El adulto: un mediador clave para que el niño pueda comprender su entorno

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El adulto: un mediador clave para que el niño pueda comprender su entorno

¿Cuál es el rol del adulto en los procesos de aprendizaje? Esta experta del BID lo explica de una forma concreta y sencilla.

Escrito por: Camila Londoño

abril 12, 2018

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Los niños aprenden de todo lo que está en su entorno y de todas las experiencias a las que se enfrentan. Tocar, explorar, ponerse cosas en la boca, sentir, moverse, jugar, ensayar, equivocarse, repetir, imitar… todo esto y más, son elementos claves para su desarrollo cerebral y por ende, para su aprendizaje. Todos los objetos y situaciones con las que el niño interactúa son básicamente estímulos para su desarrollo, pero lo más importante es que dichos estímulos en realidad son más efectivos cuando hay un adulto presente que actúa como mediador, trasladando y traduciendo este estímulo al niño. En un video sobre políticas de desarrollo infantil, Marta Rubio, economista del El Banco Interamericano de Desarrollo –BID– explica que esto es lo que formalmente se denomina “rol mediador del adulto” del entorno del niño en el proceso de aprendizaje. Y ¿cómo funciona exactamente dicho rol?

El rol mediador del adulto básicamente es facilitar al niño la comprensión de su entorno, tal como lo hacen los y las educadoras de párvulos.

Los juguetes, los parques, y otros elementos contribuyen al aprendizaje, pero con esto no basta. El niño aprende menos cuando está solo. Con la presencia de un adulto, el aprendizaje de los niños se potencia notablemente. Pero más allá de estar cerca y brindar afecto y cariño, este rol también se debe centrar en el conocimiento de las necesidades o inquietudes de los niños y dar respuesta a éstas. ¿Cómo? Respondiendo a sus balbuceos, a su verbalización o a sus intentos de verbalización, entre otras cosas.

Rubio explica esto con el siguiente ejemplo:

Si un niño señala o toma algo que le llama la atención, el adulto debe responder atento a esa señal y responder nombrando el objeto escogido. Si el niño sonríe, el adulto también puede nombrar aquellos que lo está haciendo sonreír y en cualquier situación, se puede hacer énfasis en la actividad que está realizando. El adulto puede aprovechar estas situaciones para introducir conceptos nuevos nombrando todo lo que hay en su entorno. Esto es muy simple, pues puede realizarse en cualquier momento y en cualquier lugar. Por ejemplo, la hora del baño es una situación perfecta para hablar de la temperatura del agua, de las partes del cuerpo, de la textura del agua, etc. Esto que parece simple, es trascendental para el desarrollo del lenguaje del niño.

Todas estas prácticas realizadas a diario por los y las educadoras –quienes aprenden estas estrategias a lo largo de su formación inicial–, también fomentan la curiosidad del niño y lo animan a querer seguir aprendiendo cosas nuevas.

Por eso, una de las cosas que el adulto puede hacer es introducir retos o desafíos que el niño tendrá que ir resolviendo. La mejor forma de hacerlo es a través del juego, una actividad clave para que aprenda conceptos tan complejos como la permanencia de un objeto o la causa y el efecto. El adulto es clave para que este juego, que es esencial, se vaya complejizando poco a poco. Está en sus manos crear retos cada vez más difíciles, pero alcanzables. Un ejemplo de esto es el aumento de piezas en un rompecabezas. Se trata, explica Rubio, de que el adulto construya un “andamiaje” que apoye el aprendizaje pues de esta forma, el niño va poco a poco escalando. Pero lo más importante es encontrar un equilibrio en todo esto, encontrar las estrategias que en realidad se adapten al interés y la capacidad del niño. En el caso del rompecabezas, por ejemplo, si éste es muy complejo, el niño se frustra y pierde el interés, pero si es muy simple se aburre y por ende, también pierde el interés. Es fundamental entonces una observación detallada que permita al adulto definir cuáles son esos intereses y capacidades, tal como lo hace un educador.

Además de todo esto, el apoyo del adulto ayuda a promover: la concentración, su atención en una tarea específica, la perseverancia y su auto-regulación. Las diversas actividades, de la mano con la experimentación de logros (o intentos de logros) que son reconocidos por los cuidadores, también son claves, pues promueven además de todo lo mencionado, el autoestima. Esto se conoce como estrategias de refuerzo positivo.

A lo largo de su vida, el niño irá cambiando de cuidador.

Frente a esto, lo más importante es garantizar que sea cual sea, éste tendrá que ser consistente. Esto es clave para reforzar la seguridad del niño y su autoestima. Desde cualquier contexto (jardín, casa… ), lo más importante es que sin falla, cumplan con este rol de mediador del entorno. Eso es lo que contribuirá 100% al aprendizaje.

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2018-04-12T15:28:39+00:00 abril, 2018|Cómo aprenden los niños|0 Comments

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