uno de los principios para nosotros y para Reggio, es la metáfora de los 100 lenguajes. Acá se vive teniendo la plena convicción de que las personas tenemos cientos y miles de maneras de comprender y de expresar el mundo. Tanto el aprender, como expresar el aprendizaje no puede ser a través de un solo lenguaje… si yo quiero que una persona no sólo aprenda, sino que viva, tengo que darle la posibilidad de que sus 100 lenguajes estén bailando, vibrando… ”, explica Fernanda Allende Farías, Educadora de Párvulos y Directora Filosófica y Pedagógica del Colegio Arrayán San Miguel y del Jardín Infantil Mis Niños Felices. “Para nosotros está el lenguaje de la música, el lenguaje del cuerpo, el lenguaje del alma, lenguajes que ellos inventan. También tenemos los lenguajes más tradicionales como la matemática y la ciencia”, explica la directora.

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La metáfora de los 100 lenguajes es una buena forma de entender lo que sucede en este colegio Reggio Emilia.

Sin embargo, hay infinitos elementos que se pueden mencionar cuando se habla de esta filosofía que nace de la visión del italiano Loris Malaguzzi después de las Segunda Guerra Mundial. Aunque muchos hablan de Reggio Emilia como metodología, para otros como Fernanda, es una filosofía, una forma de pensar, sentir y hacer educación. “Es la vida en general”, dice la directora. “Es una forma de mirar la vida y en este caso, de mirar a las niñas y los niños desde sus potencialidades, no desde sus necesidades. Para nosotros todo se centra en quiénes son, en la tremenda potencialidad que tienen desde ahora, y desde ahí se trabaja”. Centradas en esto, las profesoras en este colegio, más que una planificación, hacen lo que en el contexto Reggio se llama “proyectaciones”, una manera de ver en qué están los niños, qué están sintiendo y pensando para proyectarlo en las siguientes experiencias educativas. Según cuenta Fernanda, esto mismo lo hacen los estudiantes en otras instancias llamadas “atelier” donde ellos proyectan su vida y sus experiencias, lo que nace de ellos. “Nosotros solo los acompañamos, confiamos en ellos”. Esa confianza es una prioridad en Arrayán y es una prioridad en una filosofía que muchos asocian a la primera infancia, esa etapa de la vida donde está permitido el juego, la exploración y el error como aprendizaje.

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Elige Educar/Cosas hechas por los niños en un rincón de carpintería

Elige Educar/Huerto hecho por los estudiantes

Pero si bien Reggio Emilia se vincula directamente a los más pequeños, no hay razones para pensar que este tipo de educación no se pueda extender a niños más grandes, y el Arrayán está siendo una prueba de ello.

De hecho, este proyecto educativo surgió de los intereses de los niños que hace unos años eran alumnos de Mis niños felices, un jardín creado en 1990 por Mónica Farías, una profesora que al no encontrar un jardín adecuado para sus hijos, decidió convertir su casa en un espacio para que ellos y otros niños de la zona pudieran aprender de una forma diferente. Una de las hijas de Mónica era justamente Fernanda, quienes después de estudiar Educación de Párvulos y hacer una serie de viajes por distintas partes del mundo para obtener repuestas, llegó al pueblo Reggio Emilia en Italia.

“Cuando salí de la universidad decidí viajar. No encontraba las respuestas acá. Me fui a Finlandia porque tenía que conocer todo lo que se decía de este lugar, pero sentí que no era lo que yo estaba buscando y decidí irme a pueblos pequeños; en ese viaje entraba a los colegios, investigaba y así llegué a Reggio Emilia, al pueblo; así descubrí el mundo Reggio Emilia. Desde entonces he ido varias veces, he trabajado allá. Encontré allí un lugar muy sensible, muy humilde, muy tranquilo, que respondía a poder ser quienes somos, a entender que somos naturaleza, que somos esencialmente creativos”, cuenta Fernanda. La experiencia de Fernanda se traduce en la filosofía que se vive en el jardín, pero también en lo que sucede hoy en Arrayán, un colegio que abrió sus puertas porque los niños de Mis niños felices pidieron un espacio donde pudieran seguir aprendiendo de la misma manera y aunque éste no tiene aún el reconocimiento oficial, ya está marcando una diferencia a nivel escolar. Hoy, esos mismos niños son estudiantes de tercero básico en el colegio y son la mejor prueba de que la filosofía Reggio, al ser una forma de vivir, “es desde que uno nace, hasta que uno muere” y esto genera un impacto tanto en niños como en profesores.

Elige Educar/Jardín Infantil Mis niños felices

Elige Educar/Fernanda Allende junto a sus estudiantes

“La idea es que a todos lo que estamos acá nos pasen cosas; nos cuestionemos, reflexionemos y sintamos que este es un espacio que nos está esperando”.

Por eso, la música en la mañana no es sólo música, es una forma de demostrar que todos son bienvenidos a empezar un nuevo día en este espacio donde todo tiene una razón de ser. Por eso, todos los días, los 70 niños que asisten al colegio llegan a un círculo que los recibe para filosofar, formar una opinión, resolver problemas, compartir ideas y planificar un día del cual son 100% protagonistas. Según Fernanda, el Arrayán no prepara a los niños para el futuro, sino para que vivan el presente, vivan la vida y vayan a donde ellos quieren ir. Los preparan para ser conscientes, sensibles, respetuosos y especialmente, felices. Y esa felicidad la comparten con las profesoras quienes no dudan un segundo en el trabajo que realizan. Todas las personas que están allí, creen en lo que sucede y en el impacto que están generando, sobre todo porque coinciden en algo: están rompiendo paradigmas.

“Rompemos un poco la norma y nos preocupamos por lo que los niños necesitan y no por lo que es más fácil para nosotras como profesoras” asegura Susan. A esto se suma el comentario de Carolina, Educadora de párvulos y atelierista de inglés que se siente agradecida de estar ahí porque en sus palabras “es un lugar donde se rompen esquemas, tradiciones, un lugar donde se puede ir a lo esencial y lo esencial son los niños”.

Elige Educar/Carolina

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Para estas profesoras, este espacio es transformador, es revelador, es crítico, es demasiado consciente.

Es un acto político en sí mismo, un acto social, la reconstrucción de muchas cosas. Todas esas dimensiones están presentes en la profesión docente, pero quienes trabajan allí, han encontrado la mejor forma de canalizar dichas dimensiones en un espacio que no sólo es estético, sino ético. En un espacio que invita a crear, a ir siempre más allá, un espacio creado por niños y para niños que refleja lo que es la vida, un espacio donde las mesas compartidas fomentan el trabajo colaborativo, donde los materiales siempre pueden ser utilizados, donde las herramientas de carpintería son utilizadas por los niños para construir grandes ideas, donde las fracciones se convierten en arte o cocina y donde la energía se transforma en actos circenses; un espacio donde los procesos de evaluación son más una valoración de procesos en los cuales la opinión, los ejercicios de reflexión, la creatividad, la teatralidad, la materialidad y el uso del cuerpo, son esenciales.

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El Arrayán San Miguel es una comunidad feliz.

Son felices las profesoras que creen en este proyecto y son felices los niños quienes han tenido la oportunidad de aprender a partir de la confianza que los ha hecho autónomos, autorregulados, seguros de sí mismos, hecho que se vincula muy bien con el significado del nombre del colegio. El arrayán es un árbol del sur de Chile que se rehidrata sólo, crece armónicamente, tal como lo están haciendo estos estudiantes. Ello son, como dice Fernanda, un bosque de arrayanes en movimiento y esto ha convertido a este colegio en una especie de “oasis, pulmón, suspiro en medio de la ciudad”. Lori Malaguzzi hablaba de estos espacios como lugares donde no sólo se aprende, sino que también se vive y esto esto lo que ha logrado esta comunidad educativa. “Es difícil ubicar lo que es Arrayán en nuestra mente, porque es una experiencia, es un diálogo infinito, es una historia escrita por toda una comunidad, donde nadie quiere tener la interpretación exclusiva o exacta. Si alguien quiere respuestas, se va a ir con más preguntas. Tenemos un proyecto educativo escrito de lo que hacemos y cómo lo hacemos, pero esto, en realidad es más que eso… ¡es una vibración!”.

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2018-06-19T17:20:41+00:00 junio, 2018|Cómo aprenden los niños|10 Comments

10 Comments

  1. Guillermo Silva junio 20, 2018 at junio, 2018

    Es realmente fabuloso lo que se vive en Arrayán San Miguel, los niños son muy felices y el conocimiento lo adquieren viviendo la experiencia. Aprender fracciones haciendo una receta de pan, ciencias naturales haciendo un huerto por nombrar algunas actividades. Es una experiencia que ya lo hubiésemos querido cuando eramos pequeños. Mis hijas son felices en un ambiente donde se sienten queridas, protegidas y parte de un grupo donde cada uno es importante.

  2. roxana fuentes jauregui junio 20, 2018 at junio, 2018

    Me encantaria que mi hijo pudiera estar en un lugar asi…esta en una escuela tradicional ya que en mi ciudad no hay de otra..siendo parte de un proyecto de integracion que trata de hacer lo mejor posible, pero que sin embargo no logra sacar toda su creatividad, esa que es coartada dia a dia tanto por quienes nos rodean como por esta sociedad…ojala siempre los pequeños pudieran ser actores de su aprendizaje me alegro y sigan adelante

  3. Jonathan Llorens junio 21, 2018 at junio, 2018

    Sin duda fue una de las mejores decisiones que tomamos con respecto a la educación de nuestras hijas. Hemos sido testigos de los cambios positivos que han alcanzado. Es un lugar donde reciben y aprenden cosas sorprendentes.

  4. Karen Cruz Ale junio 22, 2018 at junio, 2018

    He tenido la suerte de tener a mi hijo en Mis Niños Felices y ha sido una experiencia maravillosa, desearía con todas mis fuerzas que pudiera estar en Alto Jahuel o Buin porque nos vamos a vivir allá el próximo año. No existe nada igual por allá, busqué y todos los colegios son tradicionales, lamento mucho no poder seguir con la misma filosofía solo me queda felicitarlos y desearles que su proyecto se expanda porque es realmente hermoso. Mi hijo es feliz ahí mil gracias por todo lo entregado.

  5. Gloria Garrido junio 23, 2018 at junio, 2018

    Me encanta! pero en el sistema donde me desempeño no se permite ningún tipo de innovación, cualquier cambio de l modelo SIMCE es demoniaco.

  6. Jessica Bravo junio 23, 2018 at junio, 2018

    Felicitaciones por su propuesta a todos esos niños que tienen la oportunidad de ser parte de la filosofia que imparten.
    Me encantaria poder asistir, aun que fuera un día y observar lo que realizan.

  7. Marcela Miranda junio 25, 2018 at junio, 2018

    Vivir, sentir, respirar esta educacion es maravilloso. Es increible como aprenden los niños como disfrutan leer un libro, hacer una exposicion, y asi un sin fin de actividades que ojala todos los niños pudieran experimentar. Efectivamente es un oasis dentro de esta educacion tan acelerada y poco inclusiva y por sobre todo desprecupada de la emocion del niño.
    Infinitas gracias ARRAYAN SAN MIGUEL no hay nada mas gratificante para una madre ver que sus hijos crecen y por sobre todo aprenden felices, ya que este aprendizaje es para la vida para toda la vida…

  8. Pilar Martinez Torres junio 25, 2018 at junio, 2018

    Cuando con mi hijo contamos la experiencia que se vive en Arrayán San Miguel, nos faltan palabras para expresar la sensación de alegría, satisfacción y orgullo que se siente estar ahí. No son números!!! son personas de las que se preocupan en todos los ámbitos, aprenden sin que muchas veces nos demos cuenta, son niños que tienen opinión, personalidad, respeto por su entorno y por sobretodo respeto a ellos mismos.
    Son niños felices!!!

  9. Paula Muñoz junio 27, 2018 at junio, 2018

    nuestros hijos son realmente felices, wladimir me decía el otro dia “mama por favor, quiero estar siempre en este colegio” jaja eso es prueba de lo bien que la pasan =) y es impactante ver como saben mucho y lo cariñosos que son en compartir sus conocimientos y valores con otros niños que no siguen la misma filosofía, estoy segura que estos niños serán un gran aporte para nuestra sociedad y para mejorar el mundo entero !

  10. Alexis Galdames julio 7, 2018 at julio, 2018

    Muy lindo reportaje, representa muy bien el estilo de vida y educativo que se da en Arrayán San Miguel.
    Una educación centrada en el amor por los niños, la naturaleza y el conocimiento. Por escucharlos, respetarlos y darles espacio para desarrollar todo su potencial.
    Creo que si enseñas a un niño con amor y respeto, ese niño tendrá la confianza para aprender todo lo que necesite para hacer todo lo que se proponga.
    No es un colegio solo para niños si no tan bien para padres y familia. Creo que se da algo muy bonito donde todos aprendemos; lo niños a crecer los padres o conectarse mejor con la infancia y sus tiempos.
    Gracias Arrayán San Miguel y ojalá sirva de inspiración para que los colegios y profesores se motiven a innovar y cambiar el sistema educativo tradicional. Que en algunos casos pareciera ser el mismo que se impartía hace dos siglos atrás.

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